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XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo B)

No estás lejos del reino de Dios

En aquel tiempo,  [un escriba] se acercó y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».  Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor:  amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.  El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él;  y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 Marcos 12, 28b-34

 

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Dt 6,2-6; Sal 17,23.3.4.47.51; Heb 7,23-28; Mc 12,28-34

 

Terminado el camino a Jerusalén, Jesús afronta las preguntas de los dirigentes judíos. En el evangelio de hoy escuchamos la última. Un escriba, prendado por las respuestas anteriores de Jesús, se acerca a preguntarle con buena intención sobre cuál es el mandamiento principal. Una cuestión muy discutida en el mundo judío que distinguía entre mandamientos pesados y ligeros.

Jesús responde con el artículo de fe esencial para todo judío, el Shemá (“Escucha”), que recoge la primera lectura (Dt 6,4-9). Esta oración diaria, afirma la unicidad de Dios y manda amarlo con todo el ser. Pero a Jesús no le basta con definir el primer mandamiento, es necesario añadir el segundo para entender la síntesis de la ley: el amor al prójimo (citando Lv 19,18).

El escriba ensalza la sabiduría del Maestro, y retomando sus palabras comprende la novedad de su enseñanza, que no diferencia los dos mandamientos, sino que los une (“y”) en uno solo. El escriba reconoce, con la tradición profética, la supremacía del amor sobre los sacrificios y holocaustos (cf. Os 6,6).

Jesús cierra el encuentro elogiando esta “sensata” respuesta del escriba que lo sitúa cerca del Reino. Ya conoce lo que marca la ley para llegar al Reino de Dios, solo le falta ponerlo en práctica y seguir a quien ha hecho “cercano” el Reino (Mc 1,15), y así recorrer el camino que le queda para entrar en él.

Jesús revela la concreción del amor a Dios y al prójimo. Confiando en Dios, que es roca, alcázar y fortaleza del creyente (Sal 17), ha hecho una entrega total de amor al Padre y al prójimo hasta dar su vida entera en sacrificio (2ª lectura). Un amor sacrificial que ha establecido de una vez y para siempre la alianza entre el Padre y la humanidad y ha instaurado el Reinado del Amor.

 

  1. ¿Cuál es tu norma suprema de vida? ¿Cómo llevas a la práctica los mandamientos principales que proclama Jesús?
  2. ¿Hay algo que te impide amar a Dios con todo tu corazón?
  3. ¿En qué medida vives en clave de amor oblativo? ¿Amas incluso asumiendo la “cruz”, el sacrificio?

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