La Archidiócesis en estado de alarma: Adaptación para evangelizar y seguir sirviendo a la sociedad

La Archidiócesis en estado de alarma: Adaptación para evangelizar y seguir sirviendo a la sociedad

El Arzobispo de Sevilla atendió el pasado 8 de mayo a los micrófonos de COPE Sevilla en una larga entrevista en la que pasó revista a la incidencia de la pandemia del coronavirus en el día a día de la Iglesia en Sevilla. Preguntado si el parón obligado por el estado de alarma había echado a perder el curso pastoral, monseñor Asenjo aseguró que, si bien muchas actividades han desaparecido de la agenda diocesana y otras se han aplazado al menos hasta septiembre, en la Curia se trabaja para restablecer una cierta normalidad dentro de los márgenes que permite la normativa extraordinaria vigente.

En este reportaje vamos a repasar la incidencia que el confinamiento está teniendo en las rutinas de los distintos sectores pastorales de la Archidiócesis de Sevilla. Una incidencia que revela la buena capacidad de adaptación de la Iglesia a unas circunstancias para las que nadie estaba preparado.

La tarde del sábado 14 de marzo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comunicaba la aprobación del estado de alarma en todo el territorio nacional por un período de quince días. El anuncio, adelantado la víspera a espera de los detalles, se oficializó al tiempo que en la Archidiócesis se desarrollaban diversas acciones de la campaña por el Día del Seminario, el Obispo auxiliar realizaba la visita pastoral a la Parroquia de Santa María de las Nieves y Mairena del Aljarafe tendría que acoger la celebración de una vigilia de Adoración Nocturna. La agenda deparaba innumerables citas a nivel parroquial, arciprestal y diocesano, pero la gran duda de los fieles era si podríamos seguir yendo a Misa con normalidad.

Los decretos del Arzobispo no se hicieron esperar, sentando las bases de cómo se procedería en todos los templos, dispensando del precepto dominical, suspendiendo las actividades de formación y catequesis, recomendando primero seguir la Misa por los medios de comunicación y, en un segundo documento, suprimiendo la celebración de las Eucaristías con asistencia de fieles. La cercanía de la Semana Santa presagiaba una suspensión de las estaciones de penitencia que no tardaríamos en conocer, y los párrocos, rectores de templos y juntas de gobierno de hermandades se pusieron manos a la obra para que los cultos llegaran a todos los hogares a través de televisión y las distintas plataformas que posibilita internet. Hasta un millón y medio de visualizaciones se contabilizaron en los cultos que se retransmitieron por streaming y 7TV entre el Domingo de Ramos y el de Resurrección, un hito que convendrá estudiar cuando todo se normalice.

“Gran ola de espiritualidad cofradiera”

A Marcelino Manzano, delegado de Hermandades y Cofradías, se le acumuló el trabajo al minuto siguiente de la primera declaración del estado de alarma. En plena Cuaresma, su teléfono ardió con llamadas y mensajes que presagiaban una Semana Santa sin precedentes. Pero en medio de un mar de dudas, las hermandades de la Archidiócesis reaccionaron “con gran serenidad, fe y alto sentido espiritual”. Manzano recuerda cómo aprovecharon rápidamente los medios tecnológicos “para paliar la merma espiritual por la suspensión de cultos y procesiones, copando las redes sociales con todo tipo de iniciativas en este sentido y con un inmenso seguimiento de audiencia. Podríamos hablar –subraya- de una gran ola de espiritualidad cofradiera en el universo digital que, partiendo de los últimos días de la Cuaresma, atravesó la Semana Santa, se prolongó en la Pascua con las hermandades de gloria y sacramentales y llega ahora con las hermandades del Rocío y las diversas patronas de los pueblos”.

La Iglesia junto a los principales afectados

Muy digna de mención ha sido la actividad desarrollada por los capellanes y voluntarios de hospitales. Las lógicas prevenciones sanitarias derivadas de la enfermedad no han sido obstáculo para que haya reforzado la ya de por sí encomiable labor que desarrollan entre enfermos, sus familias y los profesionales sanitarios. En este apartado hay que unir el voluntariado desarrollado por unas ochenta personas en las residencias de ancianos, paliando las carencias detectadas en unos centros especialmente afectados por la pandemia.

