La Archidiócesis de Sevilla se congratula de la ordenación de un nuevo sacerdote

La Archidiócesis de Sevilla se congratula de la ordenación de un nuevo sacerdote

El pasado 2 de febrero, el Arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, presidió la ordenación sacerdotal del carmelita descalzo fray Jesús E. de María y José.

El convento de la Misericordia del Carmen y Santo Ángel de la guarda acogió esta celebración en la que participaron numerosos asistentes, así como un nutrido grupo de religiosos y religiosas, y que estuvo ambientado musicalmente por el Coro polifónico del Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla.

Monseñor Asenjo inició su homilía asegurando que celebraba aquella ceremonia con “estremecimiento y gratitud, porque el Señor nos va a dar un nuevo pastor según su corazón”. Y dirigiéndose directamente a fray Jesús recordó, en palabras del profeta Isaías, que “el Señor te ha llamado desde las entrañas maternas. Antes de que vieras la luz, sin mérito alguno de tu parte, ha pronunciado tu nombre y te ha elegido para hacerte luz de las naciones, para que su salvación llegue hasta el confín de la tierra. Él te ama entrañablemente. Él te asegura que va a estar contigo en la aventura magnífica que hoy inicias”. Y añadió que al regalarle el don de la vocación y hacerle partícipe de su sacerdocio, “el Señor te distingue con amistad especial por una iniciativa libre y gratuita”, advirtiendo que, a cambio, espera de él “una respuesta de amistad”. Esta respuesta, según monseñor Asenjo, se concreta en la “la función de enseñar en su nombre”; en acoger la Palabra de Dios en el corazón, “creyendo lo que escuchas y viviendo lo que enseñas; “en el anuncio de la Palabra de Dios” y en vivir la comunión con la Iglesia. El Arzobispo también pidió al ordenando que predique la sana doctrina y que lleve una vida “santa, como la de Jesús, pobre, casta, humilde y obediente, edificada y recreada cada día en la oración. Que Él lo sea todo para ti”. Y en relación a los hermanos, le recordó que debe vivir siempre “muy cerca de los cansados y agobiados, gastándote y desgastándote al servicio del Pueblo de Dios”. En definitiva, el Arzobispo le animó a ser “servidor humilde de la Iglesia, servidor abnegado de los más pobres, los predilectos del Señor”. Y terminó agradeciendo de nuevo su vocación, su “respuesta valiente” y deseándole un ministerio “largo y lleno de frutos”.

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