“El migrante es vecino, es uno más, y la comunidad cristiana tiene que acogerlo para integrarlo y promoverlo”  

“El migrante es vecino, es uno más, y la comunidad cristiana tiene que acogerlo para integrarlo y promoverlo”   

El colectivo migrante es uno de los que están sufriendo de forma más evidente las consecuencias de la actual crisis derivada de la pandemia del coronavirus, una situación que no pasa desapercibida para las instituciones y personas que trabajan con ellos desde la Iglesia. La Delegación Diocesana de Migraciones es una de estas instancias, y desde ella se coordinan iniciativas eclesiales en beneficio de este colectivo. Su delegado es el sacerdote Salvador Diánez, que pronto cumplirá un año al frente de esta encomienda pastoral.

La situación de los desplazados internos es el tema elegido por el Papa para la jornada de este año. Se trata de un asunto muchas veces invisible que este año, imagino, se agrava por la pandemia de la COVID 19…

Así es, la verdad es que el Papa ha tenido a bien hacer visible esa realidad tan invisible dentro del mundo de los migrantes y refugiados que son los desplazados internos.

Concrete este colectivo. ¿Quiénes lo comprenden?

Están los migrantes, que salen de sus países por distintas causas y motivos, el hambre, las guerras, etc. Están los refugiados, que son los que tienen que salir de su país obligatoriamente, porque sus vidas corren peligro. Y tanto en un grupo como en otro están estas personas que se ven obligadas a salir de donde ellos viven, tienen que irse a otra región y son personas que por distintos motivos no pueden marcharse de su país, por motivos económicos, entre otros. Son los más pobres de entre los pobres, ya que no tienen recursos para salir a otro país. Se quedan en regiones de sus países de origen donde la situación está más calmada. También hay otros que no pueden salir porque las fronteras están cerradas.

¿Es un colectivo cuantificable?

No tenemos datos exactos de los desplazados internos porque, además, no se da en todos los países de la misma manera. En España podríamos pensar que no hay desplazados internos, pero los Obispos, en la carta con motivo de esta jornada, nos dicen que sí los hay ¿Cómo llamamos nosotros a las víctimas de trata, que llegan a nuestro país o están en nuestro país y tienen que huir de un sitio a otro? Aquellas que tienen la valentía de denunciar a las mafias tienen que estar huyendo de un sitio a otro dentro de nuestro país. Por tanto, son desplazados internos. También nos dicen que son desplazados internos aquellos que, por la crisis económica agravada además por la pandemia que nos asola, tienen que salir de su ciudad, de su barrio, para encontrar trabajo. Y también lo son las personas que están fuera de cualquier cobertura social, van deambulando de un sitio a otro. Son desplazados internos, invisibles, a los que nosotros como Iglesia tenemos que dar visibilidad.

 

¿Qué se promueve concretamente desde la Delegación de Migraciones, y con cuántas personas cuenta para esta tarea?

En la Delegación de Migraciones contamos con un equipo de trabajo extraordinario, donde están distintas realidades religiosas y eclesiales de nuestra Archidiócesis: Villa Teresita, la Adoratrices, las Jesuitinas, las Hijas de la Caridad, fundaciones eclesiales como Claver, que pertenece a los jesuitas. También voluntarios de distintas parroquias.

Más allá de la cobertura social a estas personas que llegan a Sevilla con lo puesto, hay otra faceta pastoral, espiritual. Y este es un cometido específicamente suyo.

Exactamente. Nosotros tenemos distintos cometidos sobre los que vamos trabajando poco a poco. Indiscutiblemente, uno fundamental para la Delegación es ese apoyo espiritual a los migrantes católicos. Es importante tener en cuenta eso. Con la jornada queremos sensibilizar a la comunidad cristiana. Conocemos muchas comunidades parroquiales que están absolutamente sensibilizadas con el tema. Tenemos que seguir trabajando, por supuesto, pero es importante que esta jornada se centre en la oración, la reflexión, la celebración con nuestros hermanos migrantes, pero es importante también que las comunidades cristianas se vayan sensibilizando en el sentido de que el migrante no es aquel que va a Cáritas para pedir una ayuda puntual o para iniciar un proceso integral de la persona. No, nosotros queremos como Delegación que los migrantes que lleguen a las parroquias se integren,  que no sea una cosa meramente asistencial, paternalista con el migrante. El migrante vive en cualquier sitio y, por tanto, es vecino de ese sitio, es uno más y la comunidad cristiana tiene que acogerlo para integrarlo y promoverlo.

De la misma forma que las parroquias cuentan con grupos de pastoral de enfermos, Cáritas o catequesis, ¿van surgiendo otros de pastoral con los migrantes?

Sí, hay parroquias que ya tienen pastoral de migrantes. Con la llegada de la Cruz de Lampedusa muchas parroquias se lo han planteado y han iniciado un proceso de creación de una pastoral de migrantes. A la Delegación han llamado para que les orientemos en este sentido, y a nosotros nos llena de alegría, por supuesto, estamos al servicio. Desde aquí invitamos a todas las comunidades parroquiales a que nos llamen, que estamos para eso.

¿Hay salida? ¿Es posible canalizar este flujo de personas a espacios de inclusión? ¿Pueden normalizar su vida?

Es verdad que es un asunto muy complejo, multiplicada esa complejidad con los momentos que estamos viviendo, y lo que se prevé en un tiempo no muy lejano. Las consecuencias de esta pandemia van a ser largas y complejas… Pero sí se puede, siempre y cuando nos coordinemos entre todos. Y esto no quiere decir solamente coordinarnos como Iglesia, sino también ser voz profética e ir trabajando con las instituciones públicas. Porque una cosa es clara: es la administración pública la que tiene que dar salida y la que tiene que acoger y promover a estos hermanos nuestros. Nosotros, como Iglesia, por supuesto, acogemos, iniciamos procesos de resurrección –porque estaban prácticamente muertos y van resurgiendo a la vida-, pero indiscutiblemente tenemos que trabajar de manera conjunta. El documento de la Conferencia Episcopal para esta jornada insta a las comunidades cristianas a ser sensibilizadas, pero también nosotros como creyentes tenemos que sensibilizar a la sociedad en general.

Ya lleva algunos meses al frente de la Delegación de Migraciones, y habrá tenido tiempo de saber si este campo era el que cuadraba con su vocación, con su sacerdocio…

Yo siempre digo que la vocación es el servicio, y estamos indiscutiblemente para lo que nos mande la Iglesia. Allí donde nos mande tenemos que ir con ilusión, esperanza y ganas de trabajar. Me siento agradecido e ilusionado porque mi vocación sacerdotal nace y va creciendo en el ámbito de lo social. Este colectivo vulnerable de los migrantes me ayuda a seguir creciendo como persona, como creyente, como sacerdote, de la mano de todos ellos. La vocación a la que he sido llamado se complementa bastante bien con este trabajo.

Quienes quieran manifestar su apoyo a esta causa, estar con quienes trabajan en este campo pastoral, tienen una cita hoy domingo.

Vamos a celebrar una Eucaristía en acción de gracias por compartir la fe y la vida con tantos migrantes. La vamos a celebrar en la Parroquia de los Remedios de Sevilla a las ocho de la tarde. La comunidad parroquial nos ha acogido con muchas ganas, con muchísimo cariño, con muchísimas atenciones. Entre otros motivos pensamos en esa parroquia porque es amplia y está perfectamente organizada para lo referente a las distancias sociales  y hemos pensado hacer esta celebración, que será sencilla, pero también invitamos a que cada parroquia celebre con su comunidad esta jornada mundial.

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