El ‘Primer Mundo’ también es territorio de misión: Testimonio de Inmaculada Cuesta, comboniana (Misionera en EE.UU)

El ‘Primer Mundo’ también es territorio de misión: Testimonio de Inmaculada Cuesta, comboniana (Misionera en EE.UU)

Cuando pensamos en tierras de misión solemos imaginar áridos territorios africanos, niños con rasgos asiáticos o sociedades indígenas a las que nunca llegó la Buena Noticia. Sin embargo, rara vez relacionamos la misión con Occidente. Por eso, quizás nos sorprenda la experiencia de Inmaculada Cuesta, misionera comboniana, que ha desarrollado su ministerio durante más de una década en Richmond (Virginia), Estados Unidos.

Ella es una de las 21 misioneras que han partido de la Archidiócesis de Sevilla en los últimos años con destino a tierras de misión presentes en el ‘Primer Mundo’. Concretamente, dos en Estados Unidos, dos en Francia y Croacia, una persona en Inglaterra, otro misionero en Croacia y trece en la vecina Italia.

Comunidades rejuvenecidas

Richmond, destino misionero de Inamaculada, es una localidad cuya población es predominantemente cristiana, si bien, apunta, “solo el 4 % son católicos, de los cuales el 1,5 % son migrantes de diferentes grupos étnicos que viven un proceso de reencuentro de su fe”.

Como va sucediendo en Europa, en Norteamérica los nativos católicos “van envejeciendo y estos grupos de migrantes, en particular, el latinoamericano, está rejuveneciendo y revitalizando las parroquias dándole un sabor latino y transmitiendo un nuevo estilo de devoción favoreciendo la religiosidad popular y el sentido de comunidad”, explica Inmaculada.

Aunque esta transformación no siempre es fácil, su labor como directora diocesana de la Oficina del Ministerio Hispano le ha dado la oportunidad de llegar a todos los rincones de esta diócesis estadounidense para desarrollar “estructuras ministeriales parroquiales y dar respuestas a las necesidades y exigencias de la comunidad latina en el culto, sacramentos, formación de adultos en la fe y el ministerio del campesino latino”.

Otra de las iniciativas diocesanas en las que Inmaculada ha trabajado durante años –y que más tarde ha llegado a tener alcance nacional- ha sido la promoción de las escuelas católicas entre las familias con bajos recursos de Norteamérica. La campaña se inició en 2011 con apenas 15 niños matriculados –cuenta esta misionera- “y para finales de ese mismo año teníamos casi un centenar. Hoy día hay más de 400 niñas y niños matriculados”.

Promover la cultura del encuentro

Por otro lado, y en sintonía con uno de los mensajes tantas veces repetidos por el papa Francisco, esta misionera comboniana ha trabajado duro promoviendo una cultura del encuentro que incorporase a todos los ministerios étnicos existentes en su diócesis (latinos, asiáticos, africanos y afroamericanos), “con el fin de que todas las personas tuvieran un espacio concreto de encuentro y compartieran su cultura, gastronomía y religiosidad popular”.

Reconoce que la creación de estos espacios propios para grupos tan diversos ha sido “lo más difícil” de su ministerio, “al mismo tiempo que hacer entender al clero local que es posible crear comunidades interculturales y seguir siendo una sola comunidad parroquial”.

Todos estamos llamados a la misión

Pero la adversidad nunca ha frenado a Inmaculada, que sabe bien que “lo que importa no es tanto lo que hacemos, sino cómo lo hacemos” y que la misión está allí donde Dios lo requiera. En este sentido, defiende que la experiencia misionera es intrínseca del cristiano, pues “desde nuestro bautismo todos somos llamados a ser misioneros”.

En su caso, la inquietud misionera se despertó en la niñez, aunque no fue hasta más adelante que conoció el carisma comboniano: “Lo que más cautivó es su sentido fuerte de Iglesia, favorecer la formación de líderes para la evangelización y desarrollo humano, y estar presente en zonas marginadas, siendo testigos en las periferias de nuestro mundo”. Precisamente, asegura Inmaculada, “la evangelización sigue siendo necesaria para apoyar a los pueblos en su relación con lo divino y al mismo tiempo abogar por la dignidad de las personas”. Por ello, con motivo del DOMUND 2020 hace una llamada especialmente a los jóvenes: “No tengas miedo a decirle al Señor ‘Aquí estoy, envíame’ pues recibirás el ciento por uno. Te sorprenderá cómo el Señor se hace presente y da sentido a tu vida a través de pequeños gestos”.


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