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XIV Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Descansará sobre ellos vuestra paz

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.  Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.  ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.  No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.  Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”.  Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.  Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.  Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”.  Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”.  Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad.

Los setenta y dos volvieron con alegría, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».  Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo.  Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.  Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

Lucas 10,  1‑12.  17‑20

Comentario bíblico de Pablo Díez

Is 66,10-14c; Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a, 16.20; Gal 6, 14-18; Lc 10, 1-12. 17-20

El profeta Isaías presenta la acción benéfica de Dios sobre su pueblo a través de la alegoría materno-filial. La rehabilitación de la ciudad santa, provoca el júbilo de sus hijos que sufrieron por ella, y ahora la festejan. Ella les paga con consuelos multiplicados, que tienen a Yahvé como autor y vienen expresados con las imágenes de: la paz total, la gloria de las naciones, y el retorno de los hijos dispersos. Estamos ante una revitalización del pueblo expresada a través de la metáfora de los huesos, signo de lo perenne. Si la tristeza seca los huesos (Sal 31,10; 32,3), el gozo y la satisfacción los vivifican (Is 44,3). En el evangelio, la fuente de gozo cristiano está en la convicción de ser conocidos por Dios y estar protegidos por Él, de haber sido elegidos y sentirse amados desde toda la eternidad. Esto se expresa a través de la imagen de la inscripción de los nombres en el cielo (Lc10,20), registro de los que pertenecen a Dios (Sal 69,29; Mal 3,16). Lo cual se manifiesta en la vida presente en la convicción que tienen los fieles del vínculo que les une al Padre por medio del Hijo, y que garantiza el éxito de la misión apostólica que les es conferida.

Orar con la Palabra

  1. La alegría que revitaliza los huesos secos.
  2. Inscritos en el cielo: el gozo de la elección.
  3. La unión con el Padre a través del Hijo: garantía para la misión.

 


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