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XVII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Pedid y se os dará

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».  Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino,  danos cada día nuestro pan cotidiano,  perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».

Y les dijo: «Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes,  pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”;  y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”;  os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.  Pues yo os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá;  porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.  ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez?  ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 13 Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

 Lucas 11, 1‑13

Comentario bíblico de Antonio Guerra

Gn 18,20-32; Sal 137; Col 2,12-14; Lc 11,1-13

Pedid y se os dará”. Hoy las lecturas, especialmente el Génesis y el Evangelio, invitan a la oración incesante, oración que es animada por una confianza de hijos ante un Dios que “es más grande que nuestro corazón” (1Jn 3,20) y mucho más bueno que cualquier padre de esta tierra (cf. Lc 11,13). Muchas veces el punto de partida de la oración es la condición desesperada (Sodoma) o una situación de necesidad: “no tengo nada” (Lc 11,6). A partir de aquí se puede optar por dos caminos: o tirar la toalla creyendo en un destino fatalista de la vida, o mostrar que creemos en la amistad de Alguien que puede ayudarnos y atrevernos a pedirle ayuda. Al amigo no le importa molestar a su amigo a media noche, y Abrahán se dirige a Dios con mucha audacia: “me he atrevido a hablar a mi Señor” (Gn 18,27.30.31.32). Ambos interceden con insistencia y obtienen lo que han pedido haciendo verdad el “mucho puede la oración insistente del justo” (Sant 5,16).

Sin embargo, Jesús se encargará de situarnos de modo correcto delante de Dios, para no caer en la “tentación” de hacernos una imagen falsa de su Padre, creyendo ilusoriamente que ÉL se “plegará” y “concederá” todo lo que le pidamos, ya que es sencillamente todopoderoso. Jesús enseña a los discípulos a llamar a Dios “Padre” para introducirlos en una relación de confianza propia de un hijo con su padre, asegurando la escucha favorable de la oración. Las parábolas del evangelio invitan a la confianza, por eso animan a la insistencia, pues Dios responderá mejor que cualquier padre terreno. Sin embargo, Jesús no asegura que nuestros deseos sean inmediatamente atendidos, sólo nos garantiza que Dios Padre da únicamente cosas buenas.

Orar con la Palabra:

  1. No me molestes, la puerta está cerrada” ¿Puedes mencionar casos en los que tu oración no ha sido escuchada?
  2. Pedid y se os dará” ¿Podríamos decir que el cansancio en la oración proviene quizá de su aparente inutilidad?
  3. Vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden”. Este Espíritu nos permitirá clamar a Dios “Abba, Padre” (Rom 8,15)

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