Delegado para la Pastoral con Jóvenes: “Hay que propiciar el encuentro de nuestros jóvenes con Cristo”  

Delegado para la Pastoral con Jóvenes: “Hay que propiciar el encuentro de nuestros jóvenes con Cristo”   

Ha sido el acontecimiento eclesial del año. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se ha celebrado este mes de agosto en Lisboa ha supuesto un aldabonazo a las conciencias y un impulso a la labor de la Iglesia en el ámbito juvenil. Más allá de las cifras (se han desbordado todas las previsiones), la experiencia ha quedado grabada a fuego en los cientos de miles de jóvenes que han comprobado la universalidad de la Iglesia. El mensaje del Papa y el testimonio de personas de los cinco continentes son argumentos elocuentes de una propuesta de vida que llama directamente al corazón de jóvenes que han podido constatar que no están solos y que el camino emprendido merece la pena. El responsable de la logística preparada desde Sevilla para esta cita eclesial es el sacerdote Manuel Jiménez.

¿La JMJ ha resultado como esperaban?

Podemos decir que sí. En el plano organizativo ha sido mucho el trabajo previo y conocíamos bien qué se puede esperar de una JMJ. Al menos desde la organización teníamos unas expectativas realistas de las posibilidades y los límites que podíamos encontrar y los responsables de los grupos han estado a la altura para que todo discurriera según lo previsto. Lo que escapa a toda previsión y supera toda expectativa es aquello que es puro don, los lazos de amistad y fraternidad con voluntarios y peregrinos de otros lugares, el estrechamiento de los propios vínculos de comunión entre los jóvenes de cada grupo y de las distintas realidades diocesanas entre sí, o, sin duda, las palabras concretas del Papa que han quedado grabadas en la memoria y en el corazón de cada uno. Esta es la verdadera novedad imprevisible; la palabra que Dios, a través de todos estos medios, nos ha dirigido.

 

Más de 5.000 peregrinos sevillanos, la segunda diócesis española representada en Lisboa… ¿Qué le dicen estas cifras?

Contrastados desde la delegación diocesana 2.500, y no es mala estimación pensar que al menos otros 2.500 sevillanos habrán peregrinado a través de sus realidades eclesiales. Desde luego es motivo de gran alegría y de agradecimiento a Dios. Estas cifras hablan sin duda de capacidad de convocatoria y de respuesta de nuestra Iglesia local, hablan de una confianza generosa de la juventud en su Iglesia diocesana y en la Iglesia universal y, por tanto, hablan de trabajo bien hecho en los cursos precedentes.

No podemos seguir como si nada hubiera pasado

Exactamente, dicho esto, también es sensato no caer en triunfalismos ni autocomplacencias. Aunque no sea agradable reconocerlo, son muchos más los jóvenes que viven alejados o no conocen a Dios. Y estos números nos comprometen a todos, y también hablan de exigencia de trabajo para sucesivos cursos, porque no se puede vivir la fe solo como colección de experiencias, y hay que propiciar el encuentro de nuestros jóvenes con Cristo.

¿Qué tal fue la acogida en Cascáis?

Uno de los puntos fuertes de cada JMJ es el voluntariado y la de Lisboa no ha desmerecido a ninguna de las anteriores. La acogida que nos han brindado no merece menos que un gracias con mayúscula, al párroco, a los voluntarios de la parroquia matriz de Cascáis que nos acogía, a las autoridades civiles, también volcadas redoblando servicios. Ha sido un verdadero testimonio de fe, fraternidad y de fidelidad al Evangelio. Y muy especialmente a las casi 140 familias que han alojado en sus casas a cerca de 400 de nuestros jóvenes.

“En la Iglesia hay espacio para todos”. Han pasado semanas y esa frase del Papa sigue resonando

Sin duda, ha sido una de las ideas fuerza del Papa para la JMJ. Fue en la ceremonia de acogida, pero ya el día anterior había puesto el mismo acento en la homilía que dirigió a obispos, sacerdotes y agentes de pastoral, y donde quizá se capta mejor su intención. El Papa no silencia lo fundamental, lo predica constantemente, hay un amor que nos precede y elige personalmente, que nos ha creado a cada uno de forma original, lo demás viene después. No hay que ser perfecto ni esperar a serlo para merecer el amor de Dios, no hay que estar sano para tener pase al hospital de campaña que hoy debe ser la Iglesia. Ahora, hay que estar dispuesto a sanar y crecer con su ayuda. Confío en que siga resonando porque está ensanchando nuestro corazón y haciéndonos entender para vivir el núcleo del Evangelio. Hay que evitar toda malinterpretación, que siempre será por exceso de suficiencia o por defecto de formación.

