UN GRAN PAPA DEL DIALOGO Y DEL ECUMENISMO

 

Hemos visto como Pablo VI tuvo un pontificado totalmente vinculado al Concilio Vaticano II, tanto en su preparación como en su desarrollo y su aplicación a la vida de la Iglesia con muchos sufrimientos y soledades.

 

Creo que podemos afirmar con toda verdad que Pablo VI fue el Papa del dialogo. Fue una constante en su vida demostrada tanto estando en la Secretaría de Estado, como siendo Arzobispo de Milán y después viajando por los cinco continentes como Cardenal Montini por encargo del propio Papa Juan XXIII, como después en su pontificado.

 

Pero donde además se manifestó este talante de dialogo permanente fue en los discursos de apertura de las tres sesiones del Concilio que él presidió, año 1963-1965, invitando insistentemente a la Iglesia a dialogar con el mundo contemporáneo al que debía evangelizar, pero sobre todo, en la primera encíclica programática que publicó año y medio antes de terminar el Concilio: ECCLESIAM SUAM.

 

Pablo VI daba tanta importancia al dialogo con el mundo moderno y lo veía tan necesario y urgente para la Iglesia que debía evangelizar a ese mundo, que dedicó casi la mitad de ese importante documento al Dialogo: necesidad y urgencia del dialogo; características y exigencias y con quienes dialogar, haciendo hincapié en el dialogo entre todos los cristianos.

 

Toda la Encíclica es una maravilla desconocida que debiéramos leer detenidamente todos los cristianos, pero sobre todo te invito a que la leas tú la parte dedicada al dialogo, por su gran profundidad, por su claridad y luminosidad. No es fácil encontrar otro documento como este sobre este tema.

        

El mismo Papa, al principio de su Encíclica, afirma su gran deseo de que “la Iglesia y el mundo se encuentren, dialoguen, se conozcan y se amen”.

 

La Iglesia está en el mundo para evangelizar a ése mundo concreto, para anunciarle la buena noticia de la salvación y ofrecérsela.

        

Movido por un profundo espíritu misionero Pablo VI fue el primer Papa viajero, que salió de Italia y llevó el mensaje cristiano con sus diez viajes por los cinco continentes: Bombay “India”, Filipinas, África, América Latina (Colombia), Estados Unidos, discurso en las Naciones Unidas, Fátima etc.

 

Pero el viaje más importante de Pablo VI fue el que tuvo lugar en medio del Concilio, 5 de Enero de 1964, a Tierra Santa. Allí en Jerusalén, tuvo un dialogo trascendental con el Patriarca ortodoxo de Constantinopla, Atenágoras I. Este encuentro providencial tuvo una enorme influencia para el camino del Ecumenismo.

 

 

¿Y por qué tanta transcendencia?

 

En el Siglo XI año 1054 Miguel Cerulario Patriarca de Constantinopla fue excomulgado por el Papa León IX de Roma por sus actitudes y comportamientos. Y el Patriarca de Constantinopla respondió con la excomunión a Roma. Con lo cual se consumó la ruptura y la separación y la hostilidad permanente; es decir el Cisma de Oriente que duró más de nueve Siglos, 910 años.

 

El encuentro y el dialogo de Pablo VI y Atenágoras I fue decisivo y providencial abriendo un camino nuevo para el ecumenismo.

 

Al año siguiente 7 Diciembre 1965 el Papa Pablo VI revocó la excomunión dada a Constantinopla y el Patriarca levantó la excomunión dada a Roma y ese mismo día hicieron una declaración conjunta.

 

Sin este encuentro no hubiera sido posible los sucesivos encuentros de sus sucesores Juan Pablo II con el Patriarca Dimitros, Benedicto XVI y el último del Papa Francisco con el Patriarca Bartolomé I y con los presidentes de Israel y Palestina para orar juntos por la paz. Algo inconcebible hace 50 años.

 

¡Verdad que podemos afirmar con toda justicia que el Venerable Pablo VI fue el Papa del dialogo y el ecumenismo!

 

Pablo VI siempre fue admirado por su profunda humildad. De esta humildad dio una prueba suprema cuando, públicamente, pidió perdón a la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla por todo el daño que le había hecho la Iglesia católica a lo largo de los siglos, postrándose inesperadamente para besarle los pies al metropolita ortodoxo Melitón, representante del Patriarca ecuménico Atenagoras.

 

El mismísimo Patriarca escribiría posteriormente al secretario del Papa lo siguiente: “usted tiene la dicha de estar cercano a la persona más grande, no solo de toda la Iglesia universal, sino de todo el mundo. Esa personalidad del Papa constituye un gran tesoro para toda la Iglesia; un nuevo Profeta que esperábamos y que nos predice cómo será el futuro”.

 

Dentro de este mes te enviaremos el histórico dialogo del Venerable Pablo VI con Atenágoras I, merece la pena conocerlo.  

 

Seguiremos reflexionando.

Con el cariño de PUBLIO ESCUDERO


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