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I Domingo de Adviento 2019 (Ciclo A)

Estad en vela para estar preparados

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.  En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca;  y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:  dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán;  dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.  Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.  Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.  Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

 Mateo 24 37‑44

Comentario de Álvaro Pereira

Is 2,1-5; Sal 121; Rom 13,11-14; Mt 24,37-44

Dios viene, el futuro se acerca. Así nos anuncian las lecturas de este primer domingo de Adviento.

La primera lectura es un precioso oráculo que anuncia la paz escatológica. Sión, el monte del templo, se convertirá en el centro de un doble movimiento: hacia él confluirán las naciones; de él brotarán la ley y la palabra. En este monte maravilloso se impone un orden nuevo en el que la justicia se expande, el desarme se difunde, y la educación hace olvidar la guerra. Los cristianos creemos que este doble itinerario se cumple en Cristo: Él fue la palabra que brotó de Jerusalén; Él es el árbitro de las naciones; Él es la meta de la humanidad en camino.

Pero la historia no ha llegado a su final. El cristiano vive hoy en el impasse entre la primera y la segunda venida del Hijo. Aún hay espadas y lanzas por convertir en arados y podaderas. Por ello, los creyentes deben colaborar en el proyecto del Señor. Varias metáforas, tanto de la segunda lectura como del evangelio, ilustran esta actitud: despertarse de la modorra, velar y vigilar, sabedores de nuestra ignorancia ante el día final, endosar las armas de la luz para vencer en esta guerra de paz contra la muerte.

Los creyentes de todas las épocas deben animarse, con Isaías, “¡venid, subamos!”, para que cada vez más humanos se sumen a esta animosa procesión hacia la Sión del cielo. También en el Salmo somos invitados a ello: “¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor!”. Esta alegría del peregrino se une a su deseo de paz: “Desead la paz a Jerusalén… haya paz dentro de tus muros… voy a decir: «¡la paz contigo!»”. Justicia, vigilancia, paz, alegría son las actitudes del itinerario ascendente al que las lecturas de hoy nos invitan en el inicio de este nuevo Adviento.

Orar con la Palabra

  1. Las lecturas de hoy tratan de ponernos en camino (“venid, subamos”… “vamos”… “ya es hora de despertaros del sueño”). ¿De qué modorras nos tiene que despertar este adviento?
  2. La segunda lectura nos exhorta a la conversión. ¿Qué actitudes debo cambiar para vivir verdaderamente “revestido de Cristo”?
  3. El Evangelio nos precave contra la inesperada venida del Señor, ¿practicas la virtud de la vigilancia? ¿estás pendiente de Cristo en tu día a día?

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