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Alegoría de la Encarnación, Hermandad de la Quinta Angustia, Sevilla

Comenzando el Adviento, traemos esta obra singular tanto por su iconografía como por su técnica ya que se trata de una tabla con incrustaciones de nácar. Se titula Alegoría de la Encarnación, y se encuentra en la Sala Capitular de la Quinta Angustia.

Esta técnica denominada enconchado es de origen oriental y debido al comercio de objetos de China y Japón llegó al Virreinato de Nueva España donde se desarrolló especialmente a finales del siglo XVII. Consiste en pinturas sobre tabla en las que se incrusta nácar procedente de conchas de varios moluscos para formar imágenes. Su acabado se caracteriza por el brillo del nácar matizado por tenues capas de pintura que confieren un especial resplandor que añade relieve y profundidad a las composiciones.

 

La que hoy presentamos está atribuida al artista Miguel González, que trabajó en la ciudad de México, fechándose sus obras entre los años 1692 y 1698, y representa el cumplimiento de las promesas del envío del Mesías.

A través de una potente perspectiva cónica, cuyas líneas de fuga confluyen en la escena central de la Anunciación, se remarca la importancia en la historia de la salvación del hecho representado, la Encarnación del Hijo de Dios. El eje vertical de la composición une las figuras de Dios Padre en el cielo, y el Espíritu Santo que en forma de paloma está descendiendo hacia María, que está escuchando al arcángel, el cual tiene su mano derecha levantada repitiendo el gesto del Padre, para significar así que el mensaje que le trae es de parte de Dios.

Alrededor de la escena central, en el espacio formado por las dos galerías abiertas, encontramos doce personajes sentados en grupos de cuatro, que contemplan el decisivo momento que señala la plenitud de los tiempos (Gál 4, 4); se trataría de una representación simbólica de las doce tribus de Israel, imagen y anticipo del nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia. También podría tratarse de una síntesis de la genealogía de Jesús (Mt 1,1-17). El historiador Rafael Ramos propone otra interpretación en la que los cuatro personajes que portan coronas serían los reyes del Antiguo Testamento, entre los que distinguimos a David, con su arpa, y a Salomón. El resto serían patriarcas (Abraham, Moisés), así como los profetas que anunciaron la llegada del Mesías (Isaías, Jeremías, Zacarías o Ageo), y completando el grupo, los tres evangelistas que recogen más directamente las profecías mesiánicas, Mateo, Marcos y Juan.

En el cielo un coro de ángeles con diversos instrumentos subraya la importancia del momento con su música celestial; en la parte central superior distinguimos un ángel tocando un laúd y otro con un arpa, mientras que en las tribunas dos ángeles hacen sonar sus respectivos órganos. Detrás de las galerías se puede ver un paisaje que evocaría el paraíso perdido por el pecado. La alegoría se completa con los símbolos marianos que aparecen en el marco.

Antonio Rodríguez Babío

Delegado diocesano de Patrimonio Cultural

 


1 comentario

  1. Bea Fernández 08:46, Dic 07, 2019

    ¡Qué interesante y oportuno! Me acercaré a conocer la obra
    Mil gracias

    Responder a este comentario

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