‘La fe de San Fernando, el amigo de Dios’- Publicado en ABC de Sevilla (23-11-2023)

‘La fe de San Fernando, el amigo de Dios’- Publicado en ABC de Sevilla (23-11-2023)

775 Aniversario de la Reconquista de Sevilla y Restauración del Culto Cristiano por Fernando III el Santo

23 de noviembre de 2023

El rey san Fernando es uno de esos modelos humanos que conjugan la piedad, la prudencia y el heroísmo; en él, convergen la presencia de dones y virtudes sobrenaturales, con virtudes y talentos humanos. Celebramos en este día la memoria de un rey cuya vida fue guiada por la luz de la fe cristiana, de ahí la grandeza de su ejemplo, verdadera inspiración en su compromiso con Dios y su servicio al prójimo. No en vano, desde el mismo siglo XIII, muy poco tiempo después de su muerte, sucedida en el Alcázar de Sevilla el 30 de mayo de 1252, los cronistas han transmitido las virtudes morales, religiosas y políticas de un monarca ejemplar, con fama de “santo” entre el pueblo, incluso mucho antes de ser elevado a los altares por el papa Clemente X, el 4 de febrero de 1671.

El semblante ético y moral del rey fue destacado por su hijo, el rey Alfonso X explicando el significado de las letras que integran su nombre Ferrando, escrito en forma acróstica: F, de fe; E, de entendimiento para conocer a Dios; RR, de reciedumbre de voluntad y obras para derrotar y castigar a los enemigos de Dios y a los malhechores de su pueblo; A, de amigo de Dios; N, de nobleza de corazón en todas sus empresas y con sus vasallos; D, de derecho, fiel y leal en palabras; O de ombre (sic. hombre) de buenas maneras y costumbres.

La fe de san Fernando, el amigo de Dios. Los papas Gregorio IX e Inocencio IV, al proclamar a san Fernando “atleta de Cristo” y “campeón invicto de Jesucristo”, aludían de este modo a sus victorias bélicas como héroe de la Cristiandad y al espíritu que las animaba. Su notoriedad como hombre “santo y justo” llegaría, a mediados del siglo XIII, hasta el remoto monasterio inglés de Saint Albans, próximo a Londres, en donde un modesto monje, llamado Mateo Paris, ponía de relieve que: “el ilustre rey de Castilla, que se llama de toda España por causa de su eminencia, después de sus famosas hazañas y grandes conquistas, emprendió el camino de todos los mortales”.

Al coronar su empresa de conquista, enfermo ya de muerte, se declaraba a sí mismo caballero de Cristo, siervo de Santa María y alférez de Santiago. Iban envueltas esas palabras en expresiones de adoración y gratitud a Dios, para edificación de su pueblo. Se alimentaba san Fernando de su espíritu de oración. Retenido enfermo en Toledo, velaba de noche para implorar la ayuda de Dios sobre su pueblo. “Si yo no velo –replicaba a los que le pedían descansase–, ¿cómo podréis vosotros dormir tranquilos?” Y su piedad, como la de todos los santos, se manifestaba en su especial devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María. De hecho, a imitación de los caballeros de su tiempo, que llevaban una reliquia de su dama consigo, san Fernando portaba, asida por una anilla al arzón de su caballo, una imagen de marfil de Santa María, la venerable “Virgen de las Batallas”, que se conserva en la Catedral. En campaña, rezaba el oficio parvo mariano, antecedente medieval del santo rosario. A la imagen patrona de su ejército, la Virgen de los Reyes, le levantó una capilla estable en el campamento durante el asedio de Sevilla y, renunciando a entrar como vencedor en nuestra ciudad, le cedió a esa imagen el honor de presidir el cortejo triunfal.

Emprendió la construcción de catedrales y restituyó el culto cristiano en numerosas iglesias locales, apaciguó los Estados y administró justicia ejemplar en ellos. Fue tolerante con los judíos. Protegió a las nacientes órdenes mendicantes de franciscanos y dominicos y se cuidó de la honestidad y piedad de sus soldados. Preparó la codificación del derecho e instauró el idioma castellano como lengua oficial de las leyes y documentos públicos, en sustitución del latín. Parece cada vez más claro históricamente que el florecimiento jurídico, literario, científico y hasta musical de la corte de Alfonso X el Sabio se iniciaron durante el reinado de su padre.

