María Huertas, del Santo Ángel de la Guarda: Un camino hacia la felicidad

María Huertas, del Santo Ángel de la Guarda: Un camino hacia la felicidad

La Iglesia celebraba el pasado 2 de febrero la Jornada por la Vida Consagrada, una oportunidad para agradecer a todos los consagrados que trabajan y entregan sus vidas a favor del Reino su labor en numerosos campos sociales o a través de la contemplación. Asimismo, la celebración de esta Jornada supone la ocasión perfecta para presentar distintos carismas de la realidad consagrada presente en la Archidiócesis de Sevilla. Para ello, durante los próximos días, compartiremos testimonios de religiosas y consagradas. 

 

María Huertas, del Santo Ángel de la Guarda: Un camino hacia la felicidad

María creció impregnándose del carisma, la sencillez y la cercanía de las hermanas del Santo Ángel de la Guarda, pero nunca imaginó que aquello que vivió de niña le hubiese marcado tanto como para, años más tarde, “dar un giro de 180 grados a mi vida”.

Natural de Badajoz, estudió Farmacia en Salamanca. Durante los primeros años de su etapa universitaria, recuerda que vivió la fe “en solitario” hasta que encontró a la Pastoral Universitaria y se reenganchó “por casualidad” a un grupo de jóvenes del Santo Ángel. Fue entonces cuando “comencé a realimentar mi fe y sentí la necesidad de buscar algo más”, empezando a percibir cómo su fe iba haciéndose cada vez “más personal”.

En este tiempo reconoce que “había algo que me hacía estar inquieta interiormente, no sabía lo que era, pero intuía que necesitaba seguir creciendo por dentro para tener y dar vida. Y en esa búsqueda, descubrí que esa vida venía de Dios”. En esta línea, asegura que esta experiencia le hacía sentirse “llena y plenamente feliz” y que el Señor la invitaba a “a no guardarme lo que estaba viviendo y a compartirla con otros jóvenes, para que también pudieran descubrir ese sentido y felicidad. Apareció la necesidad de darme a los demás”.

Salto al vacío

Por eso, tomó la decisión de coger las riendas de su vida y discernir qué era lo que la movía, y gracias a un “acompañamiento más serio, encontré a Dios muy dentro de mí”. En este periodo confiesa que se alternaban sentimientos de miedos, inquietudes, búsquedas…una amalgama de sentimientos al que María era incapaz de ponerle palabras, pero no tenía dudas de que “ahí estaba Dios, empujándome para lanzarme a una gran aventura: optar por la vida religiosa”.

Al respecto, opina que “fue un lanzamiento al vacío, me arriesgué, porque no sabía del todo si era una intuición, una locura, algo pasajero…pero el camino que tomaba me hacía feliz”. Así que el mismo mes de septiembre en el que acabó la carrera, entró en la Congregación de las Hermanas del Ángel de la Guarda.

Esta decisión causó “sorpresa y descoloque” tanto en su familia como amigos, y pese a esto, agradece el apoyo que recibió entonces: “Gracias a ellos pude seguir adelante, sin ellos creo que no hubiese sido capaz”.

Precisamente esta separación con su familia es lo que a María Huertas le resulta más difícil de llevar de su vida religiosa. Si bien, es consciente de que “estoy en el lugar que Dios quiere para mí y eso me llena de felicidad”.

Encuentro entre carismas

La actual directora general del colegio Santo Ángel de Sevilla nos habla del carisma de su congregación y destaca “la sencillez en la búsqueda de Dios y su Reino, el hacerse pequeños con los pequeños y el sentido de familia, una familia que comparte la misión de Ser Ángeles Visibles”.

Pero conocedora de la riqueza en vida consagrada presente en la Archidiócesis hispalense propone “visibilizar más los diferentes carismas para que más gente pueda beneficiarse de ellos”. Para tal fin, se requiere pensar nuevos espacios de encuentro que posibilite la “creación de lazos entre los mismos”, apunta.

Asimismo, lamenta que la Iglesia viva “momentos complejos, marcados por una sociedad en la que los valores que fundamentan la vida cristiana son diluidos entre tantas urgencias y exigencias sociales”. En este contexto –añade- “muchos jóvenes no contemplan la vida religiosa como una posible opción en su vida” y esto, señala, “quizás es una llamada a la Iglesia a trabajar más la importancia de todas las vocaciones específicas dentro de ella”.

Por este motivo, llama a cada joven en pleno desarrollo personal, en pleno periodo de búsqueda de quién es, “a descubrir la vida profunda que se esconde entre tanta actividad y ruido exterior”; y los insta a no tener miedo, a “adentrarse en su interior y a escuchar cómo Dios habla directamente a su corazón”, porque el Señor “siempre quiere nuestra felicidad y la entrega de la vida es un camino apasionante que nos hace plenamente felices”.

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