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UN CIRIO DE PALIO ENCENDIDO

Fui yo quien te engarzó en la valiosa joya de una señora elegante, una Señora del barrio de San Vicente, de ojos grandes y corazón traspasado, a la que por el día de su santo, cada año, un viernes que llamamos de Dolores, tras dejarle un beso en su divina mano, le regalamos una joya, la misma pero siempre distinta, que le dicen paso de palio.

Fui yo, querido cirio, quien te engarzó, como una piedra preciosa, en la joya de la Señora. Era una noche de marzo, ha hecho ahora dos años. De la mano de tu prioste, en un ritual aprendido en tantas noches de fundir que se prolongan hasta el alba por San Vicente, te fijé en el candelero. Y aquel Lunes Santo, primera tanda de candelería, alumbraste su cara y fuiste oración en nombre de los que no pueden volverse para rezarte, disciplina de nazarenos de ruán. Y en aquella Pascua, tras la misa de acción de gracias delante del palio, retornaste a mis manos, más pequeño y también llorando lágrimas de cera como queriendo imitar a la Señora elegante de San Vicente. Te llevé a mi casa no como un simple recuerdo, sino como un signo de amor y un tesoro valioso de esos que guardamos con celo y algunos no comprenden. Un cirio gastado que fue luz de Lunes Santo y nunca pensé en volver a encender.

Se han ido marzo y abril con la mayor de las amarguras, por una enfermedad que ha destrozado vidas y nos ha robado una Semana Santa. Y digo robar, porque las semanas santas las tenemos contadas para cada uno, y no vuelven. Y tú, querido cirio, en marzo y abril volviste a darnos luz, encendido sobre la sencilla mesa del despacho de casa, donde en estos días de encierro nos hemos congregado muchos días los nazarenos de las Penas, sin antifaz pero con el cinturón de esparto hecho nudo de emociones en la garganta, para escuchar al Resucitado y sentarnos a comer con él al atardecer del día, y reconocerle al partir el pan mientras le hablábamos de nuestros temores.

Has sido tú de nuevo, querido cirio, un sacrificio ofrecido en plegaria pidiendo fortaleza a Aquel en quien podemos todo. Tu luz en la Eucaristía doméstica nos ha permitido seguir caminando y confiando. Hay quien dice que estas misas no han valido, que no tienen eficacia sacramental, que encerrarse es de cobardes. Pues que le pregunten a los que han convertido el ordenador y la televisión en un altar doméstico, cuando han llegado a casa tras repartir alimentos o mascarillas, tras venir de hacer la compra a un hermano anciano y solo, o de vuelta del Economato cerca de San Lorenzo. Que le pregunten a las familias que no se han movido para preservar su salud y la de todos, a los niños que no han estrenado la túnica, pero cada tarde, con sus padres, han visto el cirio encendido, junto a otro más grande, morado, que fue alumbrando al Señor caído de San Vicente.

Nunca pensé en encenderte más, querido cirio. Y ahora que, Dios mediante, volveremos a reunirnos en el templo, un poco más distanciados y con otro tipo de antifaces, doy gracias al Señor por habernos hecho entender aquello que decía San Pedro: “también vosotros, como piedras vivas entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo” (1 Pe 2, 5). Somos piedras vivas del templo de la Iglesia. Cada nazareno sin túnica, cada familia de la hermandad, ha sido piedra viva de una Iglesia sobre la que nada ni nadie prevalecerá, ni virus ni enemigos más grandes. Una Iglesia que ahora vuelve a otros lugares consagrados, pero sabiendo que el primer y más grande lugar consagrado para el Señor es el alma, el corazón, la conciencia.

Querido cirio, que un día fuiste luz para la joya de la Señora de los Dolores y ahora lo has sido en nuestras misas de confinamiento, te seguiré encendiendo por los que se fueron y por la salud de los que permanecemos, mientras vamos desgranando el rosario y lo vamos terminando con una letanía de piropos… Madre de las familias, ruega por nosotros…


8 comentarios

  1. Alberto 13:08, May 06, 2020

    Chapó.. . Espiritualidad intimista, de búsqueda, acercamiento, reflexión que Invita al cambio personal… Gracias amigo Marcelino, gracias por marcarme los caminos para intentar ser cirio para saber iluminar. Un abrazo grande y que Dios te premie abundantemente.. De corazón, Alberto,

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  2. Paco Polo 14:54, May 06, 2020

    La grandeza de la Iglesia hecha perdona, la humildad personificada, el corazón de un ser humano del tamaño de nuestra Catedral. Ese es D.Marcelino, y gracias a él y a la luz de su altar domestico hemos recibido la paz y el sosiego necesario para afrontar el reto de salir en ayuda de nuestros hermanos.
    Gran artículo como grande es el corazón de su autor. Gracias y gracias, siempre hermano.

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  3. Miguel García 15:07, May 06, 2020

    Gracias querido D. Marcelino, aún tengo grabado en mi retina ese mometo en el que fundirse ese cirio para alumbrar el Lunes Santo a la Reina Dolorosa en el templo catedralicio que es su paso de palio. Ese cirio encendido se ha convertido para los hermanos de Las Penas en un faro de Fe y Esperanza. Un fortísimo abrazo.

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  4. M. Amparo 23:12, May 06, 2020

    Precioso

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