Jornadas ‘Discípulos y apóstoles’: Confirmados en la vocación

Jornadas ‘Discípulos y apóstoles’: Confirmados en la vocación

El mes de marzo tiene un marcado tono vocacional. La celebración del Día del Seminario en torno a la festividad de San José, el 19 de marzo, se materializa en numerosas iniciativas en las que participan los obispos de Sevilla, los seminaristas, el equipo de Pastoral Vocacional y no pocos sacerdotes implicados en una tarea a la que monseñor Juan José Asenjo concede prioridad pastoral. Precisamente, en su carta con motivo de esta jornada, el Arzobispo agradece “la ayuda imprescindible de los sacerdotes que cultivan en sus parroquias la pastoral vocacional, el aliento que los padres de los seminaristas prestan a sus hijos y la colaboración de toda la Archidiócesis, que sabe que el Seminario es su corazón y su más preciado tesoro”.

Estos días se aprovechan también desde la Archidiócesis para que los sacerdotes fortalezcan lo que Rafael Muñoz, delegado diocesano para el Clero, califica como “el entusiasmo ante la misión”. “Los sacerdotes tenemos necesidad de compartir entre nosotros, no sólo las dificultades del día a día sino también las alegrías que nos depara el ministerio sacerdotal”. Y esta es la principal conclusión de uno de los participantes en la jornada ‘Discípulos y apóstoles’ que se ha celebrado en la Casa de espiritualidad Betania, y que evidencia una inquietud del presbiterio sevillano por “reavivar el carisma recibido”.

Manuel Portillo, delegado diocesano de Ecumenismo, formó parte de la veintena de sacerdotes que vivieron esta convivencia singular, proyectada desde la Conferencia Episcopal como una dinámica más de formación permanente, que se suma a las ya existentes: conferencias, retiros, ejercicios espirituales, etc. Portillo valora muy positivamente la experiencia, en la medida que ayuda a “mirar con los ojos de la fe, con los ojos de Cristo, la realidad a la que dedicamos nuestro ministerio”. “Aprendemos los unos de los otros, comprobamos cómo solventan los compañeros las situaciones a las que se enfrentan, rezamos juntos… Estas jornadas sirven para que yo me revise y nos revisemos todos, en torno a temas nucleares de nuestra vocación”. Federico Jiménez de Cisneros, uno de los participantes más jóvenes, valora igualmente de forma positiva “la centralidad” de los temas elegidos, “probablemente los asuntos más fundamentales de nuestra vocación”, subraya.

No faltan quienes comparan la dinámica del encuentro con los Cursillos de Cristiandad. Cinco charlas impartidas por dos sacerdotes, tiempo para la oración y la reflexión personal, la confrontación de opiniones en grupo, concelebraciones eucarísticas y, sobre todo, “una convivencia que da sus frutos”. Rafael Muñoz afirma que este tipo de experiencias son “ricas y gozosas”, y agradece poder “compartir aspectos de mi intimidad sacerdotal con otros compañeros”. No en vano, esta es una de las demandas recurrentes del presbiterio. La propia vorágine del trabajo pastoral, con agendas que difícilmente se pueden conciliar con el recogimiento, dificulta una tarea que no debe quedar en segundo plano. Y estas jornadas se convierten en pequeños espacios para la revisión, “ocasiones para la convivencia más allá del bullicio habitual en el que estamos inmersos”, añade Jiménez de Cisneros.

Además, el hecho de que se reúnan sacerdotes de distintas generaciones es un estímulo más para participar en las jornadas ‘Discípulos y apóstoles’. Francisco Javier Santos, párroco de la Resurrección del Señor, abunda en la riqueza que supone esta convivencia intergeneracional, y subraya también el acierto a la hora de concretar los temas que se abordaron en las charlas: “tanto la misión, como la oración o la comunión, son aspectos nucleares de nuestra vocación, y nunca está de más que se recuerden”, afirma. “Si un compañero me pidiera opinión, yo –añade- lo tendría claro, le diría que no se lo pensara y que se apuntara para la próxima ocasión, lo agradecerá”. La experiencia compartida, “escuchar lo que tienen que enseñarnos los más veteranos”, es una de las conclusiones mejor valoradas por los presbíteros más jóvenes, con una experiencia pastoral incipiente en algunos casos.

Manuel Portillo precisa que estas jornadas no son propiamente retiros ni ejercicios espirituales, fórmulas estas muy valiosas con una duración y estructura, por otra parte, muy definidas. Estas jornadas, en cambio, dan respuestas a una necesidad concreta “a la que los sacerdotes no somos ajenos, como tantos otros colectivos que precisan una parada en sus rutinas para mirarse a uno mismo y compartir experiencias con los hermanos”.

 


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