La familia, futuro y esperanza de la humanidad

 

El origen del matrimonio y de la familia no esta en un consenso social, sino en un designio amoroso de Dios. Dios, después de crear todas las cosas, creo al hombre, al ser humano. Escuchemos lo que dice la Biblia: “y dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…….. Y creo Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creo, varón y mujer los creo. Por tanto los dos son iguales, tienen la misma dignidad, los dos son imagen de Dios. Pero Dios los hizo distintos, es decir, varón y mujer los creo. Pero ser distintos no significa ser desiguales como algunos pretenden entender. Varón y mujer los creo y a su imagen los creo.

 

Dios los creo distintos pero no opuestos sino complementarios. La mujer es complemento del varón y el varón es complemento de la mujer como se deduce de la misma palabra de Dios. Y al crearlos varón y mujer los bendijo Dios y les dijo: “creced y multiplicaos; llenad la tierra y someterla”.

 

Aquí esta el origen del matrimonio y de la familia, en el designio de Dios. Y también podemos recordar las palabras de Jesús respondiendo a los fariseos sobre el matrimonio: “ya al principio el Creador los hizo varón y mujer y por eso dejara el varón a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” (Mateo 19,4-6).

 

El mismo Vaticano II considera al matrimonio y a la familia como “una intima comunidad de vida y de amor”.

 

Dios que es amor crea por amor al varón y a la mujer a su imagen, y por consiguiente los creo para amar y fruto del amor de los dos son los hijos.

 

En la familia nacen unos lazos entrañables y únicos que dan a la familia una fortaleza y una coherencia única e insustituible. Lazos de amor entre los esposos, lazos de amor entre padres e hijos e hijos y padres, amor de hermanos, lazos de amor entre abuelos y nietos, nietos y abuelos.

 

Por tanto, podemos decir que la familia es cuna y santuario de vida y de amor; es fuente de amor y de vida donde la vida nace y crece, es corazón para amar, es fragua donde se forja el futuro de la persona, de la familia y de la sociedad, es hogar donde el hijo se siente acogido, querido, reconocido y seguro, es clima de amor desinteresado, de generosidad y gratitud. La familia es casa abierta, siempre abierta y acogedora y también es cobijo, refugio y apoyo. También es fundamento y pilar de la sociedad. Ella es “Iglesia domestica”, como dijo el Concilio Vaticano II. Ella es el futuro y la esperanza de la humanidad y de la Iglesia y es patrimonio de la humanidad que no debemos romper sino cuidar, como nos repite con frecuencia el Papa Benedicto XVI.  

Y la familia también es escuela única e insustituible de “valores sociales” y “escuela del más rico humanismo” como dice el Concilio Vaticano II y también es escuela transmisora de la Fe, sobre todo en este “Año de la Fe”.

 

Ella es escuela donde se aprende a amar y donde el hijo se siente amado, querido y donde los hijos aprenden a convivir, a compartir y respetar al otro, donde se aprende sobre todo a rezar y a perdonar; a ser solidarios y justos, a ayudar a los demás, sobre todo a los abuelos y a los pobres.

 

Esto es lo que la familia esta llamada a ser; pero también es verdad que a veces existe el peligro, por un amor mal entendido, de educar para el egoísmo y la insolidaridad y para la vida fácil y placentera, sin esfuerzo, sin trabajo, sin sacrificio. Este es un mal de hoy.

Hay especies de animales que al poco tiempo de nacer ya van buscándose la vida, pero en cambio, el ser humano nace desvalido y débil que necesita a la familia basada en el matrimonio varón y mujer, para nacer, vivir, crecer y tener un desarrollo afectivamente equilibrado. Es decir, el ser humano necesita la familia. Y también la sociedad necesita de la familia, sin ella no podría existir. Si no hay niños, vidas humanas nuevas, la sociedad desembocara en una sociedad envejecida, decadente, empobrecida y enferma.

 

Parece inconcebible y suicida que dada la importancia y necesidad de la familia para la persona y la sociedad, haya legisladores y Estados que pretenden destruirla y descomponerla con políticas antinatalistas como es el aborto provocado como un derecho de la mujer y también con matrimonios entre homosexuales, divorcios expres, etc.………

¿Y a esto se llama políticas progresistas?

 

Hoy, la tentación y el peligro que tienen muchos Estados es invadir el campo propio de la familia y sustituir, suplantar y absorber las funciones propias de la familia violando sus derechos y no respetando el principio de subsidiaridad.

 

El Estado debe de tener en cuenta que la familia es anterior al Estado y que el Estado debe de estar en función de la familia y de la persona humana y no la familia en función del Estado.

 

Por tanto el Estado tiene el deber y la obligación, por su misma razón de ser, de reconocer, de respetar, de defender, de proteger y garantizar el ejercicio de las funciones y derechos de la misma familia, derecho que tienen su raíz en la misma naturaleza humana y no en concesiones del Estado como muchos piensan.

 

Seguiremos reflexionando.

 

Con el cariño de PUBLIO ESCUDERO


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