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San José Obrero y el Día de los Trabajadores en el 1 de mayo

El 1 de mayo une dos celebraciones, por un lado el día de San José Obrero y por otro el Día del Trabajo. Merece la pena analizar ambas cosas y quizás desde una perspectiva reivindicativa. En la revista Iglesia en Sevilla (nº 293, 1-7 de mayo de 2022) podemos leer un artículo de Miguel Ángel Carbajo que lleva por título Un trabajo para la vida. Manifiesta el autor que “la Iglesia, pendiente de las personas más necesitadas, se acerca a esta fiesta desde una postura comprometida”, un compromiso con la dignificación del trabajo, su calidad y las condiciones en que se realiza, así como con la pérdida de salud en el trabajo y la frecuencia de accidentes laborales evitables.

El 66% de las empresas encuestadas por Hays España esperan seguir creciendo en 2022. Según la misma fuente, salud (89%), tecnologías de la información (87%) y farmacéuticas (84%) se posicionan como los sectores con mayor capacidad de contratación. Un problema sigue siendo la precariedad laboral. Aunque la precariedad, de acuerdo con un informe de la Confederación Sindical de CCOO y el Instituto de Economía Internacional de la Universidad de Alicante, tiene una cierta naturaleza transversal, afecta en mucha mayor medida a ciertos territorios y colectivos que presentan una mayor incidencia tanto de la precariedad asalariada multidimensional como de la precariedad global.

Las Comunidades más afectadas son Andalucía, Extremadura o Canarias, con niveles de precariedad muy superiores a comunidades con menor precariedad, como Madrid, País Vasco o La Rioja. Entre los colectivos con mayor incidencia resulta particularmente preocupante la situación de las mujeres, los inmigrantes, las personas con estudios básicos y, muy especialmente, los jóvenes. La reforma laboral aprobada en España tiene como objetivo reducir la precariedad y la temporalidad.

Celebremos los avances laborales alcanzados este día primero de mayo, pero no perdamos la perspectiva de los necesarios avances al respecto en un plazo lo más corto posible. Hay mucho que seguir haciendo en derechos laborales, precariedad y temporalidad. Hay mucho que andar en relación con la perspectiva laboral de género o en relación con los jóvenes. +

El mundo laboral no es neutro. Por ejemplo, actualmente se discute en el seno del Gobierno la conveniencia de incluir en los derechos laborales de las mujeres la baja por menstruación dolorosa, una medida de salud menstrual. No se entiende que esto pueda discutirse, cuando hay un 10% de mujeres que sufren fuertes dolores menstruales.

El día 1 de mayo es el Día del Trabajo o el Día de los Trabajadores, y es un momento para pedir mejoras en el mundo laboral. Si repasamos el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia encontramos el camino que se propone recorrer en el mundo laboral. La Encíclica Rerum Novarum es la primera encíclica social de la Iglesia Católica, promulgada por el Papa León XIII en 1891, y supuso un empuje importante para la mejora de las condiciones laborales imperantes en los inicios de la Revolución Industrial, donde los abusos eran patentes. Los distintos documentos de la Iglesia desde 1891 se han preocupado del trabajo y sus condiciones en una sociedad en cambio constante. El Papa Francisco, en sus distintos escritos, insiste en el tema como derecho esencial e irrenunciable de la persona.

Retomemos la figura de San José, un obrero. El Papa Francisco ha escrito, en 2022, un libro que lleva por título San José, corazón de padre. Catequesis del Papa acerca de la figura de San José. Somos muchos los católicos que simpatizamos con la figura de San José, desde la Iglesia se nos llama a su devoción y atención a su ejemplo. En la introducción del libro citado se nos indica que era un hombre normal y su santidad consistió en haberse convertido en santo a través de las circunstancias buenas y malas que vivió y afrontó, un santo en su vida diaria. Un camino al que todos estamos llamados para un mundo más fraterno.

San José vivió tiempos difíciles, muchas familias, muchos padres los viven hoy. San José, como muchos padres hoy, viven tiempos muy duros y sufren por su familia, como también sufren las madres, a las que dedicamos el Día de la Madre. Todas las formas de familia en un mundo plural sufren hoy los dramas de tiempos con dificultades, demostrando un gran amor a la familia como unidad esencial, material y trascendente de la sociedad. En el citado libro del Papa Francisco aparecen distintas catequesis acerca de la figura de San José, destacando los pasajes de su vida descritos en los Evangelios y el papel esencial en la vida de Jesús. El pasaje denominado San José, el carpintero, destaca que Jesús adolescente aprendió del padre este oficio, los padres somos transmisores de conocimiento y sentimientos a los hijos. Aterriza el Papa en este apartado del libro en expresar un recuerdo para todos aquellos trabajadores del mundo que realizan trabajos duros en minas o fábricas donde son explotados, en los niños explotados en determinados países hacia donde hemos externalizado los productos de consumo que devoramos de forma compulsiva.

El trabajo es una unción de dignidad y así debe ser considerado y defendido. Francisco, nuestro Papa, a través del ejemplo de San José, nos dice que no hay que olvidar el hecho de que el trabajo es un componente esencial en la vida humana y también un camino de santificación, como también nos han insistido en ello San Josemaría Escrivá de Balaguer y San Juan Pablo II.

La sociedad actual, con todos sus retos e incertidumbres, debe recuperar el valor de dignificación del trabajo. Nos recuerda el Papa Francisco, en la citada catequesis, la bellísima y reivindicativa socialmente oración que San Pablo VI elevó a San José el 1 de mayo de 1969, donde se habla de la precariedad del trabajo y la existencia diaria de los trabajadores. Nos habla Francisco del Padre Trabajador y se nos manifiesta que San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia, y nos recuerda que de él Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo. Nos recuerda el Papa que una familia que carece de trabajo está más expuesta a dificultades, tensiones, fracturas e incluso  la desesperada y desesperante tentación de la disolución. Nos insiste el Papa en una idea esencial como es que la persona que trabaja, cualquiera que sea su tarea, colabora con Dios mismo, se convierte un poco en creador del mundo que nos rodea, de ahí la necesidad de llevar a cabo una urgente y transformadora reforma laboral que mejore las condiciones de los trabajadores. Celebremos y reivindiquemos el Día de los Trabajadores y la figura, ejemplo para todos, de San José Obrero, Padre de la Iglesia.

 


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