DOMUND 2020: Entrevista a Juan Fdez. Salvador, un misionero “ad vitam”

DOMUND 2020: Entrevista a Juan Fdez. Salvador, un misionero “ad vitam”

Latinoamérica es la región a la que más misioneros destina la Archidiócesis de Sevilla. Actualmente son 62 hombres y mujeres, en su mayoría sacerdotes y religiosas, que entregan su vida desde México hasta Chile. Concretamente, hay once misioneros en Argentina; diez en Ecuador; siete en República Dominicana y Perú; cuatro en Colombia y Venezuela; tres en Brasil, Chile y Paraguay; dos en Costa Rica y Guatemala: y solo un misionero sevillano en cada uno de los siguientes países: Bolivia, Uruguay, El Salvador, Haiti, México y Puerto Rico.

El padre Juan es uno de ellos y se autodefine como un “misionero ad vitam”, es decir, “de por vida”. Y su historia así lo demuestra.

¿Puede contar brevemente cómo fue su llamada a la vocación?

Sentí la llamada en la primavera de 1985. Leyendo el libro “Sabiduría de un pobre” de Eloi Leclerc, algo-alguien empezó a moverse en el interior. El mundo se coloreó y sentí la embestida de la Divinidad. Decidí seguir aquella intuición del corazón que me transformó en un buscador de los bienes imperecederos. Desde entonces vivo gozosamente sumergido en el Misterium Tremens.

¿Cree que en Iglesia en España hay cultura misionera?

Para contestar a esta pregunta hago una llamada a los prelados y formadores de Seminarios. Si la Iglesia quiere formar hombres para la Misión, es necesario incluir en los planes de formación las experiencias de Misión.

Estoy en Misión porque durante los veranos de los seis años de Seminario aproveché para conocer cómo camina la Iglesia en los diversos continentes y a los misioneros, amigos de Dios y profetas, que la encarnan.

Estuve con los jesuitas en la India trabajando con los más pobres entre los pobres, los adivasis. Con Pedro Olmedo, Obispo sevillano en Humauaca, al norte de Argentina. Con Miguel Benítez, misionero de Tocina, en la Prelatura de Itacuatiara en el corazón de la Amazonía brasileña. Con Nicolás Castellanos, con su Proyecto Hombres Nuevos en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Con la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol, que evangeliza a las tribus en el Lago Turkana, al norte de Kenia. Participé en un Campo de Trabajo con las hermanas de la Madre Teresa, con los niños hispanos, en el Bronx, Nueva York. Varias veces con el Padre Pepe, misionero sevillano, trabajando en el barrio urbano-marginal de Hualmay, Perú. Estuve en Israel, caminando a pie por los caminos que el Maestro recorrió.

Actualmente está de misión en Perú, concretamente en Hualmay. Después de tanto tiempo, ¿dónde cree que está su futuro: allí o en España?

Llevo en Perú desde 2007. Mi presente está aquí, viviendo entre ellos y entregado plenamente a la Comunidad. Mi futuro en las manos de Dios.

Me considero un “Misionero ad vitam”, es decir, “de por vida”. Espero que el regalo de mi Pascua me encuentre entre aquellos a los que sirvo desde la Parroquia de La Sagrada Familia de Hualmay y la de San Pedro Apóstol de Carquín.

¿Cuál es la realidad de su feligresía?

Vivo inmerso en un barrio urbano-marginal de 30.000 almas. Viven en un estado muy primario de supervivencia. Hay que trabajar hoy para comer hoy. Eso es lo básico y único importante. Lo demás llegará en las próximas generaciones. Organicé en la parroquia obras de teatro, conciertos y actividades culturales y no le interesaban a nadie.

Muchas familias viven hacinadas en casas de adobe con el suelo de tierra junto a perros, gatos, gallinas, cuys… Ante la imposibilidad de establecerse por libre, los padres reparten un cuarto a cada hijo, donde vive con su mujer y sus hijos. En ese cuarto está la cocina, el baño, la cama, la televisión…Hay que empezar por hablarles de costumbres básicas: limpieza, orden, higiene personal, separación de animales y personas.

