San Pablo VI y el Cardenal Bueno Monreal: sintonía del postconcilio

San Pablo VI y el Cardenal Bueno Monreal: sintonía del postconcilio

El pasado 14 de octubre, en una solemne ceremonia celebrada en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el papa Francisco canonizó como San Pablo VI al que fuera Sumo Pontífice y Obispo de Roma durante el periodo de 1963 a 1978.

Tras la muerte de Juan XXIII, le correspondió, al nuevo santo, vivir una de las etapas más importantes y difíciles de la Historia de la Iglesia: el Concilio Vaticano II y el postconcilio. En ese tiempo llevó a cabo las más profundas reformas salidas de las aulas conciliares que supuso grandes cambios en la Iglesia Católica.

España y Sevilla, a través de su Arzobispo Cardenal Bueno Monreal, tuvieron una especial sintonía con el entonces papa Pablo VI. Ambos personajes llegaron a tener muchos puntos en común. En 1954, Pío XII nombró a Giovanni Montini Arzobispo de Milán y a Bueno Monreal Arzobispo de Sevilla. En 1958, Juan XXIII los elevó a los dos al cardenalato en el mismo Consistorio y los dos participaron en el Concilio Vaticano II compartiendo las mismas ideas de carácter reformista.

De Pablo VI decía el relator de su causa que tenía un enorme amor a los pobres. Bueno Monreal afirmó que él cumplía el voto de pobreza igual que los religiosos, aunque como sacerdote no le obligaba a ello.

El cardenal era un humanista integral al estilo de Jacques Maritain y el Papa lo consideró como representante del humanismo cristiano, pasando a formar parte de la Doctrina Social de la Iglesia. Esta condición humanista, en la que coincidían los dos, situando a la persona en primer lugar, la ponían de manifiesto de forma habitual, tanto en el ámbito colectivo como a nivel individual y personal. Uno de los casos más graves donde pudo percibirse esa común disposición se dio ante los sacerdotes secularizados a lo largo del Postconcilio que según el Vaticano llegaron a ser de 20.770 en todo el mundo entre los años 1970-1975. El papa Pablo VI, a pesar del dolor que le producía, concedió todas las dispensas solicitadas por los sacerdotes y las reguló mediante la encíclica Sacerdotalis caelibatus.  Bueno Monreal las facilitaba a la vez que les prestaba toda clase de ayuda y protección; no era extraño ver en su despacho a estas personas acompañados de sus familias.

La encíclica Populorum Progressio de Pablo VI trataba del desarrollo de los pueblos, tocaba el derecho a un salario justo, seguridad en el empleo, condiciones de trabajo, etc. Bueno Monreal, para similar tema social, publicó la Pastoral ‘Algunos Problemas Sociales de la Archidiócesis de Sevilla’, donde exponía lo injusto de la situación en grandes zonas de Sevilla y Andalucía.

Fueron muchas las ocasiones en las que dialogaron el papa Pablo VI y el Cardenal. En este sentido, puede ser interesante la entrevista que tuvo lugar en 1972 con motivo de la visita Ad límina,  de Bueno Monreal. En ella tuvo la oportunidad de mantener una larga conversación con el Papa que duró cuarenta minutos. En dicha entrevista, hubo tiempo para tratar todo tipo de temas: Sínodo Hispalense, Asamblea Conjunta, Conferencia Episcopal, de la que era vicepresidente, etc. El propio Cardenal nos cuenta sobre la audiencia:

Fue interesante, reposada, amplia. En ella pude observar que el Romano Pontífice conoce con mucha exactitud toda la situación religiosa, religioso-social y religioso- política de nuestra España. Hablamos, pues, de todos los acontecimientos que durante estos años, y especialmente después del Concilio, han ido conduciendo la Iglesia española. Observé en el Romano Pontífice un afecto grande hacia nosotros, hacia España. Creí ver en él incluso un especial deseo de que los obispos nos sintiéramos apoyados, respaldados y sostenidos por él… he observado un conocimiento muy exacto de la situación y un deseo grande de unidad, de comunión y de aliento, a nuestra Iglesia”.

Ambos, después de morir, sufrieron el silencio y el olvido durante muchos años. Pablo VI tuvo recientemente el reconocimiento a sus virtudes con la beatificación y canonización por el papa Francisco, y Bueno Monreal, en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla ante una numerosa representación de la Iglesia y de la sociedad sevillana, recibió un homenaje con ocasión del treinta aniversario de su fallecimiento.

Por último, es significativo que el Cardenal Bueno Monreal, en su testamento ológrafo, quiso hacer constar sus sentimientos y últimas voluntades, que ponen de manifiesto su espiritualidad como fundamento último y profundo de su vida:

“Declaro que quiero conservarme fiel a la fe cristiana hasta el último suspiro y pido al Señor espero me conceda esta gracia. Quiero ratificar mi entrega al servicio de Dios y de la Iglesia en el sacerdocio, y doy gracias al Señor que concedió este don y le pido me perdone cuanto haya podido ofenderle a lo largo de mi vida, especialmente en los años de episcopado en Jaca, en Vitoria y Sevilla”.

Decía el papa Francisco que el que fuera gran timonel del Concilio, al día siguiente de su clausura, anotaba en su diario personal: “Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva”. En esta humildad resplandece la grandeza de San Pablo VI.

Julio Jiménez Blasco

 

 

 

 


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