Quien no sirve para servir, ¿para qué sirve?

Quien no sirve para servir, ¿para qué sirve?

Entrevista a Rafael Muñoz y Carmen Rodríguez, nuevos delegados de Familia y Vida

El pasado 29 de junio, monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, daba a conocer los nuevos nombramientos en la Archidiócesis hispalense. Entre ellos, la renovación en la Delegación Diocesana de Familia y Vida, cuyos delegados, Juan Manuel Granado y María Dolores Sánchez- Campa, dan paso al matrimonio formado por Rafael Muñoz (1966) y Carmen Rodríguez (1965). Casados hace 27 años, llevan desde su juventud sirviendo a la Iglesia en distintos apostolados. En esta nueva etapa lo hacen como los responsables de la Pastoral Familiar en la diócesis sevillana, un cargo para el que están ampliamente preparados, gracias a su formación en Ciencias de la Familia y Educación Afectivo-sexual, y a su experiencia en el acompañamiento a jóvenes y matrimonios.

¿Cuál ha sido su trayectoria en la Pastoral Familiar? ¿Por qué empezaron a colaborar con ella?

Como todo en esta vida, el soplo del Espíritu Santo es el que nos llevó hasta aquí. Nuestro origen está en la Pastoral Juvenil. Carmen y yo teníamos nuestras experiencias previas antes incluso de conocernos. Carmen estuvo como catequista en la Obra de la Iglesia y yo fui animador en Pastoral Juvenil en los Salesianos de la Trinidad. Después de casarnos colaboramos en la parroquia de nuestra casa. Éramos catequistas de Postcomunión y Confirmación en la Parroquia de San José Obrero y San Francisco de Paula. En ese ámbito veíamos que era muy necesario atender la formación afectivo-sexual de los adolescentes y jóvenes. Por ello intentamos en varias ocasiones inscribirnos para realizar el curso de monitores de Teen Star, pero nunca nos cuadraban las fechas. El matrimonio que coordinaba Teen Star en aquel momento nos propuso asistir al Máster de Pastoral Familiar del Instituto Juan Pablo II, para probar, y fue ese el primer contacto con la Pastoral Familiar. Desde ese momento, vimos que era necesario atender las realidades familiares y poco a poco fuimos implicándonos cada vez más en las tareas de la Pastoral de Familia y Vida, comenzando como matrimonio de acogida en el COF de Triana hasta llegar al día de hoy.

Llevan varios años sirviendo en la Comisión de la Delegación diocesana de Familia y Vida ¿En qué consiste esta labor?

En nuestra última etapa éramos uno de los seis matrimonios que forman la comisión de la Delegación de Familia y Vida y que sirve de apoyo a los delegados. Así, entre estos matrimonios se reparten las diferentes Vicarías de nuestra Archidiócesis, correspondiéndonos a nosotros la Vicaría Norte y la Vicaría Sevilla II. De este modo, la Delegación está más cercana a los vicarios y a las necesidades de las diferentes parroquias.

Además, impartimos cursos de preparación inmediata al matrimonio, lo que todo el mundo conoce como “cursillos de novios”. También realizamos el acompañamiento de seminaristas, tanto del Mayor como del Menor. Concretamente a los seminaristas del Seminario Menor dándoles formación en materia afectivo-sexual usando los materiales de ‘El lugar del Encuentro’. Finalmente, también hemos sido parte del profesorado de la Escuela Diocesana de Familia y Vida ‘María Reina de la Familia’.

También colaboran con la Conferencia Episcopal en este campo

Nuestra colaboración con la Conferencia Episcopal Española se centró inicialmente en la confección de los materiales para la preparación próxima al matrimonio ‘Juntos en Camino +Q2’.  Una etapa de mucho trabajo que nos permitió conocer las acciones, enfoques y cómo, desde diferentes ángulos, somos muchos los que estamos implicados en difundir la belleza del matrimonio y la familia cristiana.

Además, hemos participado en diferentes encuentros de formación para agentes de Pastoral, y hemos asistido, junto a los miembros de la CEE, a los encuentros mundiales de las Familias de Filadelfia, Dublín y Roma.

Han sido todas unas experiencias bellísimas de comunión, trabajo y de descubrir cómo el Espíritu Santo derrama sus dones y carismas en cada uno de nosotros permitiendo la diversidad dentro de la unidad en la Iglesia.

¿Tienen alguna formación en Ciencias de la familia?

Además de la experiencia de estos años en acompañamiento de familias, novios y jóvenes, realizamos el Máster en Pastoral Familiar del Instituto Juan Pablo II. Si bien nos quedó en el cajón la realización de la tesina. También hemos asistido a diversos cursos de formación para Agentes de Pastoral Familiar en la Conferencia Episcopal Española, para colaboradores en los Centros de Orientación Familiar en la Universidad Francisco de Vitoria y los desarrollados en nuestra diócesis. Igualmente hicimos Teología para Seglares, y los dos tenemos varias asignaturas de Ciencias Religiosas en el Instituto Superior de Ciencias Religiosa de Sevilla. Asimismo, Rafael finalizó los cursos de las Escuelas de Liturgia, Hermandades y Medios de Comunicación y es acólito instituido, mientras que yo (Carmen), por mi profesión en Recursos Humanos, tengo conocimientos en acompañamiento, coaching y mediación.

¿Qué supone este nombramiento para ustedes?

