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Solemnidad de Todos los Santos (XXXI Tiempo Ordinario- ciclo A)

Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en el cielo

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.  Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.  Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Mateo 5, 1-12a

Comentario de Miguel Ángel Garzón

Ap 7,2-4.9-14; Sal 23; 1Jn 3,1-3; Mt 5,1-12

Las lecturas nos sitúan tanto en la dicha final (escatológica) de los que participan de la gloria de Dios y su Reino, como en el camino que los ha llevado a esa meta. Así, en el evangelio de Mateo, Jesús proclama las bienaventuranzas desde el monte (la nueva ley). En ellas sanciona la felicidad tanto de los que soportan la injusticia del mundo (los que sufren, los que lloran, los perseguidos) como de los que luchan contra ella teniendo ciertas actitudes (pobres de espíritu, limpios de corazón, misericordiosos, trabajar por la paz y la justicia). Unos porque encuentran el amor consolador y liberador de Dios manifestado en Cristo Jesús y otros porque con su estilo de vida posibilitan que este amor siga llegando a los sufrientes. Jesús invita a la perseverancia y a la felicidad en medio de las dificultades asegurando la recompensa del Reino en el cielo.

A ese punto dirige la mirada el pasaje del Apocalipsis que narra la suerte final de “los siervos de Dios”. Marcados para escapar de la desgracia, son los descendientes de Israel y de los apóstoles (12×12=144) junto a una muchedumbre de todos los pueblos. Se describe su victoria junto a Dios y Cristo Resucitado. Han pasado por la tribulación a causa de su testimonio (palmas: martirio), participando en la muerte y resurrección de Cristo (vestiduras blancas) que ha hecho posible el misterio de la salvación (blanquear con su sangre): el paso de la muerte a la vida.

Se observa el trasfondo bautismal que, como afirma el apóstol Juan, revela la identidad de los salvados: ser hijos de Dios. Una realidad presente que espera su verdadera manifestación: ser semejantes a Cristo Resucitado, contemplándolo con la misma gloria. Caminar de cara a Dios con esa esperanza otorga la “pureza”, la santidad.

 

  1. ¿Tienes las bienaventuranzas cómo programa para conformar y revisar tu vida cristiana?

 

  1. ¿Buscas vivir en santidad? ¿De qué medios te vales?

 

  1. ¿Cómo te ayuda la esperanza de la que nos hablan las lecturas a superar las dificultades del camino de la fe?

 

 

 


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