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VIII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)

De lo que rebosa del corazón, habla la boca

Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?  No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.  El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

Lucas 6, 39‑45

Comentario bíblico de Álvaro Pereira

En el Evangelio de hoy escuchamos las parábolas finales del discurso lucano de la llanura. Jesús recurre a la tradición de los sabios de Israel —por eso se lee el libro sapiencial del Eclesiástico como primera lectura— para presentarnos la vieja enseñanza de los dos caminos, a través del símil de los dos árboles: el árbol bueno da buenos frutos; el dañado, malos. ¿Qué clase de árbol eres tú?

Antes, Jesús habla de dos ciegos: un ciego no puede guiar a otro ciego. Con ello, el maestro quiere enseñar que un creyente, mientras permanezca en la ceguera del pecado, no puede guiar con sus consejos a otros. Jesús, por tanto, exhorta a la formación y maduración cristiana de los fieles, especialmente de los guías de la comunidad. La siguiente exhortación —también del ámbito visual— consiste en sacar la viga del ojo propio y no fijarse en la mota del ajeno. Jesús precave así contra la tentación de deformar la imagen de los otros, mientras se defiende a toda costa la imagen propia. En conclusión, los dichos propuestos hoy son una seria invitación a una vida más auténtica, que nazca de la verdad del corazón, y sea más respetuosa con el bien del hermano.

Si la primera lectura y el evangelio pertenecen a la tradición sapiencial, en la que se confía en el hombre y su capacidad de cambiar las cosas; en la segunda lectura, san Pablo nos propone un texto de tradición apocalíptica, en la que se subraya la absoluta prioridad de Dios: solo Dios puede vencer al pecado que nos atrapa y liberarnos de la muerte que nos aflige. El texto es muy alegre, una acción de gracias a Dios por haber vencido a la muerte con la resurrección de su Hijo y habernos concedido una nueva esperanza. ¡Confiemos y esforcémonos!

Preguntas:

  1. En el texto aparecen diversos órganos corporales (ojo, corazón, boca). Repara en ellos. ¿Eres coherente y vives en unidad de vida, como tus miembros también están unidos?
  2. El ojo aparece varias veces en el evangelio. Puedes leer también Lucas 11,34. ¿Cómo es tu mirada?
  3. Considera que, en la segunda lectura, san Pablo se encara con la muerte. ¿Te da miedo la muerte? ¿Cómo vencer este miedo ante la victoria de Cristo?

 


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