¿Cuál es el momento que más y mejor recuerda de la experiencia de Lisboa?

La mañana del día 2 en el hipódromo de Cascáis. Era la primera catequesis y estábamos directamente interpelados. La dirigía nuestro arzobispo. Pudimos congregarnos junto a nuestros obispos los más de 40 sacerdotes de la Archidiócesis y los jóvenes, fue el único espacio en el que habría sido posible y, a pesar de que estaba dirigida a todos los españoles acogidos en Cascáis, para nosotros fue un verdadero encuentro diocesano. Conmovía ver la imagen del arzobispo dirigiendo la palabra a los jóvenes y a todos los sacerdotes dispuestos alrededor del recinto celebrando el sacramento de la reconciliación, ¡hasta con cola de espera!

Hemos visto al arzobispo y a los dos obispos auxiliares muy implicados en todo momento

Ha quedado patente que nuestros pastores van con el rebaño. Ha sido un verdadero regalo contar con don Ramón desde el principio en los Días en las Diócesis (DED), solo dos días después con don José Ángel y ya en Lisboa contar también con don Teodoro. Era una oportunidad de oro para acercarse a los jóvenes, estar con ellos, escucharlos, mostrarles afecto, hablarles y enseñarles. Sin duda la han aprovechado y los jóvenes se lo han agradecido.

Se ha destacado que una concentración tan masiva de jóvenes se haya sustanciado sin incidencias

Este es una constante entre los comentarios posteriores a cada JMJ. Verdaderamente es para dar gracias a Dios porque una vez más todo salga bien.

¿Cuál debería ser el legado de la JMJ a nivel diocesano?

Esto ha sido un reto para todos y nuestros números nos han obligado a trabajar precisamente como nos pide la Iglesia en este momento, en comunión y coordinación, en sinodalidad, juntos. Debería ser un precioso fruto de este acontecimiento tejer una red entre los responsables de los grupos, seguir aprendiendo todos a trabajar de esta manera en la que los protagonistas son ellos. Pienso en formación específica para liderar grupos juveniles, cursos de acompañamiento, coordinación de peregrinaciones, campos de trabajo o experiencias de voluntariado, etc.

Se suele aludir a las JMJ como estímulos vocacionales. Quizás es demasiado pronto, pero, ¿cuál es su impresión?

Desde luego es demasiado pronto. En cualquier caso, lo que no podemos es dudar de la llamada constante del Señor y de que cada JMJ es un momento privilegiado para que un joven se ponga a la escucha. Estoy seguro de que se habrán removido conciencias y corazones. Ahora lo que nos toca es seguir animando y acompañando a nuestros jóvenes a vivir intensamente y en profundidad la vida cristiana, lo que los llevará irremediablemente a cuestionarse qué quiere Dios de ellos.

¿De quiénes se acuerda ahora que ha pasado todo?

Ahora, a toro pasado, resulta más sencillo apreciar, valorar y agradecer la confianza y el trabajo de todos los que han hecho posible sacar adelante esta peregrinación. Me acuerdo de cada familia y cada joven que se ha esforzado y confiado, de cada responsable de grupo que con valentía se ha puesto al frente para preparar y coordinar a tantos jóvenes. También me acuerdo de mis hermanos sacerdotes y su servicio imprescindible acompañando a nuestros jóvenes, del testimonio de contar con 42 de ellos en medio y al servicio de nuestro grupo y por todas las oraciones, disponibilidad, apoyo y comprensión con la que he contado no solo esos días sino durante todo el curso. Me acuerdo también con afecto y agradecimiento de don Francisco Durán, anterior delegado de juventud, que empezó esta aventura con la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ) e inició el camino a esta JMJ. Me acuerdo, sin duda, de las delegaciones de Pastoral Vocacional, Universitaria, de Apostolado Seglar, Familia y Medios de Comunicación, que tan de la mano hemos ido durante todo el curso, así como de todos los que trabajan en la gestión y administración diocesana. También traigo con facilidad a la memoria a todo el equipo de la Subcomisión de Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal que son ejemplo de trabajo duro, alentando, acompañando y facilitando siempre el nuestro en las delegaciones diocesanas. Y, como no, también brota un recuerdo agradecido por la determinación grande y el apoyo constante de nuestro arzobispo con los proyectos de esta delegación. A quienes es imposible que olvide y a los que todos debemos estar agradecidos es a los jóvenes del equipo de la delegación. Gracias de corazón por el testimonio de vuestra servicialidad y entrega.


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