DÍA DEL SEMINARIO 2023 | “Aún con miedo me acercaba al sagrario y le preguntaba al Señor qué quería de mí, confiando y abandonándome en Él”

DÍA DEL SEMINARIO 2023 | “Aún con miedo me acercaba al sagrario y le preguntaba al Señor qué quería de mí, confiando y abandonándome en Él”

 

Javier Garrido

Dos Hermanas (2000)

Seminarista del 2º curso del Seminario Metropolitano de Sevilla

¿Cómo surge tu vocación sacerdotal?

Mi vocación surge en el seno de mi parroquia, San Juan Pablo II, de la que soy feligrés desde la época de la caracola, puesto que es una parroquia de nueva creación. No obstante, un factor muy importante de mi vocación se da en mi hermandad, Los Negritos, de la que soy hermano desde que nací, donde recibí la Primera Comunión y donde di mis primeros pasos como cristiano, aprendiendo a rezar y a conocer la Eucaristía, gracias a los cultos y las tardes limpiando plata con mis amigos del Grupo Joven. En la adolescencia me inserté en la parroquia, San Juan Pablo II, ya que está frente a mi casa, allí recibí el sacramento de la Confirmación y viví mi juventud junto con el Grupo Joven que se formó a partir de la Confirmación.

Fue allí, en enero de 2020, un jueves eucarístico, en la capilla sacramental, en el tercer banco de la derecha, donde el Señor se comunicó conmigo a través de su palabra: “El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará”.

Desde ese momento, mi vida se paró, tuve que centrarme para saber qué tenía Dios pensado para mí y con la ayuda del Seminario y de los sacerdotes de mi parroquia, discerní qué hacer, pues tenía que dejar algunas cosas, como la carrera, mi parroquia, la que entonces era mi novia… Eran muchas las cosas que tenían que cambiar y aún con miedo me acercaba al sagrario y le preguntaba al Señor qué quería de mí y confiando y abandonándome en Él, poder seguir su voluntad, hasta hoy.

¿Cómo ha vivido tu familia la perseverancia con la que has vivido tu proceso de discernimiento?

Mi familia, cuando se enteró de la noticia, no la recibió con mucho agrado, no obstante, tampoco la rechazó, puesto que yo lo tenía más o menos decidido y sabía que al final lo iban a aceptar.

Entré en el seminario el septiembre de 2020. Al principio les chocó mucho, no obstante, tras dos años, van viendo que soy feliz y que es mi sitio, y ellos poco a poco, también están aceptando y disfrutando conmigo mi camino.

¿Cómo ha sido tu adolescencia siendo un joven católico? ¿Te has sentido juzgado alguna vez?

Estudié en colegios públicos y luego cursé dos años en la Universidad. Los católicos practicantes no éramos la mayoría, a muchos no les interesaba y otros iban en contra, pero siempre me han respetado, ya que yo trataba y hablaba de temas religiosos o cosas que me habían pasado con todo el mundo y más aún cuando tomé la decisión de entrar en el Seminario. A muchos les llamó la atención que un chaval de 22 años decidiese dar su vida por Cristo; es algo que muchos no comprendían ni entendían, pero al verme dos años después que soy el mismo, pero más feliz, se alegran y se interesan mucho, por temas que nunca antes hubiera pensado.

¿Cómo era tu vida antes de entrar al Seminario?

Antes de entrar en el Seminario mi vida era la vida de cualquier estudiante universitario. Por la mañana iba a clase de Relaciones Laborales y Recursos Humanos; por la tarde, algo de estudio, puesto que nunca me ha gustado mucho estudiar; y también algo de vida social. Lo que sí puede llamar la atención, es que por las tardes iba con frecuencia a Misa; ayudaba a Rafa, el sacristán de mi parroquia, y colaboraba con lo que hacía falta; daba catequesis con mis amigos, organizábamos campamentos y realizábamos voluntariados con Cáritas, pero como el resto de los jóvenes de mi edad, iba de viaje siempre que podía y salíamos a algunas discotecas.

