El nuevo rector del Seminario comenta las novedades de la Pastoral Vocacional para el próximo curso

El nuevo rector del Seminario comenta las novedades de la Pastoral Vocacional para el próximo curso

Entre los nombramientos publicados el pasado mes de junio destacaba el del nuevo rector del Seminario Metropolitano, Andrés Ybarra. Sacerdote desde hace 17 años, hasta ahora ostentaba el cargo de vicerrector. Esta nueva responsabilidad viene acompañada de algunos cambios sustanciales en la formación de los seminaristas. Concretamente, el arzobispo de Sevilla ha dispuesto la creación de un nuevo curso (en lugar de cinco años de formación, ahora serán seis) y ha decidido trasladar el Seminario Menor al edificio del Mayor, dedicando así la casa de San Juan de Aznalfarache a otras actividades pastorales.

Rector del Seminario, ¿qué supone este nombramiento?

Supone una gran responsabilidad, como no puede ser de otra manera. Nunca pensé que la Iglesia me encomendara una misión que, personalmente, me sobrepasa y que hago mía confiando en que es el Señor quien me la encomienda. Desde siempre, pero más si cabe en estos momentos, vivo esta nueva etapa convencido de que es el Señor el que llama y convencido, igualmente, de que Él me dará la gracia necesaria para llevarla a cabo. No sé vivir mi sacerdocio de otra manera.

Una de las principales novedades del Seminario es que a partir de septiembre se incorpora un año de Curso Propedéutico para el que se dedica expresamente un grupo de formadores.

El Curso Propedéutico ha sido el resultado de años de experiencia en los que se ha reconocido la necesidad de dedicar enteramente un período de tiempo a una preparación de carácter introductorio con el objetivo de discernir la conveniencia de continuar la formación sacerdotal o emprender un camino de vida diverso.

¿Qué objetivo tiene este nuevo curso?

Esta etapa se ha revelado como fundamental. El objetivo principal consiste en ofrecer un verdadero y propio tiempo de discernimiento, realizado en un contexto de vida comunitaria, y que sea inicio a las demás etapas de la formación inicial. Para todo ello, se busca asentar las bases sólidas para una vida espiritual y favorecer un mejor conocimiento de sí que permita el crecimiento y la madurez humana en el candidato. Se ayuda a los seminaristas, por tanto, a iniciarse en la oración a través de la vida sacramental, la Liturgia de las Horas, la Palabra de Dios, etc.

Entonces, los chicos que ingresen en el Propedéutico, ¿se pueden considerar ya seminaristas?

Los jóvenes que ingresan en el Propedéutico, efectivamente, son seminaristas. Sí es cierto que, por la propia dinámica del curso habrá momentos que compartirán con el resto de la comunidad del Seminario. Sin embargo, la distribución de los horarios y el trabajo de la semana se diferencian notablemente.

¿Qué contenidos se verán entonces en el Propedéutico?

La Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, documento de la Congregación del Clero que rige la formación en los Seminarios, establece una serie de asignaturas que dan un contenido intelectual al curso y que supone también una ayuda en el proceso de discernimiento. Hablamos de asignaturas como introducción a la Sagrada Escritura y al Nuevo Testamento, a la liturgia, a los documentos magisteriales más importantes (Catecismo, Concilio Vaticano II, etc.), a la Historia de la Iglesia y de la propia Iglesia particular, la espiritualidad sacerdotal (conocimiento de los santos de cada diócesis), aprendizaje de idiomas, solfeo, el acercamiento a todo lo que tiene que ver con las redes sociales e internet con un sentido evangelizador, etc.

Pero, además del estudio, los seminaristas dedicarán tiempo a descubrir distintas realidades pastorales, ¿no?

Sí, a lo largo de la semana habrá tiempo para introducir a los seminaristas en el conocimiento de la propia Archidiócesis, sus movimientos, realidades diferentes, etc. Igualmente, siguiendo las indicaciones del arzobispo, dedicaremos una mañana a hacer labores de voluntariado en diferentes realidades en las que pensamos que es bueno que se integren.

La vida espiritual tendrá también una presencia importante, con retiros y ejercicios espirituales, así como el trabajo en todo lo que se refiere a la madurez humana, con la ayuda de diferentes personas que les darán claves de crecimiento en este campo. Para ello contarán con un formador y un director espiritual. Todo esto en un horario que necesariamente va tener cambios con respecto a la dinámica que viven los demás cursos.

Otro cambio importante es la incorporación del Seminario Menor en el mismo edificio que el Mayor.

Así es, ocuparán el bloque llamado de San José, que actualmente se encuentra vacío. Sin embargo, la independencia entre ambos seguirá siendo la misma. Con ellos vivirá el vicerrector del Seminario Menor, Alejandro García, y confiamos que todo vaya muy bien y la adaptación sea buena.

De cara al próximo curso, ¿cómo anda la cosa de vocaciones?

Para el año que viene, si Dios lo quiere, serán un total de 40 los seminaristas que se formen en el Seminario Mayor y cuatro los que lo hagan en el Menor. En lo que se refiere al Seminario Mayor y con respecto a otros Seminarios de España no estamos mal. El año pasado, el Seminario de Sevilla era el quinto con mayor número de seminaristas. En cuanto al Menor, seguimos trabajando con ilusión para seguir acercando a todos esta realidad que tanto bien ha hecho a nuestra Archidiócesis.

En otro orden de cosas, todos los seminaristas aprovechan el verano para servir en distintas pastorales. ¿Cuál es el objetivo de esta formación complementaria?

La vida del sacerdote es una vida de servicio permanente y, desde el Seminario, esto se tiene que vivir de esta manera. El verano ofrece momentos y espacios muy adecuados para poder complementar la formación que se recibe durante el curso.

Así, tenemos seminaristas en campos de trabajo con jóvenes en Cabo Verde, ayudando a quien lo necesite en Lourdes, Covadonga, la Casa Sacerdotal o Cottolengo. Alguno va al extranjero a aprender idiomas; otros participarán en campamentos parroquiales o en las Colonias que la Hermandad del Rocío de Triana hace en el Rocío. También hay quien acompaña a la Pastoral Juvenil al Camino de Santiago y otros que se suman a la Encuentro Europeo de Jóvenes que tendrá lugar en la capital gallega, bien como voluntarios, bien como otros jóvenes.

Finalmente, ¿qué le dirías a aquellos chicos que sienten la llamada de Dios a servirle como sacerdote, pero no se atreven a dar el paso?

Le digo que piense que se inicia en su vida un proyecto que le hará la persona más feliz del mundo. Entrar en el sueño de Dios, que nos ama y nos llama a seguirle, es la experiencia más plenificante que he podido vivir en mi vida. No hay que tener miedo, sino fiarse de la mirada de ternura que Dios nos hace y pensar que, quien te mira y te ama de esa manera, solo puede tener deseos de colmar la propia vida. Si algún joven siente esa llamada, le invito a que se acerque al Seminario, donde le ayudaremos a discernir aquello que experimenta poniéndole cerca del Señor que habla al corazón y dirige nuestros pasos.

Pero acompañar la vocación no es solo cuestión del Seminario.

No, por eso quisiera animar a toda la comunidad cristiana para que se sienta protagonista de la causa vocacional, en sentido amplio. Hace falta seguir creciendo en una cierta cultura vocacional, que comience por poner a los jóvenes delante del Señor para preguntarle qué es lo que quiere de sus vidas, y termine por vivir con fidelidad y alegría la vocación que cada uno ha recibido. De esa manera, otros podrán descubrir en el testimonio alegre de la vida de otros, su propio camino vocacional.


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