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El Bautismo del Señor (B)

bautismo-de-jesus-fanoTú eres mi Hijo amado, en ti me complazco

En aquel tiempo, Juan proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias.  Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.  Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacía él como una paloma.  Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

Marcos 1, 7-11

 

Comentario bíblico de Álvaro Pereira

El relato del bautismo, en su versión de Marcos, comienza con una sorpresa: Juan anuncia que detrás de él viene alguien que no bautizará solo con agua —bautismo de conversión para el perdón de los pecados—, sino con Espíritu Santo —bautismo de salvación que inaugurará el Reino—. Sin embargo, a continuación, leemos que Jesús también se somete al bautismo de Juan. Entonces Jesús, ¿es o no es el Mesías esperado? Sí lo es, porque apenas sale del agua el Espíritu se posa sobre él y, como dice la lectura de Hechos, “Dios lo unge con la fuerza del Espíritu Santo”. No obstante, el relato quiere mostrarnos que Jesús es Mesías en forma de siervo: él también se pone en la fila de los pecadores, aunque no haya cometido pecado. Más aún, las palabras de la voz celeste recuerdan las del profeta Isaías, que leemos en la primera lectura, y que se referían al Siervo del Señor, enviado para traer el derecho a las naciones.

Este Mesías Hijo en forma de siervo inaugura los tiempos nuevos de la salvación. Así lo evidencia el evangelista al contarnos que el cielo “se rasga”. A diferencia de Mateo donde solo “se abre”, aquí Marcos quiere recalcar que el cielo ya está de par en par abierto para los hombres. Como un vestido rasgado que ya no se puede zurcir más, así Dios nos promete un acceso expedito a Él, a través de su Hijo muy amado. En bella expresión de un autor de la Iglesia antigua: “Tras muchas eras de alienación, el cielo mismo se ha vuelto cercano: se ha rasgado la barrera entre el cielo y la tierra, el poder de la nueva edad ha comenzado a inundar la tierra y, la voz del Padre se expande por todas partes” (Pseudo-Hipólito, Teofanía, 6). ¡Rasguemos también nuestros corazones para que Cristo pueda reavivar el Espíritu que nos dio el día de nuestro bautismo!

Preguntas:

  1.  Isaías presenta en la primera lectura la vocación del Siervo. ¿Te sientes tú también sostenido y elegido por Dios? ¿A qué vocación te llama en la Iglesia?
  2. Dice Pedro en Hechos que “Dios no hace distinción de personas”. ¿Haces tú acepción de personas en tu trato cotidiano?
  3. Haz un poco de oración con el relato del bautismo. Trata de imaginarte la escena con los ojos del alma. Contémplala.

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