‘Una calle para el señor Cardenal’, carta pastoral del Arzobispo de Sevilla

Queridos hermanos y hermanas:

El pasado día 25 de marzo, el Ayuntamiento de Sevilla nos citó a la ceremonia de dedicación de un tramo de la calle Placentines, justamente el que coincide con el costado este del Palacio Arzobispal, al señor cardenal fray Carlos Amigo Vallejo, arzobispo emérito. Todos conocemos el largo capítulo de merecimientos que a lo largo de veintisiete años de pontificado ha ido atesorando el señor Cardenal. Su amor a Sevilla y a su provincia fueron reconocidos hace tiempo con la concesión de los títulos de Hijo adoptivo de Sevilla y de la provincia, y de otros muchos títulos y condecoraciones.

En esta carta semanal quiero referirme casi exclusivamente a su condición de pastor, destacando el mayor bien que fray Carlos ha hecho a esta tierra, entregándonos el mejor tesoro que posee la Iglesia, Jesucristo, fuente de sentido y esperanza para el mundo, fuente de gozo y de alegría, de firmeza, seguridad y consistencia para cada uno de nosotros.   A lo largo de veintisiete años de generosidad fecunda, el señor Cardenal ha presidido miles de veces la Eucaristía en nuestra catedral y en nuestras parroquias, haciendo presente el misterio de nuestra redención para el perdón de los pecados y para la salvación de todos los hombres.

En su pontificado, el papa Juan Pablo II visitó dos veces Sevilla, en 1982 para beatificar a santa Ángela de la Cruz, y en 1993 para clausurar el Congreso Eucarístico Internacional.  A lo largo de su servicio a nuestra Archidiócesis, fray Carlos ha ordenado en torno a 270 sacerdotes diocesanos, cerca de 130 presbíteros del clero regular y alrededor de 50 diáconos permanentes, confirmando anualmente en unos 4.000 candidatos. En este periodo ha visitado incansablemente las parroquias predicando el Evangelio, enseñando las verdades de la fe, alentando la vida cristiana y el crecimiento de nuestras comunidades, edificándolas con el testimonio sereno de su pro­pia vida.

No puedo olvidar sus visitas continuas a las parroquias de una Archidiócesis tan dilatada como la nuestra. En esas ocasiones, los sacerdotes y los fieles y, sobre todo, los pobres, los enfermos y los que sufren, han podido experimentar la sencilla cercanía de su arzobispo, viendo en él al pastor bueno, que hace presente a Jesucristo Buen Pastor y rabadán del rebaño, que cuida, guía y apacienta a sus ovejas, busca a la oveja perdida, cura y robuste­ce a las más pobres, cansadas o enfermas. También los consagrados, y singularmente las monjas de clausura, pudieron experimentar su cercana paternidad y sus permanentes desvelos por la Vida Consagrada. Los miembros de las Hermandades sintieron también su solicitud de pastor en una parcela verdaderamente decisiva en la vida de esta Iglesia. Otro tanto cabe decir de Cáritas diocesana y sus obras, cuidadas especialmente por don Carlos.

Por medio de las numerosísimas coronaciones de imágenes de la Santísima Virgen, el señor Cardenal contribuyó a enraizar todavía más la devoción a Nuestra Señora en esta parcela de la tierra de María Santísima, que se honra en tener como reina y patrona a la Virgen de los Reyes.

En su pontificado se restauraron o construyeron ex novo 78 templos, se restauró una parte importante del Palacio Arzobispal, dotándole de unos espacios modélicos con destino al archivo histórico. Se unificaron los tres cuerpos de la Biblioteca, la colombina, la capitular y la arzobispal. Al mismo tiempo se recuperó el tercer patio del palacio, construyendo el Hotel Los Seises, como servicio a la ciudad y como fuente de ingresos para el sostenimiento del inmenso inmueble sede del arzobispado. En su tiempo se construyó el nuevo edificio moderno y funcional del Seminario y del Centro de Estudios Teológicos. Igualmente fue iniciativa del señor Cardenal la rehabilitación del complejo del monumento al Sagrado Corazón, sobre todo la Casa de Ejercicios de Betania.

Sólo Dios, nuestro Señor, en su sabiduría infinita que todo lo abarca, conoce con perfección y con detalle lo que nosotros simplemente imaginamos o intuimos, los dones cuantiosísimos que Dios ha concedido a la Iglesia en Sevilla a través del servicio episcopal de fray Carlos, y los fecundos frutos sobrenaturales y apostólicos que ha deparado a nuestra ciudad y a nuestra archidiócesis a través suyo. Por todo ello damos gracias a Dios, y un servidor da gracias también al señor Alcalde y a la corporación municipal, que ha querido honrar al señor Cardenal concediéndole una calle de nuestra ciudad. Ello es signo del aprecio que les merece Fray Carlos y del aprecio que les merece nuestra Iglesia diocesana. Felicito a los miembros del Ayuntamiento y les agradezco su generosidad. Felicito, por fin y sobre todo al señor Cardenal y a su familia, al mismo tiempo que invito a todos a pedir al Señor que le siga concediendo salud, paz, gracia y alegría.

Para todos los que leéis semanalmente esta carta, mi saludo fraterno y mi bendición. Feliz domingo, feliz día del Señor.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

 


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