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Un sueño ecológico (Serie Amazonia IV)

De acuerdo con el Papa Francisco, en la Amazonía se comprenden mejor las palabras de Benedicto XVI cuando decía que “además de la ecología de la Naturaleza hay una ecología que podemos llamar humana y que a su vez requiere una ecología social”. Somos muchos los ecólogos que no diferenciamos entre tipos de ecología. La idea, tanto de Benedicto XVI como de Francisco es una ecología global, es decir, una forma de comprensión que nos haga entender el papel del ser humano en el planeta y la necesidad de cuidar la casa común. El cuidado de las personas y el cuidado de los ecosistemas son inseparables, no recuerda el Papa Francisco y la sabiduría de los pueblos de la Amazonía nos invita a ello. Los que hemos tenido el privilegio de visitar selvas y percibir la vida de sus habitantes nos damos cuenta de lo equivocado que esta el mundo y la injusticia histórica, con nuestro afán colonizador, de conquista y robo de recursos y bienes, que se ha cometido con muchos pueblos. Y me temo se comete aún cada día. La Amazonía nos muestra la cara de las culturas que viven en paz con ellos y el medio, y la cara de la rapiña cuando tratamos de cambiar sus vidas para satisfacer las necesidades del llamado mundo civilizado, un consumidor insaciable.

Dice el Papa Francisco que abusar de la Naturaleza es abusar de Dios. ¿Qué no entendemos de esta frase? El Papa nos recuerda que en la Amazonía el agua es la reina. El agua es un bien colectivo y sagrado con el que no se puede comerciar, ni se puede envenenar. ¿Cuántas zonas del planeta tiene un agua que no se puede beber porque la hemos envenenado? El Papa Francisco avisa que las próximas guerras serán guerras del agua. Dice el Papa que el agua deslumbra en el gran Amazonas que recoge y vivifica todo a su alrededor. La inmensidad de la Creación puede verse en estos grandes ríos de Sudamérica y en los pueblos que los habitan, como el Amazonas y el Paraná. ¿Por qué no dejamos a estos pueblos vivir en paz? Manifiesta el Papa en el documento que comentamos la verdad insoslayable es que, en las actuales condiciones, con este modo de tratar a la Amazonía, tanta vida y tanta hermosura están tomando el rumbo del fin. Es muy triste que nuestro modo de vida puede contribuir a destruir la belleza y la vida, muchos modos ancestrales de vida. Hay que entender que el equilibrio planetario depende de la Amazonía. La ecología nos muestra esta idea de forma clara a través de la ecología de sistemas.  La vida está entrelazada y nosotros formamos parte de ella. Los grandes bosques del planeta secuestran dióxido de carbono evitando el calentamiento global que nuestro modo de vida genera. También los grandes bosques, como los de la Amazonía, suministran oxígeno para la vida en la Tierra. Su función es clara y determinante para el equilibrio. ¿Porqué los destruimos? ¿No podemos desarrollarnos adecuadamente sin atentar contra la casa común? Deberíamos meditar sobre ello y el Papa Francisco nos invita a ello. Los grandes bosques contribuyen a evitar el cambio climático que tantas vídas se lleva y tanto sufrimiento causa. La Amazonía contribuye al bienestar planetario además de ser un hábitat para muchas personas en equilibrio con la Naturaleza. El problema de la Amazonía no es solo un problema local, es global. El Papa Francisco llama a la conciencia internacional para conseguir soluciones globales que permitan la persistencia de las infinitas comunidades locales y su medio natural, con la seguridad de que es bueno para el conjunto de la casa común., Existe un grito de la Amazonía al Creador. Nuestro mundo es muy bello, lleno de vida, de biodiversidad, debemos lograr un equilibrio que permita el deseable desarrollo de los pueblos, con sus características particulares, y el equilibrio del planeta, nuestra casa.

Dice el Papa Francisco que si entramos en comunión con la selva fácilmente nuestra voz se unirá a la de ella y se convertirá en oración. Seguro que muchos hemos sentido algo parecido alguna vez al contemplar la Naturaleza. Hay muchas formas de orar. La contemplación de la Naturaleza, por ejemplo del conjunto de la Amazonía, podrá generar una conversión interior que nos permitirá llorar por la Amazonía y gritar con ella ante el Señor. La Iglesia, dice el Papa, con su renovada conciencia sobre el valor de la creación también quiere aportar al cuidado y al crecimiento de la Amazonía. Debemos extender como Iglesia esta idea a todo el conjunto del planeta y actuar en consecuencia, desde lo local a lo global. Nuestras acciones a nivel local tienen una incidencia global, en la Tierra como sistema, que debemos meditar desde el conocimiento.

 


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