Viven el matrimonio natural siguiendo la Biblia: “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer…”, por eso muy pocos piden el sacramento canónico. Además, muchas familias son monoparentales, formadas por madres solteras que cargan solas con la responsabilidad de sacar adelante a los hijos. También hay familias estables viviendo en casas de material noble cuyos miembros son profesionales en distintos sectores, tienen sus coches y un nivel de vida mejor.

Trabajan en la agricultura y algunos en la pesca, pero la mayoría en el sector servicios: comercio ambulante, mototaxis, mercados, venta informal…

Finalmente, en relación a su espiritualidad, la mayoría cree en un “Diosito” que provee el pan de cada día. Aunque a veces descubro que son pre-cristianos porque no asocian la fe en Dios con el compromiso con el hermano.

¿Qué actividades o tareas desarrolla usted allí? Nos consta que ha desarrollado importantes proyectos como la construcción de varias escuelas, centros sanitarios y casas unifamiliares.

En primer lugar, la Parroquia tiene una opción preferencial por las personas con discapacidad (pcd): atiende un colegio con 50 niños, un Centro de Rehabilitación que ofrece más de 4.000 atenciones al mes con 40 profesionales, y una Comunidad de hermanas, Siervas de la Divina Providencia, con ese carisma específico. Además, es sede de la Frater: Fraternidad Universal de pcd, a través de la cual donamos asiduamente sillas de ruedas, andadores, muletas, etc. o construimos casas a familias con miembros pcd, los apoyamos con víveres, ropas…

En cuanto a la educación y formación integral lo abordamos desde tres colegios de Infantil con 600 niños, un colegio de Primaria y Secundaria con 600 alumnos y un Centro de Oficios con más de 700 alumnos.

En el campo sanitario contamos con cinco Centros de Salud Parroquiales: Consultorio Médico, Botiquín, Centro de Orientación Familiar, Centro de Alivio del Dolor y el Centro Ave de Rehabilitación Integral.

En este sentido, promovemos las condiciones –educación y salud- para que ellos sean los protagonistas de su propio desarrollo.

Por otro lado, se han construido más de 15 casas unifamiliares, lo más importante para que una familia desarrolle una vida digna.

Todo con la ayuda solidaria de amigos, familiares y bienhechores españoles, alemanes, italianos, peruanos…

Por supuesto, se desarrollan todas las actividades espirituales y sacramentales propias de una parroquia: catequesis de bautismo, comunión y confirmación, Talleres de Biblia, Formación de catequistas, Talleres de crecimiento espiritual y personal, Encuentros de Jóvenes, Eucaristías diarias y Adoración semanal, se imparte la Unción de Enfermos y se realizan responsos en las casas.

¿Qué cree que es lo más difícil de afrontar durante su misión? ¿Y lo más gratificante?

Lo que más me ha hecho sufrir no son los peruanos ni el entorno. Son mis propios esquemas y registros mentales.  Hasta que se consigue la rendición ante la realidad y la aceptación plena de lo que es, no se consigue una verdadera encarnación en la Misión. Es una tarea de por vida. Siempre emerge el pensamiento de origen y el juicio desde los esquemas occidentales.

Lo más gratificante es el encuentro diario y cotidiano con mis feligreses: verdaderos pobres del evangelio que viven al día, sin reservas. Es un regalo de la vida poder compartir sus luchas y logros, sus tristezas y alegrías. Es lo que más llena el corazón de un sacerdote, el contacto directo con el Pueblo de Dios.

¿Cree que ésta es una experiencia abierta a todos o que, como vocación, requiere de un discernimiento y preparación dirigida solo a unos pocos?

La experiencia de Misión está abierta a todos. Surge cuando se conoce la realidad de otros pueblos y se abren los ojos del espíritu para ver cuántos hermanos están esperando unas palabras de esperanza y de aliento, conocer a Jesús de Nazaret y su mensaje liberador. Conocer testimonios de personas alegres, libres, plenas y viviendo al servicio de los demás sin exigir nada a cambio. No terminan de entenderlo.

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta en su misión ante esta nueva crisis sanitaria provocada por la COVID-19?

