Documentos

Resumen Conferencia “Amor, familia y matrimonio”

By 20 febrero, 2020No Comments

Ofrecemos un resumen de la conferencia que lleva por título “Amor, familia y matrimonio”, impartida por José Luis Jiménez Zerón y Marisa Lorenzo, mediadores familiares y de pareja. La conferencia se celebró el pasado 29 de enero de 2.020, como parte de la V Semana de la Familia organizada por la Delegación de Familia y Vida de Sevilla.


 

Amor familia y matrimonio son tres palabras relacionadas.

Dios que es amor, crea al hombre por amor, crea a la mujer por amor, y les da la capacidad de amar.

En el hilo conductor de la vocación al amor, a la que todo hombre ha sido llamado, se dan tres escalones hacia su pleno desarrollo: ser hijo, ser esposo, ser padre.

Con el amor que recibe, el niño se hace capaz de amar. Aprende a dar gratis lo que ha recibido gratis. Luego, con la maduración de ese amor, se entiende la esponsalidad como la entrega de una persona a otra en totalidad, y fruto de ese amor fecundo, los esposos acogen el don de la paternidad y la maternidad.

El hombre está llamado al amor y sólo es verdaderamente feliz cuando ama. La felicidad del hombre está unida a esta capacidad de amar y ser amado.

 

¿Por qué es tan importante la familia?

Porque la familia es el hábitat natural donde el hombre puede desarrollarse, donde se da el clima de amor y estabilidad que necesita.

También porque es en la familia donde aprendemos a amar.

El amor, por tanto, está en el origen del matrimonio y de la familia.

El hombre y la mujer, en uso de su libertad, se unen para amarse y eso genera una comunidad de vida y amor.

 

¿Qué es el amor?

Estamos hablando de amor. Pero, ¿realmente sabemos lo que es el amor?, ¿tenemos claro qué es el amor conyugal? Amar es querer el bien del otro, su Felicidad.

El amor supera el sentimiento y se concreta en el cuidado. ¿Quieres amar a alguien? ¡Cuídalo! ¿Quieres amarle más? Cuídale más.

 

Ante las crisis 

A veces, en los matrimonios, hay momentos o periodos de crisis, donde parece que el amor está oculto. Se duda incluso si alguna vez existió.

¿Cómo podemos afrontar esas crisis?

1.- Conocimiento y aceptación del otro y de mí mismo: no existen personas perfectas. Mirar sus defectos con la benevolencia que miro los míos. Ser objetivos, recordar lo que nos enamoró de la otra persona.

2.- Comunicación: en esos periodos de oscuridad la comunicación se hace difícil y hay que cuidar especialmente tres momentos:

1.- Comunicación interior, con nosotros mismos. ¿Cómo me siento? ¿Estoy enfadado, triste, asustado, humillado, cansado, nervioso, frustrado? ¿Por qué me siento así? ¿Qué ha originado esos sentimientos? Si no sé qué me pasa, cuáles son mis sentimientos y qué los ha originado, difícilmente podré expresarlo.

2.- Hablar con calma, sin ofender, desde nuestros sentimientos, sin atacar. Buscando el momento oportuno. Teniendo en cuenta que el lenguaje corporal, el tono, la mirada, son tan importante o más que las palabras.

3.- Escuchar de verdad. Escuchar para comprender, no para contestar. Empatía, transmitiendo al otro que queremos entenderle. Buscando lo que une, más que lo que separa.

4.- En el matrimonio tenemos un lenguaje muy eficaz, el lenguaje corporal del amor. Las relaciones sexuales ayudan a los cónyuges a estar conectados.

Ante las crisis no hay que olvidar que el perdón es la llave de la paz. Por eso es bueno pedir a Dios la humildad y la generosidad necesarias para saber pedir perdón y para perdonar.

 Y no perdamos de vista que crisis no es sinónimo de ruptura. Hay que saber convertir las crisis en oportunidades. Para ello hay que echar mano de todos los medios a nuestro alcance: COF, terapia, asesoramiento; siempre con personas que valoren el matrimonio.

 

Por último, un consejo:

“Haz todo lo que puedas como si todo dependiera de ti, y reza todo lo que puedas como si todo dependiera de Dios”.

Confiemos en la gracia del Sacramento del Matrimonio. Los problemas del amor se arreglan con amor: vayamos a la fuente del Amor, que es Dios.

Dios no quiere que vivamos la fe en soledad, tampoco que vivamos nuestro matrimonio en soledad. La parroquia debe ser familia de familias: a veces seremos hermanos pequeños necesitados de la ayuda de los demás; a veces seremos hermanos mayores, que echan una mano.