Nos cogió de improviso, pues no nos consideramos los más capacitados para esta misión que supone una gran responsabilidad para nosotros. De todas formas, confiamos en el Señor que hace capaces a aquellos que pone a su servicio. Pues, en contra de lo que reina en el mundo, esto no es un cargo para tener poder, es un cargo para ponerse al servicio de Dios y de la Iglesia de Sevilla. Ya que quien no sirve para servir, ¿para qué sirve?

¿Cuáles creen que son los principales desafíos de la familia en la sociedad actual?

La familia es para el mundo de hoy una luz que debe alumbrar y mostrar el amor trinitario, el amor de comunión y el camino a la santidad. Todo ello frente a un mundo lleno de individualismo, donde se le dificulta la educación de los hijos, donde hay problemas de adicciones, de violencia, rupturas familiares… en definitiva, un mundo lleno de dolor.

Las familias, por tanto, deben ejercer de “hospital de campaña” para otras familias  y ayudar a reconstruir lo derruido, a sanar heridas con la ayuda del Señor.

¿Qué pueden decirnos de los anteriores delegados diocesanos, Juan Manuel Granado y María Dolores Sánchez Campa?

Si dijéramos todo lo que pensamos de Juan Manuel y Mariloli a buen seguro que nos darían una pequeña “regañina” pues no son amigos de recibir halagos. Para nosotros son un referente no solo como delegados, también como matrimonio, familia y amigos. Lo que hoy es la Pastoral Familiar en Sevilla es, obra del Espíritu Santo, a través de sus manos. Han dedicado tiempo, esfuerzo y corazón a la Pastoral de Familia y Vida en Sevilla. Con ellos nacieron los COF’s, se implantaron los Proyectos Raquel y Ángel y tantas otras acciones.

Por todo ello solo podemos dar gracias a Dios por su trabajo y por haberlos puesto en el camino de nuestras vidas. Y, por supuesto, contaremos con su sabiduría y buen hacer para que nos aconsejen y ayuden en nuestra misión.

¿Cuáles serán las principales líneas de acción de la Pastoral Familiar de Sevilla a partir del próximo curso?

Cuando algo funciona es mejor tocar lo menos posible. Si bien, el próximo curso tenemos unos nuevos retos que se unen a los que ya están emprendidos en la actualidad. Por una parte, está la experiencia piloto de la formación para agentes de pastoral en las Vicarías que iniciaremos en la Vicaría Sur. También se están dado ya los primeros pasos para un nuevo COF en esa Vicaria. Por otro lado, queremos consolidar la Semana del Matrimonio y establecer redes de trabajo con los diferentes movimientos familiares para colaborar entre todos, uniendo acciones y esfuerzos. Y lo primero, ponernos al servicio de lo que nuestro arzobispo, monseñor José Ángel Saiz, estime oportuno.

Para llevar a cabo todos estos proyectos imagino que hacen falta muchas manos

Dios no tiene manos, solo tiene las nuestras que las necesita para construir su Reino, ¿cómo no van a ser necesarios matrimonios que colaboren? Y matrimonios de todas las edades: recién casados, con hijos, sin hijos, de mediana edad, “talluditos” y “veteranos”. Todas las perspectivas son necesarias. Familias que se impliquen en sus parroquias, en sus entornos, que construyan la Iglesia desde sus iglesias domésticas. Pero para ello hay que prepararse, es decir, los cristianos de hoy precisamos de mucha formación pues la complejidad de las realidades de la sociedad y de la familia, requiere que nos preparemos para ser realmente una ayuda eficaz en el mundo. De este modo, desde la Delegación de Familia y Vida comenzaremos la experiencia piloto que antes mencionamos con la intención de, en un futuro cercano, llegar a todos aquellos que precisen formación en temas de familia.

¡Nuevos delegados diocesanos de Familia y Vida en nuestra Archidiócesis!

Se cierra una etapa en la delegación de Familia y Vida de nuestra Archidiócesis, pero se abre otra y con gran esperanza presagiamos que vendrá llena de frutos para las familias, dando respuestas a los desafíos de nuestro tiempo.

Rafael E. Muñoz y Carmen Rodríguez, ¡bienvenidos! Aunque siempre habéis estado presente junto a nosotros, formando parte de la Comisión de la Delegación junto a otros cinco matrimonios.

Desde su incorporación a la Comisión, Rafa y Carmen han aportado sus muchos talentos con una actitud mariana que casi no se notaba: Profesores de la Escuela diocesana María Reina de la Familia, máster en Pastoral Familiar y grandes conocedores de la Doctrina de la Iglesia, familia acogedora del COF de Triana. Suelen desplazarse a los pueblos de la Vicaría Norte, sirviendo de gran ayuda a los párrocos en el acompañamiento a las familias. Cercanos a la Pastoral Juvenil en la Parroquia de San José Obrero donde han sido catequistas desde su juventud. Colaboradores en la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española, imparten formación a parejas y matrimonios jóvenes, así como orientación y formación afectivo-sexual en el Seminario Menor.

Su gran amor por la Iglesia les hace estar siempre disponibles cuando se les requiere cualquier necesidad pastoral, abriendo su casa como acogida y ejerciendo así su maternidad y paternidad espiritual, sin escatimar tiempo ni esfuerzos.

Todas estas cualidades, unidas a sus capacidades de escucha y diálogo, su simpatía, inteligencia, su espíritu de sacrificio y su amor por la Iglesia, dan garantía de que aportarán grandes frutos a nuestra Iglesia diocesana en esta nueva etapa.

Mª Dolores Sanchez-Campa y Juan Manuel Granado


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