Breve síntesis de la conferencia impartida por Monseñor José Mazuelos, Obispo de Asidonia Jerez, en el marco de la V Semana de la Familia organizada por la Delegación de Familia y Vida de la Archidiócesis de Sevilla.

Ya San Juan Pablo II profetizó advirtiendo de la “cultura de la muerte”. Ésta crea un hombre del deseo, y su demanda se le sirve a través de la biotecnología. Esto lleva a una antropología muy contraria a la familia.

Nosotros debemos centrar nuestra mirada en la familia cristiana.

El neocapitalismo salvaje, unido al neomarxismo, pretenden abrir un abanico de prácticas que configuren al hombre tal como ellos lo quieren. El primer obstáculo que encuentran es la familia, porque en la familia cristiana hay un sentido de trascendencia (vivo gracias a una persona distinta de mí: un padre y una madre, Dios). El neocapitalismo pide al neomarxismo que no siga con la lucha de clases; ahora el campo de batalla es la lucha de géneros (así el hombre se identifica con el patriarcado, y la mujer con el proletariado). Se va generando legislación con el objetivo de la deconstrucción de la familia (fecundación in vitro, úteros de alquiler, etc.).

¿Cómo afrontar todo esto? Frente a la idea de que “el existir determina el ser” (y por tanto quienes existen deciden quién puede vivir y quién no), frente a la ruptura de la igualdad en nombre del progreso, frente al darwinismo social (que propone la eliminación de los más débiles), frente a todo ello: la familia cristiana.

La familia cristiana: escuela de humanidad, donde se hace visible la verdad: que Dios los creó hombre y mujer, padre y madre. Y donde el amor hace que se construya el “nosotros”. El nosotros, que son dos “yo” que se encuentran; no es la suma de un yo más otro yo, cuyo resultado es que cada uno engorda, pero sin que haya encuentro que construye.

Hay que cuidar el matrimonio cristiano. Para ello tenemos un magnífico instrumento en los COFs. Es necesaria la pedagogía del amor, como nos dice el Papa Francisco.

Se puede decir que la fuerza de la Iglesia es la comunidad: no olvidemos que la familia es una comunidad, Iglesia doméstica.

Pero no debemos quedarnos en un “búnker”, y considerar como perversas a las personas que no están con nosotros. A este respecto cabe recordar dos parábolas que nos iluminan sobre la actitud que debemos tener. La del Buen Samaritano, quien coge al herido, lo hace con delicadeza, y con paciencia para subirlo al caballo (a pesar de lo que el caballo se pueda estar moviendo). Y la del Hijo Pródigo, donde el padre mantiene la casa encendida, dispuesta, para cuando el hijo quiera volver.

Tenemos un tesoro que ofertar: presentar a un Cristo siempre dispuesto a curar las heridas, un Dios dispuesto a perdonar siempre.

La pedagogía del amor nos debe llevar a seducir al mundo con el matrimonio cristiano. Y a presentar la Misericordia (el Papa Francisco le ha dedicado muchos documentos, e incluso un año, para que nos centremos en ella). La Misericordia no es anular la verdad (presentar las cosas tal como se quieren ser escuchadas), sino saber decir la verdad. Para ello hay que “acercarse” a la realidad, y “ver”. Como nos pide Francisco en Amoris Laetitia: no ver los toros desde la barrera, sino acercarse.

Ante los casos irregulares que se presentan, Monseñor Mazuelos aconseja paciencia, discernimiento, y saber entrar en los tiempos de Dios. Hace una llamada a la conciencia, al discernimiento, pero no como justificación del relativismo, sino poniendo el amor por encima de todo, con mucha humildad.

En definitiva, el matrimonio cristiano es el gran tesoro y la esperanza de la sociedad.

En el siguiente enlace puedes acceder a un vídeo resumen de la conferencia https://youtu.be/KbjpEzcq8Tg

En este otro enlace está el vídeo de la conferencia completa https://youtu.be/TXsslFmz3U8