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La necesidad del calor en el hogar

Nos ha escrito D. Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla, en su Carta Pastoral “Por la solemnidad de la Epifanía” que a lo largo de estos días de Navidad nos hemos acercado con admiración y piedad infinitas a la cueva de Belén para contemplar al Niño en el pesebre. Es cierto, todos los que tenemos belenes familiares en casa así lo hemos hecho. Un pesebre con alguna luz que simula un necesario fuego que genere luz y calor. También se han acercado al pesebre los miles de personas que han visitado los maravillosos belenes de la ciudad de Sevilla, tanto en iglesias como en centros públicos y privados, también en comercios o centros de educación, en hospitales, en muchos lugares. Sevilla se ha llenado de belenes en estos días navideños. Una preciosa costumbre que debemos cuidar. La mayor parte de las personas se acercan al belén y miran al Niño Jesús. Un Niño Divino con María y José, calentado por animales, precioso vínculo entre los animales y el ser humano, y con un fuego cercano que le proporcione calor en lo que seguro era una noche muy fría, posiblemente nevada, en aquella lejana ciudad de Belén en el año 1.

La Sagrada Familia no encontró cobijo esa noche, oscura y fría. No había lugar para ellos, no había ningún sitio con algo de calor para calentar a un niño entre pañales. Me figuro con tristeza una imagen, María en el burro con el Niño entre los brazos, cobijándolo, y José ante ellos con su mano agarrando al animal. La Sagrada Familia entre la noche oscura y el frío, caminando solos ante la indiferencia de los que tenían la posibilidad de ayudarlos. No hubo sitio para cobijar a la Sagrada Familia. Los poderosos y los que podían ayudar la desdeñaron.

Pienso en la pobreza energética en España. Decían ayer bomberos de una ciudad donde ha habido un incendio y han muerto personas, que 6 de cada 8 personas que mueren ardiendo o sofocadas en sus casas incendiadas, lo hacen por pobreza energética.  De cada 8 muertos en casas por fuegos su muerte la provoca la pobreza energética. La Sagrada Familia estaba desvalida esa noche en Belén, pero ¿cuántas familias desvalidas hay en España por pobreza energética? Aliviar esta penosa situación no es caridad es justicia y equidad social. Los medios de comunicación  denuncian que las grandes compañías han aumentado sus ganancias de manera desproporcionada, y también que su rentabilidad ha crecido un 1,66% entre tan sólo tres años. Un 15% de la población residente en España, está sufriendo temperaturas inadecuadas en sus viviendas. El incremento creciente de los precios de la electricidad y el descenso de las rentas de los hogares durante los últimos 10 años han supuesto un notable crecimiento de la vulnerabilidad energética. España tiene indicadores muy graves de pobreza energética. En España hace falta una empresa pública de energía que restituya la justicia social y la equidad al problema energético. Un bien público tan necesario, que lleva  a la muerte a algunas personas, cuya ausencia siembra el frío y la tristeza en las familias, no puede estar exclusivamente en manos privadas. Tampoco la banca, hace falta una banca pública. En la Epifanía, nos lo recuerda nuestro Arzobispo, celebramos la Manifestación de Dios, deseemos que Dios se manifieste también en el corazón de quienes controlan la economía y las finanzas y que la luz de la energía y el calor de hogar sea un bien común distribuido para el bienestar de todas las familias.

 

 


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