Tradiciones sevillanas para un Adviento mariano

Tradiciones sevillanas para un Adviento mariano

Este domingo, en los templos y hogares se encenderá la segunda vela de la corona de Adviento. Vela morada, como corresponde a tres de los cuatro domingos de este tiempo que antecede a la Navidad. Cuatro semanas que empezamos el domingo más próximo al 30 de noviembre y que nos conducirá hasta la víspera navideña, el 24 de diciembre, con un objetivo inequívoco: avivar en los creyentes la espera del Señor.

Si alguien regresara a Sevilla después de años de ausencia, sería imposible que paseara por el centro de la ciudad  abstraído de un ambiente, luces, músicas y olores que invitan a sentir algo que no tendrá mucha –ninguna- relación con el mensaje de la Navidad, pero lo cierto es que llega de su mano. La Navidad, en este caso como excusa, como referencia comercial, sin límite, con un arranque temporal cada año más adelantado. En buena lógica, este hipotético visitante correría serio riesgo de llegar a la cita de la Nochebuena no sin ciertas dosis de hartazgo. Los psicólogos, incluso, utilizan el término hipercopresencia para denominar las controversias que detectan estos días como consecuencia de un contacto más intenso con las personas que, en teoría, forman parte de nuestro entorno. Es fácil, en suma, que tanto este Adviento mal entendido como la Navidad, devengan en algo diametralmente distinto del acontecimiento que le da sentido. Por ello, quizás debiéramos salir del campo de visión, abstraernos de este escenario a veces forzado y revisar si nuestras actitudes, nuestras vivencias y, también, nuestras rutinas prenavideñas se corresponden con el gran acontecimiento que nos congrega en torno a aquel Misterio que cambió el curso de la historia. Y convendremos que sí, que es posible.

El término Adviento viene del latín adventus, que significa venida, llegada. Como señala el Arzobispo en su carta para este fin de semana, “hemos de vivir el Adviento con intensidad y esperanza”, y, para ello, la Iglesia dispone en Sevilla de una variada propuesta de crecimiento espiritual y renovación interior. Es el caso de los retiros que se organizan en parroquias, congregaciones religiosas, movimientos y hermandades, con objeto de vivir estos días en un clima propicio que suele incluir celebraciones penitenciales en las que se propone el sacramento de la reconciliación como preparación para la Navidad.

Inmaculada, Esperanza, Loreto, Guadalupe, Rocío…

El Adviento sevillano es mariano. Los fieles de esta Archidiócesis tienen grabadas en el calendario más íntimo de este mes unas fechas que nos llevan invariablemente ante la presencia de la Virgen. Si bien la solemnidad de la Inmaculada marca de alguna manera el inicio de ciertos ritos (el Belén en templos, hogares y la vía pública, como máximo exponente), este diciembre mariano nos habla de la Esperanza. Monseñor Asenjo subraya esta hermosa circunstancia, y nos dirige la mirada a “la esperanza en el Dios que viene a salvarnos, que viene a dar respuesta a nuestras perplejidades y sinsentidos, a poner bálsamo en nuestras heridas, a devolvernos la libertad y a alentarnos con la promesa de la salvación definitiva, de una vida eterna, feliz y dichosa”.

Las largas colas que se forman el día 18 ante las puertas de los templos con esta advocación tienen un hermoso anticipo en la calle Castilla, con la celebración la noche anterior de la Candelá en la Parroquia de la O, un anuncio de la cita con la Esperanza en el que no faltan luminarias y toques de cornetas. Diciembre de la Inmaculada –con la Octava en la Catedral y el tradicional baile de Seises- y diciembre de la Esperanza. También de Loreto y Guadalupe, los días 10 y el 12, respectivamente. O del Rocío, como bien saben los vecinos del Divino Salvador cada 22 de diciembre.

De la espera de María al quinario del Gran Poder

En Castilleja de la Cuesta o en las casas de las Hermanas de la Cruz (por citar dos casos con cierto arraigo), los Belenes tienen un acento que podríamos calificar como expectante. Guardan una estricta relación con el relato previo al Nacimiento, evocando escenas que rara vez encontramos en las representaciones del misterio de la Navidad. En esta línea, destaca igualmente la tradición del Niño Jesús del convento del Santo Ángel o de la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles y San José de Calasanz, en Montequinto.

La ruta navideña nos conduce también hasta el monasterio de las Comendadoras del Espíritu Santo, con ocasión del Niño Milagroso, durante la festividad del Dulce Nombre de Jesús. Y a la plaza de San Lorenzo, donde no pocos sevillanos ubican con emotiva precisión el corazón de la ciudad. El Quinario del Señor del Gran Poder, con la función principal el día de la Epifanía, pondrá el broche de oro a la celebración de la Navidad en Sevilla.

Belenes, campanilleros, ilusión, sí. Pero también oración, recogimiento y contemplación, de la mano de María. Este es el Adviento que la Iglesia nos propone, y que los sevillanos tenemos, un año más, al alcance.


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