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El origen de la Biblioteca del Arzobispado de Sevilla

La Biblioteca del Arzobispado de Sevilla posee un fondo antiguo muy rico en todo tipo de materias, con una interesante presencia de temas locales, obras devocionales y Papeles Varios, pero aún es poco conocida por los investigadores.

Casi trescientos años han transcurrido desde que el arzobispo D. Luis de Salcedo y Azcona fundara una biblioteca para uso de la curia diocesana hispalense. Hasta entonces, e incluso después, la historia de nuestros arzobispos y sus libros ha sido bien diversa: a veces los donaron a la Catedral o a instituciones eclesiásticas fundadas por ellos o a las que se sentían especialmente vinculados, en otros casos se vendieron sus libros y -desde mediados del siglo XVIII- algunos siguieron los pasos de su fundador e hicieron importantes donaciones a la Biblioteca Arzobispal.

El pontificado del arzobispo Salcedo (1722-1741) dejó una importante huella en el patrimonio cultural y artístico de la Iglesia de Sevilla, como las intervenciones en: la Capilla de la Virgen de la Antigua -donde está enterrado-, los órganos catedralicios, la iglesia de San Luis, la parroquia de Umbrete, etc. Estas empresas culturales aparecen recogidas en su conocido retrato, firmado por Domingo Martínez, que se conserva en el Palacio Arzobispal. También en él puede apreciarse una estantería con libros que nos remite a la fundación de la Biblioteca Arzobispal. Se desconoce la fecha exacta de su creación, pero sí sabemos que ya existía en 1738. En ese año se reabrió  la capilla de la Virgen de la Antigua y su descripción fue publicada por Alonso Carrillo y Aguilar, quien en la portada de su obra hacía constar que detentaba, entre otros cargos, el de “Bibliothecario de la Dignidad Arzobispal”.

Ciñéndonos al siglo XVIII, entre los sucesores de D. Luis de Salcedo destacaron por sus donaciones D. Javier Delgado y Venegas, en cuyo tiempo además se hizo el primer inventario conocido de la biblioteca (unos 3.557 volúmenes en 1776), y D. Alonso Marcos de Llanes y Argüelles, que la abrió a la consulta pública hace exactamente 228 años, el 12 de abril de 1792.

Han transcurrido los siglos y se han sucedido compras y donaciones, alcanzando hoy día  la cifra de más de 17.000 volúmenes. Entre ellos, el libro más antiguo que se conserva es un manuscrito miniado de la segunda mitad del siglo XV que contiene Reglas, documentos y donaciones de la Hermandad de San Bernardo (Fig. 1), si bien un tercio de los libros corresponde al siglo XVIII, como esta hermosa edición de 1788, que recoge en grabados coloreados los magníficos mosaicos de una villa romana de Rielves (Toledo) descubierta en unas excavaciones realizadas por entonces (Fig. 2).

En tiempos de su fundador se propuso la unión de esta biblioteca con la Capitular a través de los arcos de la Puerta de Palos del Corral de los Olmos, que enlazaban el Palacio Arzobispal con la Catedral pero, aparte de ciertos desacuerdos que se suscitaron, finalmente se hizo inviable por el derribo de los propios arcos a finales del XVIII. Esto se lograría a comienzos del siglo XXI al compartir las instalaciones -manteniendo la independencia de los fondos- con la Biblioteca Capitular Colombina en torno al Patio de los Naranjos, aunque ya desde 1996 la gestión y servicios eran conjuntos a través de la Institución Colombina del Cabildo Catedral y la Archidiócesis hispalenses.

Nuria Casquete de Prado Sagrera

Directora gerente de la Institución Colombina


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