La población vive confinada desde el 16 de marzo con mucho miedo al contagio.  Tenemos docentes, alumnos y feligreses enfermos de COVID, así como muchos fallecidos cercanos y conocidos. La muerte se ha hecho algo familiar.

El Estado de Emergencia Nacional se prolonga ‪hasta el 7 de noviembre y estamos en Zona de Emergencia Focalizada: los domingos toda la población inmovilizada, todos los días toque de queda ‪desde las ocho de la tarde a las cuatro de la mañana y de día sólo sale uno por familia, excepto los ancianos y niños que no pueden salir a la calle. Asimismo, es obligatorio usar mascarilla. El Ejército apoya a la Policía a mantener el orden social y las normas de bioseguridad.

El pueblo está pasando hambre, porque muchas empresas cerraron y el comercio ambulante e informal (70%) está restringido. Los hospitales están colapsados y aconsejan no acudir y recibir el tratamiento en casa. El oxígeno y los medicamentos alcanzan precios inasequibles para la población media, que tiene que endeudarse para adquirirlos.

En lo que respecta a la Iglesia, los templos permanecen cerrados. No hay catequesis, ni reuniones de grupos, ni vida pastoral alguna. No hay bautizos ni bodas. Celebramos misas, casi todas con intención de difunto, con 5 o 10 personas. Los seis colegios parroquiales y el Centro de Rehabilitación Ave también permanecen cerrados.

Únicamente tenemos abiertos el Comedor Social, Cáritas, el Consultorio Médico, el Botiquín, la Secretaría y el Centro de Orientación Familiar. Aquí recibimos muchas solicitudes de apoyo de alimentos y de ayuda psicológica, sobre todo para niños y adultos, por estados de depresión, ansiedad y estrés.

Aunque probablemente sean muchas, ¿recuerda alguna situación que haya experimentado durante su misión que haya marcado su vida de fe o que le haya impresionado especialmente?

Desde que llegué he palpado claramente la Providencia de Dios. Cómo lo que está de Dios, se viene a las manos y se hace realidad. He experimentado que tus intenciones crean tu realidad. Cuando se trabaja por amor para los demás sin exigir nada a cambio, Dios no se deja ganar en generosidad: Siempre soñé con tener un coro como el de la película La Misión y conseguí crear uno en la Parroquia; soñé con construir un colegio y construí dos; soñé con hacer algo por las personas con discapacidad y construí el mayor Centro de Rehabilitación del Perú-provincias; siempre soñé con ayudar a los más desfavorecidos, y es lo que hago todos los días; siempre soñé con crear puestos de trabajo y creé más de doscientos; soñé también con vivir en América, aquí llevo más de una década y aquí quiero celebrar mi Pascua.

El sacerdocio nos da poder para hacer el bien, y qué bien sienta hacerlo todos los días. Y todo en el nombre del Señor Jesús. A Él sea la Gloria, el Poder y el Honor.

Finalmente, ¿qué le diría a aquellas personas, sacerdotes, religiosos o laicos, que sientan una inquietud misionera?

La llamada a la Misión es un impulso del Espíritu que hace exclamar con fuerza: “Aquí estoy, envíame”. La llamada confiere fuerza, gracia y poder para dejar los lugares conocidos, la zona de confort, la familia, amigos, costumbres, etc. y aventurarse a la Misión. Es necesario ser emprendedor, aventurero, arriesgado, joven de espíritu, valiente y confiar plenamente en el Espíritu del Señor, que siempre va por delante.

¡Cuánta alegría resulta de una vida puesta al servicio de los más necesitados, solo lo saben aquellos que lo han experimentado!

¡Cuánto gozo concede el Señor a aquellos que salen de su tierra y de la casa paterna para servir a los hermanos más desfavorecidos, solo lo saben aquellos que han partido, que han arriesgado!

¡Cuánta emoción espiritual se siente sirviendo a los desheredados de la historia, solo lo saben aquellos que viven al servicio de ellos!

Yo he encontrado la fuente de la eterna juventud espiritual: servir a los pobres de espíritu.

 

 


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