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Retablo de la Virgen del Carmen, del convento de San José (Sanlúcar la Mayor)

La devoción a la Virgen del Carmen, una de las más difundidas en toda la cristiandad, es también una de las más populares en nuestra Archidiócesis, que la venera de manera especial en este mes de julio. Traemos hoy este retablo del Convento de Carmelitas Descalzas de San José, de Sanlúcar la Mayor, fundado en 1590.

Presidido por la imagen de la Virgen del Carmen, este retablo estaba dedicado en su origen a Santa Teresa de Jesús, como demuestra su programa iconográfico. Fue realizado siendo priora la madre María de los Reyes en 1678 y podemos atribuirlo al escultor Fernando de Barahona, autor del retablo mayor de este convento fechado dos años antes, como informa el historiador Francisco Amores. Se articula en tres calles separadas por cuatro grandes columnas salomónicas. En el camarín central, bajo un dosel con la inscripción “Concebida sin pecado original” se venera la Virgen del Carmen, que es la más antigua de las conservadas en este convento, pudiéndose datar en torno al año 1616 y que se distingue por su elegancia, motivada por el contrapposto manierista de su postura, con la pierna derecha flexionada levemente, produciendo unos pliegues en el manto que confieren movimiento al conjunto, el cual aparece equilibrado por el Niño Jesús que la Virgen sostiene en su mano izquierda y que aparece bendiciendo con su mano derecha, mientras que con la otra sostiene la bola del mundo con la cruz, símbolo de su poderío sobre todo lo creado.

Bajo el amplio manto de la Virgen se distingue el escapulario propio del hábito carmelita, mientras que la cabeza de la Madre de Dios aparece cubierta por un velo dorado, y muestra corona y cetro de plata, símbolos de su realeza, así como los escapularios, todo ello en su mano derecha. Sobre el camarín central aparece un relieve con la escena de los desposorios místicos de la santa abulense, la cual aparece arrodillada ante Cristo, que se le ha aparecido entre nubes y le toma de la mano.

En las calles laterales se muestran cuatro pinturas con escenas de la vida de Santa Teresa, a las que hay que añadir otras dos más en el ático, todas ellas anónimas, de la época del retablo. A la derecha de la Virgen se encuentra la Aparición de Cristo Resucitado a Santa Teresa, sobre la que se dispone la santa entre San Pedro y San Pablo. En la otra calle, una aparición de la santa a varias monjas carmelitas y encima, Santa Teresa escribiendo inspirada por el Espíritu Santo. Las dos pinturas del ático representan a la santa en éxtasis y la otra a la santa orando ante una pintura del Ecce Homo mientras es tentada por el demonio, uniendo dos episodios relatados en los capítulos 9 y 31 respectivamente de su Libro de la Vida: su conversión ante una imagen de “Cristo muy llagado” y las tentaciones que sufría estando en oración.

Antonio Rodríguez Babío

Delegado diocesano de Patrimonio Cultural


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