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La Soledad de Cantillana y su Ermita (II)

En la pasada fiesta del Corpus Christi fue anunciada la ratificación canónica del patronazgo de la Virgen de la Soledad sobre su pueblo de Cantillana, por parte de la Congregación para el Culto divino. Con este motivo se han organizado una serie de actos extraordinarios que incluyen la salida de la Virgen el próximo 19 de octubre.

El origen de esta hermadad se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, en el que surgieron numerosas hermandades de la Soledad de María por toda Andalucía, España e incluso América, siguiendo el modelo de la Hermandad sevillana de la Soledad que se encontraba en el Convento del Carmen, hoy en la Parroquia de San Lorenzo.

Así, la imagen de la Virgen de la Soledad de Cantillana es una de las devociones más antiguas de nuestra Archidiócesis. Según el profesor José Roda Peña, desde el punto de vista estilístico la imagen responde a la cronología del contrato firmado en 1583 con el artista Juan de Santamaría, autor igualmente del Cristo Yacente. De este artista poseemos escasos datos, de entre los que destaca el encargo en 1576 de un Crucificado para la Hermandad del Gran Poder de Sevilla.

No tenemos constancia documental de ninguna restauración de la Virgen de la Soledad hasta 1960, año en que la interviene el escultor Sebastián Santos, quien le hace unas manos nuevas. Más recientemente, en 1993, ha sido intervenida por Francisco Ayala.

La Soledad presenta una acusada frontalidad, y su rostro muestra un contenido rictus de dolor, acentuado por el leve frunce que presenta el ceño, así como los ojos rasgados, con la mirada hacia abajo, rasgos que le confieren un arcaizante aspecto.

Como pide su advocación, la Virgen se muestra siempre con vestiduras de color negro, entre las que destaca el manto bordado en oro y sedas de colores, obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda de 1898. Se completa su iconografía con la corona de plata del primer tercio del siglo XIX, obra del orfebre Palomino y la media luna que aparece a sus pies, atributo concepcionista que alude al Libro del Apocalipsis (12,1), obra en plata y madera sobredorada del siglo XVIII, además del puñal que lleva en su pecho, el cual hace alusión a la profecía de Simeón en el momento de la presentación de Jesús al Templo de Jerusalén (Lc 2, 35).

De la gran devoción que esta imagen ha contado siempre en Cantillana nos hablan las procesiones de rogativas, documentadas desde 1757, que con motivo de epidemias u otras calamidades se organizaban para implorar la protección y el amparo de la Virgen de la Soledad. Reflejo de esta devoción son también las numerosas estampas que de Ella se conservan, destacando el grabado de principios del siglo XIX, que muestra a la Virgen vestida de negro, con corona y media luna, y llevando un cíngulo negro con los atributos de la Pasión, como el gallo, la columna o los clavos, que aún se conserva.

Antonio Rodríguez Babío

Comisión de Patrimonio Cultural

 


1 comentario

  1. Antonio 07:40, Oct 16, 2019

    Gran devoción del pueblo de cantillana y símbolo de unión de los cantillaneros

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