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La Presentación de Jesús al Templo, Iglesia de San Alberto (Sevilla)

Cuarenta días después del nacimiento de un primogénito, la Ley de Moisés mandaba que debía de ser presentado al Templo de Jerusalén. Hoy, transcurridos esos cuarenta días desde Navidad, celebramos esta fiesta que comprende también la Purificación de la Virgen, contemplando este original cuadro que se encuentra en las dependencias de los Filipenses de la Iglesia de San Alberto.

Esta pintura es obra del pintor antequerano Juan José del Carpio, que nació alrededor de 1654 y murió en 1713 en Sevilla, ciudad en la que está documentada su presencia en torno a 1671, fecha de la canonización de San Fernando. De hecho, en la Catedral se conserva un diseño suyo para la urna que debía contener el cuerpo incorrupto del Santo Rey que, si bien no fue el finalmente elegido, nos muestra su creatividad y buen hacer. Se ha apuntado la influencia de Valdés Leal en su obra, de la cual se conservan dos cuadros en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, dos guirnaldas de flores, una con San Nicolás de Bari y la otra con una Virgen con el Niño, que reproduce la del cuadro de Murillo conservado en el DulwichCollege de Londres. También sabemos que en 1693 interviene en la encarnadura, estofado y pintura de algunas imágenes de la Hermandad del Santo Entierro y que en 1696 participa en la decoración del túmulo que se erige en la Catedral con motivo de las honras fúnebres de la reina Mariana de Austria.

La pintura que hoy traemos forma parte de una serie de seis lienzos que se conservan en la Iglesia filipense de San Alberto, siendo la única que aparece firmada y fechada en 1676. Es un claro exponente del estilo personalísimo de este artista, que se caracteriza por situar las escenas dentro de una monumental arquitectura descrita minuciosamente, en la que las pequeñas figuras parecen carecer de importancia frente al espacio que las envuelve. El historiador Fernando Quiles señala la influencia del pintor flamenco Peeter Neeffs II en la obra del sevillano, especialmente en sus interiores de grandes catedrales e iglesias.

Así, el episodio de la Presentación del Niño le sirve como pretexto para plantear la arquitectura fantástica del Templo de Jerusalén que, para Juan José del Carpio, adquiere anacrónicamente la forma reconocible de una iglesia cristiana de planta de cruz latina, con capillas laterales y cubierta por una bóveda en el crucero. Llega a recrear el Sancta Sanctorum del templo jerosolimitano como el presbiterio de una iglesia, incluso decorado con un retablo.

Dentro de este espacio de dimensiones colosales se desarrolla el momento en que María con el Niño en sus brazos, lo presenta al anciano Simeón en presencia de San José y de un numeroso grupo de judíos, de los que, los situados en primer término a la izquierda, señalan al grupo central de la composición donde está teniendo lugar el episodio narrado en el Evangelio de Lucas (2, 22-40).

Antonio Rodríguez Babío

Delegado diocesano de Patrimonio Cultural

 

 

 

 


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