Desde pequeño he sido hermano de la Hermandad de los Negritos, con la que tengo un gran vínculo y cariño; y en mi adolescencia me hice de la Agrupación de Fieles de Nuestra Señora de los Reyes y San Fernando, con la que sigo manteniendo relación, junto con mi parroquia.

Con respecto a tu vida en el Seminario Mayor, ¿es como esperabas?  

No tenía grandes ideas sobre lo que podía ser el Seminario, ya que nunca antes de sentir la llamada me planteé conocerlo o saber de él. Lo que sí he descubierto es lo bonito y complejo de la comunidad, compartir la oración, la Eucaristía y la toma de Ministerios, (lectorado, acolitado o las órdenes, diácono y sacerdote), con personas que no has elegido, sino que Dios te la pone en tu camino y vas viendo como crecemos.

La mayoría son más hermanos que compañeros; es muy emocionante cuando vas acompañando en el trayecto del Seminario y ves cómo están felices y te aumentan las ganas de seguir en tu camino, por supuesto, cogiendo la cruz de cada día, como dice Jesús en el Evangelio.

No todo es idílico, ya que son muchas las actividades que se llevan hacia adelante cada día y cada semana, son muchas las cosas que uno debe saber y debemos prepararnos bien para ponernos al servicio de todos el día de mañana. No es nada fácil, pero Dios siempre provee. Además, la convivencia a veces se hace especialmente única, pues son hermanos que matarías, pero a la vez lo volverías siempre a elegir para el camino que hemos emprendido.

¿Te identificas con algún pasaje bíblico en específico, por medio del cual sientes que Dios te habla directamente?

Uno de los pasajes que más me gusta es el pasaje de la pesca milagrosa (Jn, 21), donde me veo reflejado en la tristeza de los apósteles cuando vuelven a su vida diaria y sin Jesús nada funciona bien. Cuando Él irrumpe en el lago Tiberíades y se dan cuentan que  Jesús sigue con ellos, y en esa alegría desbordante de Pedro al ver al Señor resucitado que se tira al agua en su búsqueda para abrazarlo. También me interpela cómo Jesucristo le pregunta si le ama. Así, en los momentos más difíciles de mi día a día, una de las jaculatorias que más me repito es “Señor, tú que todo lo sabes, tú sabes que te quiero”, que me ayuda a salir de mí y confiar más en el Señor.

Cambiando de tema, ¿cuáles crees que son los principales desafíos a los que se enfrentan los futuros sacerdotes?

Los principales desafíos de los sacerdotes y de los que, si Dios quiere seremos sacerdotes algún día, será anunciar y llevar a Cristo a personas que están sedientas y necesitadas de Cristo y de su Iglesia, pero que no saben o piensan que es lo que necesitan. Precisamente será Cristo y su amor lo que más necesitan, para poder conseguir que todas las cosas que buscan en lugares equivocados encuentren sentido y así poder saciar su sed en Quien es la verdad y descubrir el sentido existencial que no sabían.

Además, un gran desafío, bajo mi punto de vista, saber acompañar a los jóvenes y adultos en el camino de la fe, en una sociedad donde el compromiso y la continuidad es difícil. Pero sabemos que no estamos solo; el Espíritu Santo abre las vías para poder conseguirlo, pues para alcanzar una vida en plenitud es necesario vivir la fe en comunidad.

Terminamos con una pregunta obligada: ¿Qué dirías a un joven que, como tú hace unos años, se plantease la vocación sacerdotal como opción de vida?

Que no tenga miedo, que confíe en el Señor, que se acerque al sagrario y desde allí le pregunte en sinceridad y libertad: “Señor, ¿qué quieres de mí? Que se cumpla tu voluntad”. Donde encuentre la paz, la paz que provenga de Dios, y con sinceridad, tome una decisión de manera valiente. Si no es tu sitio lo notarás y el Señor te pondrá el camino que debes seguir, pero si verdaderamente es tu camino, tu vocación, serás plenamente feliz y merecerá la pena dar la vida por Cristo.

 


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