Sevilla y el Rocío. Apuntes de una filiación mariana

Sevilla y el Rocío. Apuntes de una filiación mariana

“Entrado el siglo quinze de la Encarnación del Verbo Eterno, un hombre que, o apacentaba ganado, o había salido a cazar, hallándose en el término de la Villa de Almonte, en el sitio que llamaban de La Rocina (…) miró una Imagen de la Reyna de los Ángeles de estatura natural, colocada sobre el tronco de un árbol. Era de talla, y su belleza peregrina…”  Este relato de la aparición de la Virgen del Rocío está recogido en las reglas de la Hermandad Matriz de Almonte, que datan de 1757, y es el punto de partida documental de una devoción que ha traspasado fronteras, adquiriendo una dimensión internacional, y situando la aldea del Rocío como uno de los tres centros –junto a Lourdes y Fátima- que concitan una mayor devoción mariana en Europa Occidental.

Sevilla, su Archidiócesis, no es en absoluto ajena a esta corriente de fe que tiene su epicentro en la antigua ermita de Sancta María de las Rocinas. De las 121 hermandades filiales que este año peregrinarán hasta la aldea almonteña, 47 lo harán desde algún punto de la geografía sevillana (la última en incorporarse ha sido la del Viso del Alcor). Este dato no hace más que avalar una evidencia, la implantación natural, transmitida de generación en generación, de la devoción a la Reina de las Marismas en los fieles de Sevilla. Entre las nueve hermandades filiales que vieron oficializada su vinculación con la corporación almonteña antes del siglo XX, encontramos cinco sevillanas: Villamanrique de la Condesa y Pilas, en el XVII; y las de Triana, Umbrete y Coria, desde 1813, 1814 y 1849, respectivamente.

Hay otro dato, no tan anecdótico como podría parecer, del fervor rociero entre los sevillanos, y que hace referencia a la propia advocación. Según el historiador y archivero Julio Mayo, en 1749 está registrado en la localidad de Pilas el nacimiento de la primera persona que recibió el nombre de Rocío. Y es que no resulta complicado encontrar evidencias, huellas de este amor a la Blanca Paloma a lo largo y ancho de la geografía sevillana. No hay más que acompañar a estas hermandades en sus salidas, seguirlas a lo largo de sus caminos o esperarlas a su paso por Villamanrique para entender lo que significa El Rocío, la Virgen, para los pileños, manriqueños, corianos, sevillanos…

“Que todo el mundo sea rociero”

El universo de fe que concita la patrona de Almonte no tiene límites, y se ha consagrado como uno de los puntales de la religiosidad popular, aspecto sin el que resulta imposible hacer un análisis ajustado de buena parte de los onubenses y de un porcentaje relevante de andaluces. También, lógicamente, de los sevillanos, un pueblo que lleva a gala el sello mariano. Esta devoción determina igualmente parte de la religiosidad de los andaluces, y matiza de forma singular la eclesiología en la que se ve reflejado un sector importante de fieles. El presidente de la Hermandad Matriz, el profesor Juan Ignacio Reales, afirmó recientemente que la devoción a la Virgen del Rocío es “un remedio contra la secularización”, algo en lo que vienen insistiendo los obispos andaluces cada vez que se refieren al fenómeno cofrade. “En el Rocío –añadió Reales- se pone de manifiesto que, a pesar de los tiempos que corren, la devoción a la Virgen sigue creciendo. Y lo hace además articulándose a través de las hermandades, es decir, dentro del seno de la Iglesia”.

Este año se cumplen cien años de la coronación canónica de la Virgen de manos del cardenal Enrique Almaraz, y cinco lustros de una jornada que supuso un antes y un después en El Rocío. El 14 de junio de 1993, Juan Pablo II, el papa viajero, se postró a los pies de la Blanca Paloma como un peregrino más, y lanzó desde el balcón de la esquina del santuario aquella llamada universal que ha quedado grabada a fuego en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de seguirlo en directo: “¡Que todo el mundo sea rociero!”, exclamó el papa. Así lo siguen entendiendo los cientos de miles de peregrinos que por estas fechas se dan cita en una aldea que el resto del año rara vez alcanza los casi 1.700 habitantes que refleja el censo.

De Almonte al resto del mundo

Y es que El Rocío es Almonte. Pero desde este enclave se hace universal, extendiéndose primero a Sevilla, Cádiz y el resto de una Andalucía especialmente marcada por el amor a la Virgen, para ser en la actualidad uno de los referentes marianos más reconocibles en todo el mundo.

Este fin de semana, la Iglesia celebra Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. Y como cantaran Amigos de Gines, ´por ver tu cara, Rocío, vienen los pueblos andando’. Desde Huelva, desde Cádiz, desde Madrid, Granada, Bruselas, Barcelona… y Sevilla.

 


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