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Un gran comunión entre obispos, sacerdotes, vida consagrada y laicos

Hoy en día vivimos dentro de nuestra iglesia diferentes realidades. Este Congreso de laicos ha resultado ser una experiencia muy enriquecedora y de gran ayuda para conocer cada una de ellas.

He percibido la gran comunión vivida en el Congreso entre obispos, sacerdotes, vida consagrada y laicos. El vivir esa unión me ha ayudado a ver realidades que a veces no se viven dentro de nuestra diócesis y sobre todo dentro nuestras parroquias. Todo lo acontecido me ha animado a ser consciente de que todos somos instrumentos en manos de Dios para la evangelización tan necesaria hoy en día, no solo en personas que viven alejadas de Dios sino también en nuestras comunidades.

Primer itinerario: Acompañamiento en situaciones de sufrimiento y soledad

En la ponencia inicial, impartida por Covadonga Orejas, destacaría la importancia del acompañamiento. Este nos ayuda a crecer, vivir y convivir como una gran familia presidida por Dios. El acompañamiento debe ser para todos como mediación privilegiada de la evangelización.

Debemos tener conciencia de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Él se va configurando dándonos un nuevo modo de mirar, pensar, actuar y nos hace ver cómo el acompañamiento Espiritual nos acerca más a Dios.

Grupo de reflexión

Intervinieron la red de escucha de la diócesis de Bilbao. Ellos que han creado un gabinete de especialistas donde derivan a las personas según su problemática. No actúan de manera individual, sino que entre todos estudian los casos, como enfermedad, duelo y personas que solo quieren expresarse que no son creyentes, por lo que no realizan un acompañamiento Espiritual. Su actitud es de acogida, respeto y no juzgar. Han creado un espacio de acompañamiento, pero no de evangelización.

También intervino el movimiento de Vida Ascendente, donde sus componentes son personas jubiladas. Ellos potencian el valor sagrado de la persona. Se encargan de llevar y fomentar el Evangelio a ancianos en residencias y hospitales, ayudando a que los ancianos descubran y hagan crecer su espiritualidad.

También intervino la Legión María, que es un grupo que se reúne semanalmente para orar y organizar visitas, a los hogares de la parroquia y a la atención a enfermos, ancianos o marginados.

Equipo de trabajo

Lo que más me llamó la atención es que siempre suelen ser personas de avanzada edad los que atienden a enfermos y personas mayores. Aunque son personas de gran riqueza por su sabiduría y gran capacidad para sobrellevar las dificultades, creímos conveniente formar a personas más jóvenes y fomentar este acompañamiento entre jóvenes para que puedan visualizar toda la realidad de nuestra Iglesia.

Segundo itinerario, los procesos formativos

Gabino Uribarri nos hizo reflexionar sobre la motivación que debemos tener los cristianos. Nosotros con frecuencia pensamos que la Fe es íntima y privada. Hizo referencia a que no somos conscientes del tesoro que tenemos y que podemos compartir. El tener la gran suerte de creer en el Evangelio implica la obligación de transmitirlo.

Itinerario, la formación en el seno de la familia

En este grupo intervinieron los Equipos de Nuestra Señora. Su propuesta fue crear en la parroquia encuentros de matrimonios donde compartir vivencias. Allí se ayudan unos a otros acompañados siempre por un sacerdote que les guía espiritualmente.  También intervinieron el matrimonio delegado de escuela de familias de la Archidiócesis de Toledo. Ellos presentaron un material cuyo objetivo era acercar a las familias más alejadas de la Iglesia. La formación a estas familias estaban basadas en las catequesis de San Juan Pablo II sobre el amor humano y consiste en trabajar sobre tres pilares: fe, formación y vida.

 Equipo de trabajo

En este equipo no se desarrolló el tema que estábamos trabajado, porque algunas personas desviaron la temática del grupo. Nos quedamos en la primera pregunta: ¿qué actitudes convertir? La respuesta de algunos participantes fue la apertura a otros tipos de parejas y no se avanzó en las demás preguntas.

OPINIÓN PERSONAL

De toda la experiencia que supuso personalmente el congreso de laico, creo que como conclusión debemos reforzar algunas actitudes tanto a nivel personal como comunitario.

En primer lugar, tenemos el deber de transmitir dentro de nuestra diócesis la inmensa alegría vivida en el congreso fruto del Espíritu Santo. Para que así la pérdida de confianza no nos lleve a la decadencia y el derrotismo religioso.

En segundo lugar, debemos de aprender de la comunidad primitiva. Esto nos lo indica el lema elegido: “Un renovado Pentecostés”. Renovar quiere decir volver a su estado primitivo. Esta renovación tan necesaria debemos tomarla desde la raíz de nuestras comunidades para garantizar su fecundidad y frutos en la evangelización.

También debemos de preocuparnos de concienciar a los fieles de la renovación a la que Dios nos llama. Cada bautizado debe de asumir que tiene una vocación, entendiéndola en un sentido más amplio que al sacerdocio o a la vida consagrada. El bautizado está llamado por Dios para la transmisión del evangelio y servicio en su vida diaria.

Otra cuestión clave es la familia. En los últimos años los sacramentos se han convertido en actos sociales. Debemos de concienciar a las familias de su papel dentro de las comunidades como iglesias domésticas. Para ello se pueden aprovechar los cursillos prematrimoniales y prebautismales. En ellos se, deben impartir catequesis kerigmáticas.

En relación a los fieles más comprometidos con las actividades pastorales de su parroquia, su formación debe de tener una mayor importancia. Esta formación debería de hacerse de forma parroquial, descentralizándola de Sevilla. Sobre todo, porque muchas personas por dificultades en su vida personal se ven imposibilitados a realizar dicho traslado.

Se debe de fomentar la escucha de la Palabra y posterior reflexión de forma comunitaria. Poniendo como objetivo la creación de una comunidad orante que sea capaz de llevar la fe a la vida personal de los integrantes. Esto implica que el apostolado seglar debe de tener una mayor presencia en las parroquias.

Por último, creo que es importante incidir en los nuevos métodos de transmisión que hemos tenido aplicar durante esta pandemia y el confinamiento que ha generado. Estos métodos nos han hecho comprobar que las nuevas tecnologías también pueden ser útiles para la comunicación con personas que viven alejadas de la ciudad. Debido a la facilidad que esto supone, estos métodos de comunicación deberían de prolongarse más allá de la situación actual.

Las vivencias de este congreso nos han hecho notar el impulso del Espíritu Santo, que tan presente ha estado. Ha sido un soplo que nos ha animado y nos ha hecho descubrir su compañía perenne. Cuando finalizó el encuentro tenía mayoritariamente dos sentimientos, por una parte, la alegría y por otra la necesidad de transmitir todo lo vivido. Esto último se ha visto truncado por este tiempo de silencio, aunque lo he utilizado para reflexionar y profundizar en las experiencias que el Congreso de laicos me ha regalado.

                                                                                        Elena Sánchez Castillejo, Delegación diocesana de Catequesis


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