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XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Arrendará la viña a otros labradores
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Y Jesús les dice:
«No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Mt 21, 33-43

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Is 5,1-7; Sal 79; Flp 4,6-9; Mt 21,33-43

Las lecturas recogen la imagen de la viña, mostrando la historia de Dios con su pueblo. Isaías proclama el canto de amor de su amigo (Dios) a su viña (Israel). Dios hizo todo lo necesario para que diera fruto bueno (derecho y justicia), pero solo encontró uva amarga (asesinatos y lamentos). Por eso, la deja desolada y arrasada. Es así como el profeta describe, y denuncia, las graves injusticias que se cometieron en Judá en su tiempo (s. VIII a.C.), y la desgracia que, a consecuencia, sobrevino (por los crímenes internos y la invasión asiria). El salmista clama a Dios para que venga y visite su viña saqueada, la que sacó de Egipto (éxodo) y su diestra trasplantó (asentamiento en la tierra).

Jesús retoma esta imagen de la viña en la parábola dirigida a los líderes del pueblo recreando una nueva historia. El propietario (Dios), después de preparar su viña, la dejó arrendada a unos labradores (Israel, dirigentes, sacerdotes, senadores). En el tiempo de los frutos mandó a sus criados (profetas) a recoger su parte, pero fueron maltratados y asesinados. Finalmente, envió a su hijo (Jesús) pensando que lo respetarían, pero también fue asesinado para quedarse con su herencia. El pueblo de Israel, con sus líderes a la cabeza, no ha querido acoger este don plantado en medio de ellos (el reino de los cielos) y han rechazado a Jesús, la piedra angular (Sal 118,22). Por eso, se les quita la viña y se le da a otro pueblo que produzca frutos (los que siguen la voluntad de Dios, tanto judíos como paganos, y viven desde el amor, cf. Mt 25).

Pablo, siervo fiel en esta viña del Señor, se presenta como modelo de comportamiento e invita a encontrar la paz desde la oración y todo lo que es bueno, noble y virtuoso.

 

  1. Repasa tu historia personal. ¿Cuáles han sido los cuidados que has recibido de Dios? ¿Cuál ha sido y es tu respuesta?
  2. ¿Te sientes responsable de la viña que Dios ha puesto en tus manos? ¿Cómo la cuidas para que dé fruto?
  3. ¿Llevas tu vida y la de los demás a la oración? ¿Vives buscando todo lo que es bueno, verdadero, noble, justo y virtuoso?

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