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QUE NOS TOMEN POR LOCOS

 

“Hagamos una Iglesia tal y tan grande que los que la vieren labrada nos tomen por locos”. En Sevilla es famosa esta frase, puesta en boca de los canónigos que allá por 1401 decidieron construir una nueva Catedral. Tiene más de leyenda que de realidad, pero es hermoso imaginar lo que aquellos “locos” se dirían al proyectar la Magna Hispalensis, la que es nuestra iglesia madre.

 

Acabamos de celebrar los 25 años de la declaración del conjunto monumental Catedral – Alcázar – Archivo de Indias como patrimonio de la humanidad por la Unesco. La verdad es que no cabe más belleza concentrada en menos metros cuadrados.

 

En la parte que nos toca, orgullosos por la Catedral de Sevilla. Y no sólo por el arte que encierra, sino también por la vida del templo que es cabeza de todos los demás de la Archidiócesis. Como decía el Arzobispo en el acto que se celebró en el Alcázar para conmemorar dicha efeméride, la vida cristiana y el dinamismo de su pastoral hacen que la Catedral de Sevilla sea mucho más que un museo.

 

Algo que hay que agradecer a su Cabildo, que trabaja por conciliar la liturgia, la pastoral y la cultura, y mantienen de forma admirable nuestra Catedral. No hay más que visitar la web www.catedraldesevilla.es para verificar que casi todos los días hay actos de culto, que se compaginan perfectamente con la visita cultural. Y no sólo las distintas misas diarias, incluyendo la misa en latín en el altar mayor (ahora, provisionalmente, en el coro), sino también, por ejemplo, la presencia de canónigos en los confesionarios o la acogida a novios que desean casarse ante nuestra patrona la Virgen de los Reyes. En la Catedral acontecen las grandes celebraciones diocesanas de todo tipo, siempre sabiamente coordinadas por Luis Rueda, el Maestro de Ceremonias. Así, la Catedral de Sevilla se convierte en referente de lo qué se debe hacer en liturgia.

 

No podemos obviar el patrimonio que encierra nuestra iglesia madre, que requiere un inmenso coste para su mantenimiento. Y estamos obligados a mantener ese patrimonio porque ya pertenece a la humanidad: a todos, incluso a los no creyentes. Y la forma de sufragar ese mantenimiento es, como se hace en todos los monumentos del mundo, mediante la venta de entradas, parte de la cual se destina, por la generosidad del Cabildo, a la cantidad que la Archidiócesis puede destinar a la construcción de nuevos templos donde son necesarios y a la restauración de otros muchos.

 

No obstante, nuestra Catedral está abierta diariamente al culto, y no sólo la Capilla Real. Creo que ya se han superado algunas actitudes, como las que yo personalmente escuchaba hasta hace algunos años: “los curas estos no me van a hacer pagar por entrar en mi catedral”. Y, efectivamente, nunca lo han hecho. Los residentes en nuestra Archidiócesis entran gratis en los horarios de visita, pero es que la Catedral abre muchas otras horas. Aún así, los amables trabajadores siempre franquean los accesos en horarios de visita cultural a quien pida rezar, por ejemplo, ante la Virgen de la Antigua, el Cristo de la Clemencia o la Virgen de la Sede (la titular del templo). Eso sí, habrá que pedirlo de forma correcta y sincera.

 

Bendita locura la de aquella sesión capitular de 1401: puso las bases para construir nuestra grande, preciosa, querida Catedral, con la torre de campanas más bella del mundo. Sigamos queriendo y cuidando esta joya que hemos heredado.

 

PD: En la sección de noticias de esta web, la verdad sobre Santa Catalina. Quién y cuánto ha aportado hasta ahora. Para la información de algunos. Para ver la noticia hacer click aquí.

 

Marcelino Manzano.

Twitter: @Marce_Manzano.


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