‘Toma tu cruz y sígueme’, un estilo de vida y hermandad

‘Toma tu cruz y sígueme’, un estilo de vida y hermandad

La Hermandad de la Vera Cruz de Sevilla celebró en 1948 los quinientos años de su fundación. Aquella efeméride no podía quedarse en un mero recordatorio, máxime teniendo en cuenta la larga tradición crucera presente no sólo en la capital hispalense, sino en el resto de la Archidiócesis, de Andalucía, España y, por extensión, en algunos países del continente americano. La corporación sevillana estuvo acompañada en la celebración de su V Centenario por hermandades de Andalucía Occidental, y allí empezó a gestarse la creación de la Confraternidad de Hermandades y Cofradías de la Vera Cruz, un proyecto que, finalmente, vio la luz en septiembre de 1968. Estos días se cumplen sus bodas de oro, el momento elegido para la celebración en Sevilla del VI Congreso Internacional y la XXXV Peregrinación Nacional de Hermandades y Cofradías de la Vera Cruz.

Se cumple medio siglo de hermandad, de investigación y proyectos comunes. Cincuenta años que han servido entreotras cosas para profundizar en una historia de religiosidad que marca una parte destacada de la piedad popular en el sur de España. De ello dan fe las reglas de hermandades andaluzas recogidas en los dos volúmenes coordinados por el catedrático emérito de Historia Medieval, José Sánchez Herrero. De las 240 reglas incluidas en esta relación, unas sesenta pertenecen a corporaciones cruceras. El dato es revelador de un contexto social y religioso que cuenta con un antecedente documentado el año 1281 en Santo Toribio de Liébana.

La investigación en torno a la devoción a la Cruz de Cristo, el Lignum Crucis (leño o madero de la Cruz del Señor) es una de las prioridades de los cinco congresos organizados por la Confraternidad hasta la fecha (en Sevilla, Caravaca, Bilbao, Zamora y Málaga). Sánchez Herrero admite que sigue habiendo aquí mucho margen para el estudio, entre otras cosas porque las hermandades de la Vera Cruz cuentan con fondos documentales en algunos casos inéditos, que podrían arrojar datos interesantes de la historia de la sociedad y la Iglesia allí donde se creó una corporación con esta advocación. Junto a esta inquietud científica se ha planteado la posibilidad de catalogar el patrimonio artístico de las hermandades incluidas en la Confraternidad, un objetivo que requiere una dedicación y unas partidas económicas que, de momento, no se han podido concretar.

Toma tu cruz y sígueme’. Esta frase que recogen los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, marca la idiosincrasia de las hermandades que coinciden en esta antiquísima advocación a la Cruz y la Sangre de Cristo. “Un lema en el que –subraya José Sánchez Herrero- se ven reflejados todos los hermanos de la Vera Cruz, de Sevilla y del resto del mundo”. “De hecho, el crucero se identifica por su amor a la Cruz de Cristo y tenerla siempre presente en su vida”, añade. Estamos ante cofradías sencillas, con un sello radicalmente austero, en el que se reconocen miles de hermanos en todo el mundo.

Congreso y peregrinación nacional

Estos días se reúnen en Sevilla representantes de un número importante de corporaciones. Pero el Congreso Internacional no será la única excusa para el encuentro entre cofrades de la Vera Cruz. Otra actividad organizada por la Confraternidad, esta con periodicidad anual, es la peregrinación nacional. En torno a ellas “se promueve la devoción a la Santa y Vera Cruz, se establecen vínculos de unión entre las hermandades y cofradías, se promueve la vida espiritual de las hermandades y supone, también, palanca de impulso para la reorganización y creación de nuevas hermandades de la Vera Cruz”. El XXII Encuentro de Jóvenes Cruceros será el tercer evento que acogerá Sevilla estos días en el marco de las bodas de oro de la Confraternidad.

El Lignum Crucis

Todo fragmento o astilla procedente de la Cruz de Cristo se denomina Lignum Crucis. El madero en el que fue crucificado el Señor fue hallado por Santa Elena, la madre del emperador Constantino, en torno al año 325 en el Gólgota de Jerusalén. Para evitar expolios, la Santa Cruz fue dividida en varios trozos, que fueron custodiados en Roma, Constantinopla y Jerusalén (las dos últimas se perdieron a lo largo de la historia), y el último se fragmentó en pequeñas astillas para repartirlas por las iglesias del mundo entero. Este fue el origen de muchas hermandades de la Vera Cruz. La reliquia de mayor tamaño, con el agujero de uno de los clavos, se conserva en Liébana.

 


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