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Serie Fratelli Tutti (IV). La pandemia de la COVID-19

Seguimos comentando el contenido del capítulo primero de la Encíclica: Las sombras de un mundo cerrado. La sombra es lo contrario a la luz, como metáfora del bien y el conocimiento. En este sentido, proyecta una sombra intranquilizadora la visualización de un mundo cerrado, sin conexión real que lleve a la idea de pertenencia a un mundo que es de todos y para todos. En este capítulo, el Papa Francisco también nos ilustra sobre el problema de la pandemia de la COVID-19 y razona sobre nuestra culpabilidad. Habla de la pandemia calificándola como uno más de los flagelos de la historia. La segunda acepción de flagelo, de acuerdo con la RAE, lo define como “cosa, hecho o suceso que tiene efectos muy negativos en una persona o comunidad”. Es decir, el Papa nos insiste, empleando la idea de “flagelo de la historia”, que la COVID-19 es un evento muy negativo que estamos sufriendo, calificándolo como tragedia global, por lo que debemos analizar su origen en relación con nuestra forma de vida y modelo existencial.

Dice el Papa que es verdad que una tragedia global como la pandemia de la COVID-19 despertó durante un tiempo la consciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a otro. John Donne tiene una poesía que viene al caso, “Las campanas doblan por ti”. Nos viene a decir que, actualizado al contexto de hoy: “Nadie es una isla entera por sí mismo. Cada persona es una pieza del continente, una parte del todo. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Es la idea del Papa Francisco avisándonos del peligro de perder la consciencia de formar parte de un todo. El planeta es un sistema donde todo está interrelacionado, como nos recordaba el Papa en su Carta Encíclica Laudato Si´. Nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti. El Papa nos manifiesta que recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos.

La globalización del virus con su oscuro origen, no establecido de forma clara aún, nos conduce a la idea de que cualquier cosa que ocurra en un determinado punto del mundo puede afectar a toda la humanidad. El Papa Francisco dice que anteriormente a este documento había expresado que la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Somos muy vulnerables y nos pone de manifiesto nuestras superfluas y falsas seguridades.

El Papa nos habla de consciencia. ¿Qué es la consciencia? Para los neurocientíficos y psicólogos, la consciencia engloba una amplia variedad de situaciones con un denominador común: el ser vivida e informada por uno mismo. ¿Somos realmente conscientes de nuestra responsabilidad ante el planeta y el mundo? Con la tempestad de la pandemia, se cayó el maquillaje de estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar y dejó al descubierto esa bendita pertenencia común de la que no podemos evadirnos. Quizás sea bueno recordar el concepto de ego, ya que más de una vez lo utilizamos. El diccionario de la RAE en su primera acepción lo define como “valoración excesiva de uno mismo”. Es la acepción más común. Una parte de los seres humanos se ve superior a todo y a salvo de todo, y actúa en consecuencia afectando a todos. En su segunda acepción el diccionario de la RAE nos explica que: “En la teoría del psicoanálisis de Freud, parte parcialmente consciente de la personalidad humana que controla la motilidad y media entre los instintos del ello, los ideales del superego y la realidad del mundo exterior”. Una difícil relación y equilibrio entre el ello, el superego y la realidad exterior.

Nos recuerda el Papa que el mundo avanzaba de manera implacable hacia una economía que, utilizando los avances tecnológicos procuraba reducir los costes humanos y algunos pretendían hacernos creer que bastaba la libertad de mercado para que todo estuviera asegurado. De nuevo el Papa, como en la Encíclica Evangelii Gaudium, nos alerta de los peligros de una tecnología (biotecnología) al margen del bien común y al servicio de poderes financieros, económicos y políticos. Una tecnología que puede hacer el bien, satisfaciendo necesidades, se puede convertir para la humanidad en su conjunto.

Aún desconocemos el origen del SARS-COV-19. No pienso en absoluto que sea un virus generado de forma intencionada y puesto en circulación para acabar con la humanidad, pero no ha sido sólidamente demostrado su origen natural, lo cual genera sombra de duda si ha podido ser un accidente no deseado, ni previsto y menos aún deseado. Nuestras capacidades tecnológicas son muy grandes y debemos tener mucho cuidado, ya que aunque estén dirigidas al bien común pueden generar problemas de forma accidental, ya el Papa Francisco nos ha avisado reiteradamente. Necesitamos una tecnología que satisfaga necesidades, incluida la biotecnología, que puede salvar muchas vidas. Los organismos patógenos para el ser humano se pueden generar en las zonas que alteramos, especialmente en áreas de gran biodiversidad, generando interfases antrópicas nosógenas y pueden pasar desde especies a las que no afectan a otras que son vectores hacia el ser humano (el proceso se denomina zoonosis) y afectarlo de forma muy grave, y expandirse con nuestra movilidad globalizada. Quizás el SARS-COV-2 tenga este origen en la lejana Wuhan, pero se ha expandido por todo el mundo con efectos sanitarios, económicos y sociales muy graves.

Dice el Papa que el golpe duro e inesperado de esta pandemia fuera de control obligó por la fuerza a volver a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos. De nuevo el bien común, ausente hoy en una gran parte del mundo debido a actuaciones egoístas y llenas de ambición. Para el Papa hemos perdido el sentido de la fraternidad. Fraternidad a la que llama con el documento que comentamos, la Encíclica Fratelli Tutti. Continua el Papa Francisco diciendo que el dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia hacen resonar el llamado repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y el sentido de nuestra existencia. Actualmente se habla de cómo será el mundo después de la pandemia del coronavirus. La incertidumbre se cierne sobre nuestra especie en relación con un virus que no esperábamos. ¿Habremos aprendido algo tras la pandemia que nos permita caminar hacia un mundo más justo y equitativo que piense en el bien común? También cabe la posibilidad de que profundicemos aún más en nuestro egoísmo, generando aún más descartes de seres humanos. Las pandemias se suceden a un ritmo cada vez mayor por la acción negativa del ser humano en el medio natural. No es verdad que los animales salvajes estén especialmente plagados de agentes patógenos letales preparados para contaminarnos. El problema está en las transformaciones humanas del medio natural con las que hemos dotado a estos microbios de medios para llegar hasta los seres humanos, donde pueden convertirse en agentes patógenos letales. Los seres humanos favorecemos la propagación de ciertos microorganismos al desplazarnos desde los lugares fuente de los mismos, donde hemos alterado el medio ambiente generando peligrosas interfases antrópicas. Para el Papa es la realidad misma que gime y se rebela.

El Papa Francisco nos habla del futuro, y manifiesta pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. Y vuelve el Papa a hablar de otros y nosotros: Ojala que al final ya no estén los otros sino sólo un nosotros. El Papa pide que la pandemia no sea solo de otro severo episodio de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender. (…) Ojalá tanto dolor no sea inútil. Pide el Papa, tras un recuerdo a tantas personas mayores fallecidas en la pandemia, personas quizás olvidadas en residencias algunas inadecuadas desde el punto de vista sanitaria (¿Qué hemos hecho con nuestros mayores?), alguien debería responsabilizarse de esto, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros.

El Papa Francisco hace una llamada a generar una comunidad de pertenencia y de solidaridad. Nos pide no caer en los errores que llevan a la nausea y el vacio. Necesitamos un mundo donde el bien común y la fraternidad sean una realidad, con una ciencia que genera ideas y una tecnología que satisfaga las necesidades de todos, una realidad donde se imponga el nosotros en el marco de la fraternidad universal.


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