Rey fiel y leal. San Fernando no solo fue un líder valiente en la batalla, sino también un gobernante que buscó la justicia y la paz para su pueblo. En sus acciones constatamos la importancia de llevar la fe a la esfera pública, integrando los valores cristianos en el ejercicio del poder y la toma de decisiones. Es preciso insistir, por todo, en los valores éticos que caracterizan la vida del rey san Fernando. Para su hijo, el rey Alfonso X el Sabio, su padre fue ante todo un hombre que hablaba y razonaba con corrección y que gozaba de principios nobles y discretos. De su reinado queda la fama de las conquistas, que le acreditan como un rey intrépido, constante y sagaz en el arte de la guerra. Procuraba arrastrar más a los suyos por la persuasión, el ejemplo personal y los beneficios futuros que por la fuerza. Cumplidos los plazos, dejaba retirarse a los que se fatigaban. Esta es su faceta histórica más conocida. No lo es tanto su acción como gobernante, que la historia va reconstruyendo: sus relaciones con la Santa Sede, los prelados, los nobles, los municipios; su administración de justicia, sus ejemplares relaciones con los otros reyes de España, su administración económica, la colonización y ordenamientos de las ciudades conquistadas. Esa es la segunda dimensión de un reinado verdaderamente ejemplar. Pero hay una tercera: la prudencia y caballerosidad con sus adversarios los reyes musulmanes. “San Fernando –dice Ballesteros Beretta en un breve estudio monográfico– practica desde el comienzo una política de lealtad”. Su obra “es el cumplimiento de una política sabiamente dirigida con meditado proceder y lealtad sin par”.

San Fernando actúa muchas veces movido por principios religiosos: el perdón de sus pecados y la salvación de su alma; y, la defensa de la Cristiandad, de sus reinos. Efectivamente, parece puesto en la historia para tonificar el espíritu colectivo de los cristianos en cualquier momento de dificultad espiritual.

Hombre de corazón noble. La muerte de san Fernando, representada en el lienzo del sevillano Virgilio Mattoni, es uno de los episodios más conmovedores de la historia, en donde queda de manifiesto su fe y la nobleza de su corazón. Sobre un montón de ceniza, con una soga al cuello, pidiendo perdón a todos los presentes, dando sabios consejos a su hijo y sus deudos, con la candela encendida en las manos y en éxtasis de dulces plegarias. Con razón dice Menéndez Pelayo: “el tránsito de san Fernando oscureció y dejó pequeñas todas las grandezas de su vida”. Y añade: “tal fue la vida exterior del más grande de los reyes de Castilla: de la vida interior ¿quién podría hablar dignamente sino los ángeles, que fueron testigos de sus espirituales coloquios y de aquellos éxtasis y arrobos que tantas veces precedieron y anunciaron sus victorias?”

San Fernando quiso que no se le hiciera estatua yacente en su sepulcro; pero en su tumba grabaron en latín, castellano, árabe y hebreo este epitafio, revelador de su personalidad y de la grandeza de su condición: “Aquí yace el Rey muy honrado Don Fernando, señor de Castiella é de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia é de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, é el más verdadero, é el más franco, é el más esforzado, é el más apuesto, é el más granado, é el más sofrido, é el más omildoso, é el que más temie a Dios, é el que más le facía servicio, é el que quebrantó é destruyó á todos sus enemigos, é el que alzó y ondró á todos sus amigos, é conquistó la Cibdad de Sevilla, que es cabeza de toda España, é passos hi en el postrimero día de Mayo, en la era de mil et CC et noventa años”.

Modelo e intercesor ante Dios. Que san Fernando nos anime a ser compasivos y justos en nuestras propias vidas, reconociendo la responsabilidad que tenemos de construir un mundo basado en el amor y la verdad; que podamos seguir su ejemplo al buscar la unidad en lugar de la discordia, la justicia en lugar de la opresión, y la compasión en lugar de la indiferencia. Recordemos hoy además la importancia de la oración y la confianza en Dios en medio de los desafíos cotidianos de nuestra vida; que, al igual que san Fernando, busquemos la sabiduría divina para dejarnos guiar en nuestras decisiones y la fuerza espiritual para superar las pruebas, renovando así nuestro compromiso de seguir a Cristo en cada instante de nuestras vidas, buscando la justicia, amando a nuestro prójimo y viviendo con fe en nuestro corazón; que san Fernando interceda por nosotros y que podamos, al final de nuestros días, encontrarnos con la alegría eterna en la presencia de Dios.

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla


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