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IV Domingo de Pascua (Ciclo A)

Yo soy la puerta de las ovejas

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.  A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.  Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz:  a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

 Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.  Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.  El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

 Jn 10, 1‑10

Comentario bíblico de Pablo Díez

(Hch 2, 14a.36-41; Sal 22,1-3a.3b-4.5; 1Pe 2,20-25; Jn 10,1-10)

La primera mitad del salmo 22: Canto del pastor (vv. 1-4), nos ofrece una visión paradigmática de Yahvé como pastor de su pueblo. Se abre con una proclamación kerigmática en el que la que el orante proclama a Dios como su (único) pastor. San Juan, a la luz de Ez 34,11, muestra como este papel ha sido transferido a Jesús, pues el predicado “buen pastor” va seguido de la fórmula “yo soy”, que traduce el nombre divino. En Cristo se aglutinan las imágenes para establecer la correspondencia con el pastor divino del salmo. Así la expresión: “nada me falta” es asumida en la promesa de Jesús de dar vida en abundancia a las ovejas. Recapitula en él la memoria del amor de Yahvé-Pastor por su pueblo y la convierte en raíz de la fe presente y de la esperanza futura.

La descripción de la acción pastoral de dar reposo (Sal 22,1b-3a) es asumida por el Señor cuando se define como Puerta (Jn 10,7). La protección en el camino que el salmo aborda en los vv. 4b-4c, se expresa en el evangelio a través de la escucha que las ovejas prestan a Jesús, conscientes de su pertenencia al él, manifestada en el hecho del conocimiento de sus nombres (Jn 10,3-4). La segunda parte del salmo: Canto del huésped (vv. 5-6), en la que el Yahvé-Pastor introduce al orante en el banquete escatológico, prometiéndole morar siempre con él, se plasma en el evangelio en la disposición de Cristo a entregar la vida (Jn 10,15.17). Esto convierte al pastor y guardián de las vidas del rebaño (1Pe 2,25) en oveja, que se ofrece como siervo sufriente en la Pasión para que su grey muera al pecado (1Pe 2,24), y para transformarse en alimento que les de la vida eterna (Jn 6,54).

 

Orar con la Palabra

  1. El Pastor que conoce a sus ovejas.
  2. Dar la vida por la grey.
  3. El cayado que conduce a los pastos eternos.

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