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El Descendimiento de la Cruz, de Pedro de Campaña

Esta tabla de Pedro de Campaña (1548) es una de las pinturas más significativas dentro del riquísimo patrimonio pictórico de la Catedral de Sevilla. La profundidad de su dramatismo y la descripción de su realismo religioso la hacen una de las obras que más sobresalen en la Catedral.

Esta obra procede de la antigua Iglesia de  Santa Cruz, que estaba en el lugar donde hoy se encuentra la Plaza de Santa Cruz, y que fue destruida por los franceses. Esa Iglesia fue consagrada por el Cardenal Pedro González de Mendoza, y en ella se encontraba una Capilla, en la que estaba colocada esta pintura del Descendimiento, y sobre ella un cuadro de la Santa Faz. El historiador González de León, que junto con José Gestoso nos da datos importantes de la historia artística de Sevilla en el siglo XIX, nos dice en su libro Noticia Artística de la Ciudad de Sevilla, que él llegó a ver esta obra en una Capilla de la antigua Iglesia de Santa Cruz, cuyo patrono era D. Hernando de Jaén, en donde también había una pintura de San Francisco y unas vidrieras, que probablemente fueron también diseñadas por Pedro de Campaña.

El historiador González de León nos indica la vinculación tan estrecha que existía entre esta Iglesia de Santa Cruz y concretamente con esta Capilla, y el pintor Bartolomé E. Murillo. Entre otras cosas nos dice que Murillo pasaba grandes ratos delante del cuadro del Descendimiento en esa Capilla, y que un día, cuando le preguntaron qué hacía mirando tan atentamente a esta pintura, él respondió: Estoy aguardando a ver si terminan de bajar de la cruz al Divino Señor…  

Cree  González de León que una lápida que había en aquella Capilla, en la que estaban grabadas las palabras Vive moriturus (vive como para morir), debió existir antes de la muerte de Murillo. Pero el Prof. Gómez Piñol  piensa que es verosímil que fuera preparada esa lápida por el mismo Murillo para su sepultura, ya que su espiritualidad era cercana a la Hermandad de la Santa Caridad a la que pertenecía, y a su misma amistad con D. Miguel de Mañara.

La pintura del Descendimiento fue trasladada a la Catedral de Sevilla en el siglo XIX. Desde ese testero frontal de la Sacristía Mayor sigue sobrecogiendo por su dramatismo y profundidad. El cuerpo del Señor, que ocupa la parte central del cuadro, es llevado dulcemente por los Santos Varones, mientras que su Madre, en un gesto de desmayo, es sostenida por las Santas Mujeres. Esta actitud del pasmo de la Virgen, tan frecuente en las obras de arte de la antigüedad, fue corregida en el Concilio de Trento, al indicar que el evangelio de San Juan nos dice que la Virgen stabat, estaba firme sosteniendo su papel de Corredentora.

La perfección pictórica de esta obra es impresionante: la misma variedad cromática destaca sobre el paisaje flamenco del fondo del cuadro, que hace destacar más la escena.

Fernando Gª Gutiérrez, S.J.

Delegado Diocesano de Patrimonio Cultural 


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