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III Domingo de Cuaresma (ciclo C)

Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera

En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

Jesús respondió:

«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto?  Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.  O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?  Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

Y les dijo esta parábola:

«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador:

“Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.

Pero el viñador respondió:

“Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol,  a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».

Lucas 13, 1‑9

 

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Ex 3,1-8.13-15; Sal 102; 1Cor 10,1-6.10-12; Lc 13,1-9

Las lecturas aúnan la identidad de Dios y la invitación a la conversión. El pasaje del Éxodo forma parte del relato de la vocación de Moisés. Dios se le manifiesta como el Dios de Israel, que ve y se compadece de su sufrimiento, y ha escogido a Moisés para liberarlo. Moisés le pide que dé a conocer su nombre para que pueda explicarles a sus hermanos quién es. Dios responde: “Soy el que soy”. Por un lado, se define como el Dios de la vida. Pero, por otro, se queda en la indefinición puesto que nadie puede alcanzar a comprender en su totalidad su misterio. El salmista invita a bendecir este nombre santo de Dios, acentuando parte de sus atributos más determinantes: justo, compasivo y misericordioso.

El apóstol Pablo recuerda a los corintios que aquel pueblo liberado que atravesó el mar fue alimentado por Dios en el desierto con el maná y el agua de la roca, pero sucumbieron a causa de sus pecados. Pablo identifica la roca espiritual con Jesucristo. Esta historia ha de servir de ejemplo (figura-tipo) para que los cristianos liberados por Jesús no se aparten de su palabra y vivan.

El evangelio nos sitúa ante este rostro de Dios que exige fidelidad y, a la vez, es paciente con el pecador. Jesús, con ocasión de unos trágicos episodios que le refieren, exhorta al pueblo a la conversión para evitar perecer, pues como la muerte puede sobrevenir por la violencia o fortuitamente, también llega por el pecado. A continuación, con la parábola de la higuera que no da fruto, subraya la actitud del viñador que pide al amo esperar antes de cortarla, mientras él sigue dándole todos los cuidados. Jesús muestra así la paciencia misericordiosa de Dios Padre y toda su labor para la salvación de la humanidad.

 

  1. ¿Quién es Dios para ti? ¿Cómo ha estado y está presente en tu vida?
  2. ¿Cómo actúas ante los fallos y debilidades de los demás? ¿Eres paciente?
  3. ¿Qué frutos espera Dios de ti? ¿Los estas dando? Da gracias a Dios por su paciencia y reza el salmo particularizando en tu propia historia.

 


PRESENTACIÓN PLAN PASTORAL DIOCESANO. 27 noviembre – 18 h

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