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XXIII Domingo del Tiempo Ordinario (2018)

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

 En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis.

Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano.  Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.  Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»).  Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.  Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

 Marcos 7, 31-37 

 

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón 

Is 35,4-7; Sal 146,7-10; Sant 2,1-5; Mc 7,31-37

Las lecturas tienen como protagonistas a los pobres e indigentes a los que llega la salvación. El bello poema del profeta Isaías exhorta a los cobardes de corazón, es decir, a los desesperanzados (pueblo exiliado), a no temer pues viene un tiempo marcado por la vida y el gozo. Dios viene en persona a salvar y cambiará la situación de sordos, ciegos, mudos y cojos. El agua brotará para vivificar las tierras áridas y desérticas por donde pasará el pueblo salvado.

Esta promesa se ha cumplido en Jesucristo, Dios-con-nosotros, como muestra el pasaje del evangelio de Marcos con la curación del sordo balbuciente. Jesús acoge la súplica de quienes interceden por el enfermo, realiza unos gestos que reflejan su profunda implicación en la sanación y mira al cielo, hacia su Padre Dios, “que mantiene su fidelidad perpetuamente y hace justicia a los oprimidos” (Sal 146). Este signo realizado por Jesucristo es una manifestación más de su condición mesiánica, de su poder contra el mal que atrapa al ser humano para alejarlo de Dios e impedirle la felicidad. Con su divina humanidad (manos y saliva) toca la humanidad “cerrada” a la vida. Como se abrió la losa del sepulcro por la acción divina para dar paso al reino definitivo de la vida, así se “abre” el oído y la boca del enfermo para poder llenarse de la vida plena de Dios.

La curación se sobrentiende que acontece en territorio pagano. Ellos también son destinatarios de la salvación, pues los pobres y excluidos son los preferidos de Dios “para hacerlos ricos en la fe y herederos de la salvación”. Así lo afirma el apóstol Santiago, pero en forma de pregunta para que cada creyente la haga suya y discierna si vive la igualdad y la fraternidad del Reino.

  1. ¿Buscas el auxilio de Dios en las situaciones de dificultad? ¿Cómo?
  2. ¿Necesitas ser tocado por Jesús? ¿Qué te cierra a la vida nueva de Dios?
  3. ¿Son tus manos prolongación de las manos de Jesús para mostrar el amor de Dios a los excluidos? ¿Cómo lo manifiestas?

 

 


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