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La Presentación del Niño Jesús al Templo (Carmona)

El sábado 2 celebramos la fiesta de la Presentación del Niño Jesús al Templo, cuarenta días después de su nacimiento como mandaba la ley de Moisés (Ex 13,2), así como la purificación de María (Lev 12, 1-8). El arte representa por primera vez esta escena en el mosaico del arco triunfal de la Basílica romana de Santa María la Mayor.

En la iglesia de San Bartolomé, de Carmona, se encuentra este cuadro de mediados del siglo XVI, atribuido al llamado Maestro del retablo de Zufre, ya que muestra similitudes estilísticas con algunas de las tablas que componen el retablo mayor de la parroquia de este pueblo onubense.

Siguiendo el relato que nos presenta Lucas en su Evangelio (Lc 2, 22-40), esta pintura nos muestra a Simeón con el Niño Jesús en sus brazos, ante el cual aparece arrodillada la profetisa Ana. El Niño aparece sobre el altar para significar su condición, ya desde su nacimiento, de ofrenda predestinada al sacrificio.

Simeón, si bien según el evangelio lucano no era sacerdote del templo, aparece vestido como tal debido a una tradición basada en el apócrifo Protoevangelio de Santiago, en el cual se asegura que este anciano fue el sustituto de Zacarías tras su supuesto martirio ordenado por Herodes.

Dos leves nimbos dorados distinguen a los padres de Jesús de los demás personajes. San José, lleno de admiración cruza sus manos sobre su pecho en señal de devoción y ante él se sitúa un cestillo con los dos pichones, la modesta ofrenda de los pobres. La Virgen María, elegantemente vestida, sostiene en sus manos una larga vela y un libro. La presencia de velas es un elemento que no procede de la liturgia hebrea, pero se incorporó a la iconografía de este momento, dado que en él es presentado Cristo como luz de las naciones, origen de la fiesta de la Candelaria. Cuando en la iconografía cristiana la Virgen lleva un libro se está haciendo alusión a las profecías que en Ella se han cumplido. Dado que estamos en el momento de la purificación de la Madre, el libro podría hacer referencia a la profecía de Isaías 7, 14: “la virgen está encinta y da a luz un hijo”, con la que se pone de manifiesto la pureza de María y por tanto, lo innecesario de su purificación, a la cual la Virgen se sometió por obediencia a la ley y por humildad, según los Santos Padres.

El fondo de la escena aparece delimitado por cuatro columnas que aportan monumentalidad, dejando entrever entre las dos situadas más a la derecha el cielo, recurso que amplía el espacio, siendo además destacable el tríptico que aparece representado a la manera de retablo, impensable en un templo judío, así como el colorido de todo el conjunto, especialmente el rojo del manto de Ana, y la minuciosidad en la representación de los ropajes del sacerdote y de la Virgen.

Fotografía: Rafael

 

 


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