“Se ha multiplicado la creatividad”

En cualquier caso, costó asumir las primeras consecuencias del confinamiento en unas dinámicas diocesanas abocadas al teletrabajo y a un contacto mediatizado con voluntarios y colaboradores. Pero tras el impacto inicial se asumieron pautas de actuación que, en algunos aspectos, han llegado para quedarse. Como destaca Óscar Díaz, vicario de la Nueva Evangelización, “se ha multiplicado la creatividad para continuar con el contacto y la Iglesia ha sabido adaptarse a la realidad”, y se percibe “un movimiento misionero sin parangón a través de las nuevas tecnologías”. Algunas conferencias y actos formativos que se han canalizado a través de diversas aplicaciones informáticas, como es el caso del Seminario de Estudios Laicales, han hecho que nos familiaricemos en el uso de Zoom, Streamyard o Skype. Las redes sociales “se han inundado de una presencia cristiana que no ha dejado indiferente a nadie”, añade Díaz. En esta línea, se han redireccionado al entorno virtual campañas como la de Enseñanza a favor de la matriculación en la asignatura de Religión.

En el área del Patrimonio Cultural se ha sentido particularmente la paralización de las obras durante las primeras semanas del estado de alarma. El delegado, Antonio Rodríguez Babío, recuerda que se han tenido que paralizar varios proyectos que estaban en marcha, como las prácticas del convenio con la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, pero, al mismo tiempo, destaca que su atención se ha redirigido a otro tipo de necesidades en su ámbito: “Hemos tenido otros trabajos derivados de la pandemia, como los documentos que la Delegación ha publicado acerca de la limpieza y desinfección de los bienes culturales”.

“Somos valiosos en nuestra debilidad”

Por otra parte, la situación de vulnerabilidad de algunos colectivos sociales ha reactivado el trabajo en Cáritas, hermandades, congregaciones religiosas, movimientos y en delegaciones diocesanas como las de Migraciones, Pastoral Penitenciaria, Obrera, Social, etc. La campaña ‘Hermano Migrante, no estás solo es sólo una muestra de esta adaptación de la agenda a las necesidades sobrevenidas.

Según Diego Márquez, delegado de Pastoral Obrera, “hemos descubierto que somos valiosos en nuestra debilidad, nos conectamos con los medios que tenemos y elaboramos distintas reflexiones que hemos compartido junto a las muchas acciones que realizamos para no abandonar a los que se quedan atrás”.

En el ámbito de la atención a las familias, los días vividos han trastocado la dinámica prevista “pero no ha frenado la vida ni el crecimiento pastoral”. Los delegados diocesanos, Juan Manuel Granado y María Dolores Sánchez-Campa, afirman que este confinamiento ha sido “una ocasión para ir en mayor profundidad, cercanía y espíritu de familia, sobre todo con aquellas personas más afectadas, iluminando el túnel que atravesábamos, consolándolos en el dolor y acompañándolos en la soledad”. Sirva como dato que la actividad en los Centros de Orientación Familiar se ha canalizado por vías telemáticas desde las primeras semanas.

En el marco de la Pastoral Juvenil, José Francisco Durán matiza que los jóvenes ya estaban habituados a esta dinámica virtual, pero “no olvidemos que la nuestra es una pastoral de contacto continuo con los jóvenes, y esta situación no es la más propicia”. De cara a un futuro a corto plazo, se han descartado las convocatorias masivas, y se opta por citas más localizadas en ámbitos reducidos de espacio y destinatarios. Con todo, “el verano será nuestra prueba de fuego”, concluye.

Pablo Guija: “Dios es grande y provee”

También nos encontramos con delegaciones para las que estas prácticas virtuales no han supuesto un cambio de rutina. Es el caso de Misiones, donde las comunicaciones fluidas con los misioneros y voluntarios no serían posible de otra manera. Pero este es un caso aislado, porque el alargamiento del confinamiento ha obligado a la mayoría de instancias eclesiales a adaptarse. Manuel Portillo, delegado de Ecumenismo, ha reforzado la cercanía con representantes de otras confesiones y comunidades. Recordando la convocatoria de oración realizada por el cardenal Ayuso, afirma que “se trata de hacer frente a nivel religioso a una realidad que está afrontando toda la humanidad”.

Por su parte, Pablo Guija, delegado de Pastoral Universitaria, afirma que “Dios es grande y provee, así que nos estamos reinventando para poder seguir ofreciendo la asistencia religiosa a la comunidad universitaria por vía telemática, por medio de Cáritas, llamadas de teléfono, etc. Como decía santa Teresa, en tiempos recios, amigos fuertes de Dios”.

Trabajo en red, coordinación, la generosa entrega de muchas personas y un sentido de pertenencia que trasciende los avatares mundanos. Estas son algunas de las claves que explican que la Iglesia no se haya parado en tiempos de coronavirus. Ya sea en las actuales circunstancias, saliendo de una pandemia, como siglos atrás, superando persecuciones y situaciones más delicadas, el mandato evangélico sigue vigente.


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