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XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo B)

Tú lo dices: soy rey

 En aquel tiempo, entró Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?».

 Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».

 Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».

 Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

 Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?».

Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

Evangelio según san Juan  18, 33-37

 

Comentario bíblico de Pablo Díez

Dn 7,13-14; Sal 92,1ab.1c-2.5; Ap 1,5-8; Jn 18,33b-37

La realeza de Jesús en el cuarto evangelio es definida tanto de forma negativa como positiva. Frente a la acusación de una pretensión ilegítima al poder real, formulada por Pilato, el Cristo joánico afirma que su realeza tiene un origen y una estructura diferente de la que se ejerce en el mundo. De ahí su renuncia a una respuesta violenta y su vinculación con la pasión como acto redentor, tal como señala el Apocalipsis (Ap 1,6), que hace de la cruz el trono de Jesús. Frente a la acusación judía de usurpar la dignidad mesiánica, la realeza de Jesús comporta una nueva comprensión de tal dignidad. No es política, ni nacional, sino que está ligada estrechamente al acontecimiento de la revelación.

La identidad de Jesús se explicita en dos afirmaciones (Jn 18,37): “yo para esto he nacido” (subraya el carácter histórico y encarnado de la venida del Verbo); “para esto he venido al mundo” (expresa su carácter trascendente, su origen y su misión de enviado del Padre). Conjuntamente, ambos asertos hacen referencia al prólogo, donde se afirma que en el hombre Jesús, que es al mismo tiempo el Verbo preexistente, se manifiesta la venida de Dios. Tal novedad escatológica se concreta en su enseñanza y en sus actos, que le convierten en testigo fiel (Ap 1,5) de la verdad, noción que designa a quien posee el máximo de fiabilidad, esto es, a Dios.

En definitiva, la realeza de Cristo consiste en que, siendo plenamente hombre en el seno de la historia, manifiesta totalmente la realidad dinámica de Dios (Ap 1,8), que es, al mismo tiempo, salvación y juicio, pues invita a acoger, mediante la fe, la misión y la dignidad regia de Jesús (Ap 1,6).

Orar con la Palabra.

  1. Superando la realeza de este mundo.
  2. Un reino de sacerdotes.
  3. Testigos de la Verdad.


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