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Tentaciones de Cristo, Iglesia de San Juan Bautista de Marchena

Este primer domingo de Cuaresma el Evangelio nos presenta a Jesús tentado por el diablo en el desierto. Así se nos muestra en una de las tablas del retablo mayor de la Parroquia de San Juan Bautista de Marchena, obra de Alejo Fernández.

Este magnífico retablo fue realizado por Jorge y Alejo Fernández, autores igualmente del retablo mayor de la Catedral de Sevilla. Iniciado en 1521, no será finalizado hasta 1533. Como indica Juan Luis Ravé, el retablo está concebido como una representación de la acción salvadora del Mesías, desde su Encarnación hasta su manifestación gloriosa en la Transfiguración, y de la labor precursora del Bautista, titular del templo.

La obra que nos ocupa representa las tres tentaciones con que el diablo tentó al Señor. Muestra en primer término a Jesús con el diablo en el momento en que éste le está diciendo que convierta las piedras en pan. Así el tentador aparece señalando las piedras del suelo, mientras que el Hijo de Dios, con gesto tranquilo pero seguro, le contesta “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

El diablo aparece revestido por un hábito monacal que deja entrever los cuernos de su cabeza, antítesis del nimbo que orla la cabeza de Jesús, así como las garras de ave que tiene por pies. Su fealdad contrasta con la belleza y serenidad de Jesús, contraste reforzado por los colores de las vestiduras de ambos. El hábito que viste el tentador pone de manifiesto la utilización de lo sagrado que hizo el demonio, pues tentó a Jesús con las palabras de la Escritura.

En un segundo plano, repitiendo prácticamente las dos figuras, se desarrolla el momento en que el diablo llevó a Jesús a un monte altísimo donde le mostró los reinos del mundo con la promesa de entregárselos si se postraba ante él y le adoraba.

Finalmente, la presencia al fondo de la ciudad santa de Jerusalén, en la que destaca por su grandiosidad el templo de Salomón, alude a la otra de las tentaciones, cuando el demonio lleva a Cristo al alero del templo y le pide que se tire para que lo recojan sus ángeles. El templo llama la atención por su diseño poligonal, derivado del Santo Sepulcro, aunque también recuerda las representaciones de la torre de Babel típicas de la escuela flamenca.

Toda la composición aparece enmarcada por un tronco seco en su zona inferior derecha mientras que, en la izquierda se delimita la escena con un alto árbol, recurso muy usado por los manieristas de Amberes, como Jan de Cock.

El tratamiento del paisaje recuerda a autores venecianos como Cima de Conegliano, y a la pintura flamenca, si bien toda la composición deriva de grabados alemanes, especialmente el del monogramista L.C.Z., aunque también se ha subrayado su relación con las Tentaciones de Juan de Flandes que se conserva en Washington.

Antonio Rodríguez Babío

Delegado diocesano de Patrimonio Cultural


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