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V Domingo de Pascua (Ciclo A)

Yo soy el camino y la verdad y la vida

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.  En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar.  Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.  Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».  Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».  Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.  Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».  Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».  Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?  ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras.  Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

 En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.

Jn 14, 1‑12

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Hch 6,1-7; Sal 32; 1Pe 2,4-9; Jn 14,1-7

El tiempo pascual prosigue y las lecturas nos ayudan a profundizar en la identidad de Jesús y de los cristianos. El evangelio nos remonta a las palabras de despedida de Jesús en la última cena. Anima a sus discípulos a no perder la calma y a tener fe en Dios Padre y en él, su Hijo. Se marcha para prepararnos sitio y volverá para llevarnos con él. Tomás le pregunta por el lugar a donde va y el camino para ir. La respuesta de Jesús constituye un referente cristiano perenne: “yo soy el camino, la verdad y la vida”. La esperanza cristiana está en Jesucristo, por él vamos al Padre, en él encontramos la verdad que nos sostiene, y de él recibimos la vida eterna que supera y vence al mal y a la muerte para siempre. Nos deja con una certeza: haremos sus mismas obras; basta con creer en él.

El relato de los Hechos indica cuáles son esas obras: predicación de la Palabra y el servicio-caridad. Estos elementos, junto a la oración, son imprescindibles y por eso no se pueden suprimir ni evadir. Los apóstoles, como testigos predilectos de la buena nueva de Jesús, se encargan de la predicación y nombran a un grupo de siete hombres llenos de fe y Espíritu Santo para la atención de las necesidades de la iglesia. Si la predicación rememora las obras de vida del Maestro, la caridad las manifiesta en la comunidad de sus seguidores, sustentados en la fuerza de la fe y la oración.

Como muestra el apóstol Pedro, Cristo es la piedra viva y angular en la que estamos apoyados como piedras vivas, para edificar el templo del Espíritu con la ofrenda de la propia vida, gastándola en servicio de los demás. Todos formamos este pueblo elegido, sacerdotal, consagrado y destinado por Dios a proclamar las maravillas del Resucitado.

Orar con la Palabra

  1. ¿Qué te hace perder la calma? ¿En qué modo te ayuda la fe en el Señor y te serena su palabra?
  2. ¿Es Jesús tu camino, tu verdad y tu vida? ¿Por qué?
  3. ¿Eres consciente de ser piedra viva de la Iglesia? ¿Cuál es tu misión y dónde la realizas?

 


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