OBISPOS QUE HA TENIDO LA SEDE HISPALENSE. SIGLOS VIII A XIII

Opas, 711. El Catálogo Emilianense ofrece tras Opas una sucesión de metropolitanos que no parece sobre pasar el siglo VIII.

  • NONNITO
  • ELÍAS
  • THEODULFO
  • ASPIDIO. Es el único metropolitano de nombre griego del siglo VIII.
  • HUMILIANO
  • MENDULANO. (¿Teudulán?), finales del siglo VIII. Teudulán (quizás el Meudulán de la lista emilianense) dedicó un amplio tratado a dilucidar la espinosa cuestión de las substancias de Cristo en cuya conclusión lanza el anatema contra quienes consideraran la carne de Cristo adoptiva del Padre.
  • DAVID
  • JULIÁN II
  • JUAN. Llamado por los árabes Zayd al-Matran (señor metropoltino), descolló por su gran conocimiento de la lengua arábiga, brilló glorioso por haber obrado muchos milagros. Expuso asimismo las Sagradas Escrituras con católico comentario, que dejó escrito en árabe para enseñanza de la posteridad. Parce que se trata del mismo Juan que asistió al Concilio Cordobés del 839. Probablemente obispo de Sevilla en 831.
  • RECAFREDO ¿(851-852)? Le tocó convivir con los mártires de Córdoba y hubo de ser el metropolitano de Sevilla que se vio obligado a capear el temporal. Fue él quien metió en la cárcel a todos los sacerdotes que  fuesen causantes de los ajusticiados, sin respetar ni siquiera al obispo de Córdoba, Saulo y fue, asimismo, quien presidió en Córdoba el concilio que en 852 negó a los condenados el calificativo de mártires y eso que algunos de los cristianos  condenados a muerte durante la persecución historiada por San Eulogio eran oriundos de Sevilla o de su tierra. De allí se había trasladado a Córdoba la familia de Adolfo, Juan y Aurea, el monje Teodomiro (+23 de julio de 831) procedía de Carmona y el padre musulmán de Flora había nacido en Sevilla. Ninguno de ellos recibió, al parecer, culto en Sevilla, aunque el calendario de Recemundo atestigua que Adolfo y Juan fueron venerados en Córdoba el 27 de septiembre.
  • ESTEBAN. Apodado despectivamente Flacón (=botella , frasco) a quien la facción de Hostegesis nombró metropolitano, solo por una orden del emir  a quien se hizo acudir a Córdoba para deponer a su obispo legítimo, Valencio (862).

Durante el siglo X las dignidades de la Iglesia, por lo general fueron hechura de las dinastías musulmanas y gozaron de gran peso en la corte cordobesa.

  • ABBAS BEN AL-MUNDIR (941). Abd al-Rhamam III despachó al arzoispo de Sevilla Abbas al-Mundir a la corte de Ramiro II de León en 329/941, para discutir el rescate de Muhammad ben Hasim, anterior señor de Zaragoza que había sido hecho prisionero por los cristianos en las escaramuzas previas a la batalla de Alhándega (938).
  • ESTEBAN (Que quizás se haya de identificar con el antecedente o con el siguiente). En la escuela arzobispal de Sevilla enseñó a mediados del siglo X este obispo, varón sapientísimo y  y eruditísimo, consagró como sacerdotes a varios discípulos suyos que lograron hacer buena carrera eclesiástica.
  • UBAID ALLAH BEN QASIM (971-973). Fue infatigable su actividad diplomática. En abril de 962 al-Hakam II recibió en Madinat al.Zahra al rey de León depuesto Ordeno IV, quien, además de dar como rehén a su hijo se obligó a quedar bajo la tutela de un grupo de notables mozárabes, entre ellos del arzobispo Ben Qasim; en una audiencia solemne que concedió el mismo califa al conde Jimeno Garcés y a otros legados el 30 de septiembre de 971, este Ubayd Allah sirvió de interprete junto con otros principales mozárabes de Córdoba (su obispo, su juez y su conde) los cuales eran por lo general quienes ejercían de truchimanes; por fin en 973 el mismo metropolitano acompañó como intérprete a Ahmad ben Arus, embajador ante la reina Elvira de León.
  • SALVADOR, quizás el antecedente.

La clerecía hispalense logró mantener un alto nivel intelectual durante el califato. Irradiando su cultura a todo al-Andalus, a pesar de que desde el siglo IX la capital política se había trasladado a Córdoba.

La tolerancia religiosa que había caracterizado a la dominación musulmana durante el califato omeya y las primeras taifas llegó a su fin con la intransigencia de los nuevos amos, los almorávides y almohades que dominaron Sevilla desde finales del siglo XI hasta la reconquista de San Fernando en 1248.

El Tratado de Muhammad Ibd Abdun de comienzos del siglo XII, “indica hasta qué punto se había podrido la convivencia y como, en su lugar, el fantasma de la intolerancia más extrema, se cernía amenazando sobre las minorías religiosas”. Cristianos y judíos son tratados como gente de ínfima clase, despreciables, ellos son las personas más indiciadas pata hacer las faenas más viles, como dar masaje, tirar la basura, limpiar las letrinas, cuidar de las caballerías y servir de acemilero y sujetar el estribo (párrafo 153, pág. 149). Reina la desconfianza más cerril hacia el infiel: “no se debe permitir a los médicos cristianos y judíos que curen a los musulmanes” (párrafo 206, pág. 172). Por la misma razón, “no deben venderse a judíos ni cristianos libros de ciencia, porque luego traducen los libros científicos y se los atribuyen a los suyos y a sus obispos” (párrafo 206, pág. 172). “Debe prohibirse a las mujeres musulmanas que entren en las abominables iglesias, porque los clérigos son libertinos, fornicadores y sodomitas”. La prohibición alcanza asimismo a las mujeres “francas”, salvo en días de función o fiestas. En cuanto a los clérigos: “Convendría, pues, mandar a los clérigos que se casaran, como ocurre en Oriente, y que, si quieren, lo hagan” (párrafo 154, pág. 159).

  • JUAN. Del siglo XII solamente tenemos noticia de un metropolitano de Sevilla de nombre Juan, que ante las presiones almorávides (1086-1145) terminó por apostatar, noticia que llegó muy pronto a oídos de Hugo de San Victor, que lo condena fulminantemente, olvidando los sinsabores que hubo de sufrir este pastor, de carácter demasiado frágil para soportar duros tiempos de adversidad. Juan alegaba en descargo suyo su debilidad, su pavor, su miedo al tormento, también Pedro había negado al Señor, pero solo de palabra, no en el corazón, por ello Cristo se dignó mirarlo y lo llamó por su nombre al gozo de la resurrección junto con los demás apóstoles. Nada sabemos del destino de este desdichado obispo.
  • CLEMENTE. Nada cambió con la llegada de los almohades (1149-1212) la comunidad cristiana de Sevilla siguió languideciendo. Del rigor de su dominación salió huyendo Clemente, metropolitano electo de Sevilla, que se refugió en Talavera, donde falleció. Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, que es quien nos da esta noticia, nos informa que por el mismo motivo escaparon de Al-Andalus tres obispos, uno de Medina Sidonia, otro de Niebla y otro de Marchena.

A partir de entonces no tenemos más noticias de la mozarabía hispalense. Ningún mozárabe que se sepa salió a recibir a Fernando III a las puertas de Sevilla en 1248.

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